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from Di López Koehnke

La distancia justa

Magda, 57 años, alrededor del metro cincuenta, cabello castaño oscuro. No usa zapatos con taco, blusas a rayas verticales en su mayoría, pendientes pequeños, dorados, por lo general, el pelo recogido. Siempre me la encuentro en el tren de las 7:07, mayormente en el último vagón. No sé en qué parada sube, pero siempre viene de pie. Mi primera vez en ese tranvía no la noté, no tenía las capacidades necesarias para detectar a personas de sus capacidades, para mí habría parecido una señora más; pero con los días la descubriría.

Yo estaba esperando entre los ingresos, apoyado contra el espaldar de uno de los últimos asientos. Al darse movimiento en la zona del pasillo detrás mío, Magda apareció. Se escurrió rápidamente y se situó en la baranda en medio del pasillo, donde tenía la vista perfecta para detectar a cualquier pasajero que se levante o haga algún ademán de bajar en la siguiente parada. Era bastante lógico, y recuerdo haberme sentido un poco tonto. Mi estrategia de girarme los últimos minutos para mirar quién bajaría y zamparle su lugar, era inútil contra el posicionamiento de Magda. Ella siempre acababa sentada.

Pasaron los días y fui observando y aprendiendo de las sutilezas de esta persona. El posicionamiento era fundamental, pero no era lo único. Cada estrategia variaba según el tren estuviera más lleno o más vacío; según se acomodara más gente en los pasillos o los ingresos; según fueran estudiantes, trabajadores, simples transeúntes o una parvada de turistas quienes ocupasen las diferentes posiciones en los vagones. Magda lo tenía todo controlado: el ángulo de sus pies para asegurar el primer paso; una mano en una barra vertical si quería que alguien más la acompañe, ya que no representaba una amenaza, o toda la espalda en el asidero si quería reducir el área donde podría sujetarse más competencia; nunca llevaba audífonos, cada palabra era clave, además de los movimientos y expresiones. Yo, por mi parte, fui aprendiendo con la observación, y fue sorprendente cómo fue subiendo mi tasa de éxito a la hora de conseguir asientos.

Al principio Magda me ignoraba, o simplemente no se daba cuenta de mi presencia, pero fue hasta un día en que le gané un asiento que me comenzó a observar. Ella estaba en la mejor posición; nos había tocado uno de los trenes más viejos, esos donde las conexiones entre vagones son puertas que te llevan al exterior. Ella se situaba al fondo, contra una de estas puertas de conexión; no necesitaba moverse para tener la visión de todos los asientos frente a ella. Por mi parte, mi estrategia se había centrado en no mirar a las personas, sino a Magda. Si jugaba a su ritmo en ese momento, perdería, pero al menos podía utilizar sus ojos como una herramienta a mi favor. Me le quedé mirando, esperando sentir la desaceleración del tren. Observándola, había descubierto que esos pequeños lapsos eran cruciales; allí se escondían pequeños ademanes, bolsos al hombro, desdoblamientos de abrigos, miradas a los pasillos o puertas, entre otras cosas. Yo solo quería ver alguna expresión de Magda, y fue un apretón de labios el pitazo de salida. No lo pensé, solo confié. Me fui a apoyar al asiento al que apuntaban sus ojos, como marcando territorio, y un destello de rabia en la mirada de la mujer me indicaba que había ganado. Acabé sentado, por supuesto.

Desde ese día comencé a sentir más cautela por parte de Magda. Ocultaba sus movimientos y la veía más atenta alrededor. Incluso creí sentir su mirada a momentos. Su agudeza y precisión habían aumentado considerablemente, como si me dijera “aún no tienes lo que hace falta”, y era verdad. No había podido ganarle un solo asiento desde entonces. Pero al menos, ella sabía de mi existencia.

Si ella jugaba a la cautela, pues yo también lo haría. Pasé semanas y meses escondiéndome entre la gente, entre los tramos que compartía con Magda. La estudiaba con detenimiento, hasta que se sentaba; y me iba a practicar a otros vagones para que no me viera, antes de llegar a mi parada. Tuvieron que pasar varias semanas aún antes de que volviera a enfrentarla. Era un viernes y no hubo nada extravagante en la situación. Magda en el asidero de la derecha, al fondo del pasillo, y yo en el de la izquierda, al otro extremo; como en espejo. Alguien se acomodó la mochila al hombro, lo miré, Magda lo miró, luego crucé miradas con ella, mi rival, y entonces dejé de pensar en ella. Apenas la persona se levantó, me puse en movimiento. Magda se atrasó unos milisegundos por lanzarme una mirada comprobatoria, y me senté primero. Su mirada entonces no fue de rabia. Había una certeza que me indicaba que había aceptado el reto.

Desde entonces es que nos tenemos en la mira cada madrugada. De momento ella me va ganando. Llevo registro de todas nuestras contiendas desde ese día. Hoy es la victoria 242 para ella, contra unas 239 para mí. Escribo esto desde mi asiento, sabiendo que no pude sumar otro triunfo en mi lista. Pero mañana será otro día, y estamos en martes: aún queda tiempo para alcanzarla al final de la semana.

 
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from Komunikilo

De vez en cuando, leo bonitas publicaciones en el Fedi. Algunas, las atesoro como otros harían con joyas o monedas de oro en un fichero llamado “partikuali”. Se llama así porque participación digital cualitativa es muy largo :)

El contexto

La teoría está muy bien pero las prácticas molan más.

Ya avanzaba en septiembre del 2025 que iba siendo momento de publicar mis FediHallazgos en términos de participación digital cualitativa.

Llevo unos años trabajando en un documento que llamo “partikuali” (para abreviar “participación cualitativa”) y que ya va siendo hora de publicarlo. Es un recopilatorio de experiencias humanas y lo estoy anonimizando, es decir, que publicaré lo que se dice pero no quién ni cuando ni en qué idioma. Entre otros testimonios, podréis leer a personas que comparan experiencias entre medios sociales o que explican cómo el uso de descripciones les facilita la participación.

Comunicación digital y transición ecosocial

Pues por fin puedo tomarme el tiempo de compartir mi recopilatorio.

El ficherito

He visto que el fichero tiene ya más de dos años y casi mil líneas, así que he seleccionado treinta publicaciones para compartirlas. Hay una que, cada vez que la leo, me emociona hasta las lágrimas.

Me parece bonito leer cómo algunas personas perciben e interactúan en el Fedi. Sé que no es perfecto y que hay personas que no tienen buenas experiencias. Ojalá vayamos mejorando. Por eso lo de ser un tejido digital muy fragmentado tiene sus ventajas: mi rincón fediversal suele ser agradable y hasta puedo recopilar experiencias positivas ajenas. No sé yo si las gentes de medios privativos pueden hacer lo mismo.

Los testimonios están anonimizados pero, si crees que alguna de las publicaciones es tuya y quieres desanonimizarte, adelante :)

Lee las treinta publicaciones

Licencia de esta publicación

Treinta testimonios fediversales 2025 por komunikilo.org bajo Licencia Art Libre LAL 1.3.

Redacción: @titi@bcn.fedi.cat

 
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from garanama

LAS ACEQUIAS DEL ALMA

No sé moverme en redes. Nunca he sabido ganarme la atención del resto en las pocas ocasiones en las que la he buscado. Creo que al ser de la última generación híbrida entre mundo real y mundo digital hay ciertas competencias que no se me hacen naturales. Esto me ha hecho pensar muchas veces desde que decidí que quería publicar mis textos que iba a serme muy difícil hacerlo, por no decir imposible.

Azares del destino han querido cambiar esta suerte. Me cuesta creer que haya conseguido publicar mi primer poemario, pero ya está en la web y ya se puede comprar y la semana que viene lo presentaré en Murcia rodeado de gente hermosa, bellas personas. Un poco de luz en un mundo cada día más embarrado por el odio.

https://www.edicionesenhuida.es/producto/las-acequias-del-alma/

Cada día que pasa desde hace ya algún tiempo, siento que la atracción por las redes, por el mundo digital, muere ahogada bajo la densa trama de tecnofascismo, bots, IA, cookies, perfiles de cliente, manipulaciones infinitas a las que nos someten a día de hoy.

Internet era una biblioteca de posibilidades infinitas, ahora sieinto que nos han dado gato por liebre y que hay que mirar constantemente al suelo para negarnos la realidad en la que se ha convertido esta biblioteca que un día pudo tener un futuro mejor.

En mi poesía seguiré volviendo a la naturaleza y apelando a lo que somos en realidad, algo bastante lejano al artificio poderoso que el ser humano se piensa que... bueno, que los multimillonarios se piensan que son.

Leed poesía, la mía o la de otros, da igual.

Hay una cita de Rothfuss en El temor de un hombre sabio que parecía escrita para este futuro:

“Las preguntas que no podemos contestar son las que más nos enseñan. Nos enseñan a pensar. Si le das a alguien una respuesta, lo único que obtiene es cierta información. Pero si le das una pregunta, él buscará sus propias respuestas”.

Buscad respuestas, no os conforméis con el resultado de una query que la IA genera. No os conforméis con un discurso barato, buscad en vosotros y en vuestro entorno la verdad.

 
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from Ácrata del sur🐆

Tiene dos años es tranquila aunque a veces ataca,le encanta jugar con la nostalgia y comer golosinas taciturnas. Padece de migraña,tiene una pata chueca y le duele la plaza de ansiedad .

Su dueña ya no puede cuidar de ella, ha sido arrollada por la ilusión de las letras.

Esta perra resignación busca hogar

 
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from Ácrata del sur🐆

trazando el atlas de mi cuerpo, Observo territorios… La mente Ese laberinto superior Uff zona roja y peligrosa Bombardeos, trincheras y metralletas Conflicto armado que se niega a diálogos de paz con el corazón. Hay un puente que les conecta Pero siempre hay una alerta explosión Porque la cabeza dictadora no da tregua.

Sin embargo Hay una ruta alterna Donde hay trafico de amor Camino a la raíz Extenciones como colas de cometa Alegrías de color Que soplan hacia el sur.

 
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from La era del anarquismo

Capítulo 2

Llega un momento en la vida de todas las hermanas, en la que te tienes que enfrentar al mar de pasto. Es un momento muy delicado y cada persona aprende esto a su propio ritmo. Once Ozomatli y yo estuvimos preparadas casi al mismo tiempo, desde pequeñas todas nuestras madres nos hablaron de lo importante que era hacerlo todo juntas, con la tribu, nos repetían una y otra vez el cuento de la fuerza de las hormigas: “Nuestra fuerza es como la de las hormigas, solas son débiles, pero juntas son la fuerza más grande en el mar de pasto”.

Sabíamos que nos teníamos una a la otra y que todo saldría bien si eramos cuidadosas, así es que esa noche, durante el segundo momento de sueño avisamos que ya había llegado nuestro momento, hablamos con Siete Venado, y con sus maneras misteriosas nos dio su bendición.

El mar de pasto es temible pero también tiene una belleza cautivadora. El pasto es tan alto que casi te cubre entera, y su extensión parece infinita, si te subes en los hombros de la adulta más alta te das cuenta que ni el poder de tus ojos a medio día acaba de distinguir su límite, pasto en todas las direcciones, un mar de colores sutiles y maravillosos que cambian con el paso del sol, amarillos, verdes, marrones, ocres. Como pelos de una bestia gigante que se retuerce mientras sueña. Había llovido la noche anterior y el olor a tierra mojada te llegaba hasta los huesos.

Bajamos del cerro bastante preparadas, llevamos cada una lanza y varios atlatl de repuesto, y a pesar del calor teníamos que usar los ropajes de cuero para evitar picaduras y cortes innecesarios. Nuestro objetivo era recolectar la suficiente comida para llevar al festejo de los puentes, iríamos al punto de encuentro en un par de días y teníamos que llevar comida para compartir con las otras tribus.

Les dimos muchos abrazos a todas y caminamos en dirección de las espinas. Si te digo que no tengo miedo te estaría mintiendo, Once Ozomatli es bastante más orgullosa y va a hacer lo posible por pretender que todo es emoción y no hay nada de miedo en su corazón, según ella lleva casi cuatro ciclos preparada para ir al mar de pasto, yo no estaba tan segura y no iba a dejar que me presionaran, especialmente por ella, pero los signos de que ya me sentía lista estaban claros.

Pasamos el circulo de los árboles que crecen sobre las piedras cuando apenas estaba saliendo el sol y caminamos a buen ritmo, recorrimos la misma ruta que seguimos para ir a la laguna donde pasamos los tiempos en los que dejamos un poco tranquilos estos cerros para que puedan dormir y recuperarse. Caminamos y caminamos, y cuando perdimos de vista el segundo puente nos miramos y sonreímos, nunca habíamos ido tan lejos sin una madre. Este momento fue interrumpido por un ruido salió de los matorrales, un ruido de algo grande que se alejó de nosotros. “¡Un tapir!” dijo Once Ozomatli, mientras corrió a toda velocidad en dirección del ruido, corrí lo más rápido que pude pero no le pude seguir el paso, después de un rato corriendo tuve que bajar el ritmo y empezarle a seguir el rastro por las huellas que iba dejando en la tierra.

Me seguí adentrando en la maleza y sin darme cuenta estaba metida en la marea del mar de pasto que menos me gusta: los pastos de obsidiana, estas mareas se tienen que caminar siempre en dirección del viento porque sino terminas toda llena de cortes y sangrar mucho en el mar de pasto es una idea terrible.

Tenía ganas de gritarle unos insultos muy fuertes a Once Ozomatli, pero gritar en el mar de pasto tampoco es una buena idea, de hecho me di cuenta que muchas de las cosas que hace Once Ozomatli son ideas terribles en el mar de pasto, especialmente perderse de mi vista por ir detrás de un maldito tapir.

Caminé lo más rápido que pude, esperando no tener que volver atrás porque los pastos de obsidiana no tienen piedad. De repente el sonido de los matorrales regresó y de entre los matorrales salió Once Ozomatli, toda llena de cortes y con una cara de miedo que nunca le había visto, me cubrió la boca con sus manos y me tiró al suelo, nos arrastramos por debajo de los pastos de obsidiana y nos mantuvimos inmóviles. Me señaló un pequeño claro entre los matorrales y mi temor se confirmó: pude distinguir un grupo de personas caminando en formación cruzando a poca distancia de nuestro escondite.

El mar de pasto tiene muchos peligros, pero uno de los más graves es encontrarse con desconocidos. Es difícil saber si un desconocido vendrá en son de paz o no, nosotras somos dos y podemos contar 13 de ellos, si nosotras fuéramos 13 entablar el diálogo podría ser una opción, pero ahora esconderse era indispensable.

Estuvimos viendo a los desconocidos en silencio mientras mi corazón latía fuertemente, pensé que se me saldría por los ojos, tenía los oídos tapados de la tensión y no paraba de sudar, cuando de repente me di cuenta de algo terrible, tomé a Once Ozomatli de los cabellos y le giré la cabeza, la miré fijamente y señalé mis atlatl, como lo sospechaba, la estúpida lo había dejado atrás.

Vimos como el grupo de desconocidos se arremolinaban cerca de donde Once Ozomatli había aparecido, habían encontrado sus atlatl. El grupo se empezó a dispersar y a rodear nuestro perímetro, uno de los desconocidos alzó la voz y preguntó en idioma del lago si alguien estaba ahí... no respondimos, ¡Salgan en son de paz y no les haremos daño! ¡Si les encontramos habrá sangre!

No respondimos...

Luego preguntaron lo mismo en el idioma de los cerros, y esto no era tan mala señal. Era solo cosa de tiempo a que nos encontraran así que con el alma en un puño nos levantamos de nuestro escondite, nos hicieron señas para salir de los matorrales de obsidiana, mientras nos dijeron: “No les haremos daño” con un acento muy raro.

“No les haremos daño” es lo que nos diría alguien que quiere hacernos daño, tenía ganas de llorar pero me aguanté, salimos de la marea y tres de los desconocidos se acercaron rápidamente, pidieron que entregara mi lanza y mis atlatl mientras nos sostenían firmemente del brazo.

“Este es el fin”, me dije a mis adentros, dos mujeres del grupo se acercaron y nos dijeron que qué hacíamos solas en el mar de pasto, que esto era muy peligroso, yo ahí ya no pude más y me solté a llorar, Once Ozomatli también lloró. Uno de los desconocidos se acercó y me consoló, me dijo que él también le había salido mal su primer chapuzón en el mar de pasto, no sé si fueron los nervios o qué, pero empezamos a reír como si fuéramos chacales, no podíamos parar, el resto de los desconocidos empezaron a reír también y sentí el mayor alivio que había sentido en mi vida.

Nos dijeron que iban al rio a cazar iguanas y nos ofrecieron compañía, los desconocidos hablaban el idioma de los cerros con un acento que nunca había escuchado, nos dijeron que eran de un cerro en dirección de las espinas que se llamaba el atolón. Empezamos a intercambiar anécdotas y resultó que el más mayor del grupo había conocido a Siete Venado cuando aun estaba en este plano.

Nunca había caminado así de ligera, cuando llegamos al río empezamos a recoger piedras para cazar las iguanas, y el desconocido que me consoló se nos acercó muy intrigado, y nos preguntó “¿No usan caña?”. “¿Qué es eso de la caña?” le contesté. Entonces nos mostró un palo muy largo y flaco que tenía una cuerda atada a un extremo con un nudo como de horca, me dijo que cuando las iguanas toman el sol puedes usar la caña para pescarlas del cuello sin que se den cuenta si te acercas por la espalda.

Once Ozomatli entendió enseguida el truco y en poco tiempo había cazado tantas iguanas que ni las podíamos cargar, al poner todas las iguanas en un mismo sitio empezó a presumirme lo buena cazadora que era. Al poco llegaron las tres mujeres más fuertes y se empezaron a reír, le decían que había pescado las iguanas más pequeñas y débiles que habían visto en su vida, que con esa calidad de carne iba a pasar hambre y que la caña tenía más valor nutritivo, Once Ozomatli no podía creer el atrevimiento de estas desconocidas y se puso colérica, tenía ganas de llorar, y entonces las desconocidas se rieron más hasta que la pobre Once Ozomatli estaba llorando sin consuelo del coraje.

Le pregunté al chico del consuelo qué estaba sucediendo, entonces me dijo que el ego es muy peligroso, si alguien piensa que es mejor que otro se genera un desequilibrio y es trabajo de todas mantener ese equilibrio, si alguien se cree mejor cazando iguanas esto es un peligro, porque entonces pedirá tratos preferenciales y entonces ya no trabajaremos en un equipo como ántes, me dijo porque “nuestra fuerza es como la fuerza de las abejas”, solas son débiles, pero juntas pueden derrotar a un oso. Si no controlamos nuestro ego nos volvemos como esas abejas solitarias que se creen mejor que el resto. Que curioso, en mi tribu tenemos una historia similar, le dije.

Después de que Once Ozomatli soltó la mitad de las iguanas, una de las desconocidas vino con un manojo de salvia a curarle las heridas.

Ya estaba anocheciendo y teníamos que volver, así que los desconocidos nos acompañaron hasta el último puente, el regreso a casa transcurrió entre risas e intentar sanarnos las heridas. Habíamos sobrevivido a nuestro primer chapuzón y habíamos regresado con algo que es más valioso que la carne de un tapir: Historias para contar, porque la carne se acaba, y una buena historia te dura para toda la vida.

Nota: Reescribí este capítulo gracias a los grandes consejos y la verdad creo que tiene mucho más sentido. Gracias a todis. Si quieres leer la versión anterior puedes leerla por acá

 
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from La era del anarquismo

Capítulo 1 Introducción

Los seres humanos hemos habitado esta tierra por aproximadamente 300 mil años, eso es mucho tiempo, si pensamos en las mal llamadas “civilizaciones más antiguas” nos podemos remontar de manera muy generosa a lo sumo a hace 7 mil años. Todo lo que conocemos y replicamos de nuestra historia está basada en estos 7 mil años: imperios, monarcas, patriarcados, una élite pequeña gobernando, religiones y filosofías homófobas y misóginas; colonialismo, capitalismo, capacitismo y muchas ideas que hemos creado en estos últimos 7 mil años nos parecen parte intrínseca de nuestra naturaleza.

Pero 7 mil años no son nada, y esos 7 mil años han tenido una diversidad de organizaciones y credos muy diversa, que se han unificado (por la fuerza) en una forma muy homogénea en los últimos 300 años: La manera en la que organizamos el mundo actual es muy MUY reciente.

Si analizamos estos datos podríamos concluir que estamos atravesando un periodo irregular en nuestra especie, nuestro vasto legado y evolución se han amoldado a una forma de organización que no nos es natural. Si hacemos caso a lo que dicen muchas expertas sobre cómo nos organizamos los seres humanos en la mayoría de nuestro tiempo en este planeta llegaremos a dos conclusiones:

  1. Nos organizamos de manera diversa.
  2. Nos organizamos de manera bastante más igualitaria a la actual.

¿Cuál era la Era del anarquismo?

Durante la inmensa mayoría de nuestro tiempo en esta tierra vivimos en la era del anarquismo, y obvio cuando hablo de anarquismo me refiero al hecho de no tener jerarquías, y de hecho combatir activamente la formación de dichas jerarquías. El anarquismo en este sentido es la colaboración entre iguales, a la ausencia de patriarcado, a la ausencia de reyes y la libertad como un pilar fundamental de la vida cotidiana.

Con esto no quiero decir que todo era perfecto y maravilloso, pero lo que sí es evidente es que los seres humanos no estábamos organizados por el trinomio: patriarcado-capitalismo-colonialismo.

Sí había conflictos, sí había sufrimiento a manos de otros seres humanos, sí había una tasa de mortandad muy alta, pero hay algo que es evidente: Nuestra cooperación como especie fue lo que nos permitió salir adelante y esta cooperación floreció sin las jerarquías tan estrictas que tenemos actualmente.

Pie de página

En este blog podrán leer relatos de esta época, en medida de lo posible intentaré tener rigor, buscar evidencia, y opiniones de expertas sobre la vida de las personas en este periodo. Pero a ciencia cierta se conoce poco sobre la vida cotidiana de los humanos hace más de 7 mil años y no soy ni de lejos un experto, por lo que esto van a leer no puede ser llamado de otra manera más que ficción: La era del anarquismo es una ficción, pero es una ficción que, quiero pensar, nos dice una verdad sobre nuestra propia humanidad.

 
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from longlinefishing

CUATRO

Arriba, en lo alto del cielo, un ojo implacable afila el cepillo.

Sin embargo, no hay vigor en tu montura y no eres pasto para la enfermedad.

Ante tu indiferencia, el peor sueño se retira aterrado, mientras abajo, inasequibles, las vírgenes de carne obran con la bruma.

Por una sola vez, cuando empiece la siega, te nombrarán HIJA DEL SUELO.

 
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from Ácrata del sur🐆

Connected La base de datos ha sido actualizada

Una lumpen humana Una sonámbula bajo el palpitar de las 5G aunque mi inconsciente late a la velocidad de lo digital anhelo equivocarme mil veces
Ser la falla en el sistema.

¿Qué sabe la IA de la nostalgia? Que me atrapa con sus raíces de tierra madre ¿qué sabe de la turdimiento de las carcajadas de mi mamá?. ¿ Qué sabe del olor patita de gato o el trazo de una carta de amor? ¿qué saben los robots de miradas xenofóbicas, comentarios pasivo agresivos? ¿O acoso?

Desinstala ya la app App de perreo infinito sacude tu pineal. Somos diosas con amnesia. No máquinas del capitalismo.

 
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from Ácrata del sur🐆

Mis calzones secando en la ventana como bandera que grita: que manché, erradiqué, desangre y también la cagué.

Bandera gigante de encaje suave,alegoría de suplicio, fragancia y osadía.

Bailemos sin calzones con ritmo que se mezcla con arengas al unísono de la liberación.

 
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from olivermusico

Por aquí muy poca gente conocerá a Perico. Perico Villagra. Una persona buena, así no más. Alguien que vivió la vida profunda y amorosamente. Este finde que recién pasó, supe por mi amigo Klaudio que Perico nos había dejado. Operación a corazón abierto, no resistió. Se nos fue. Fue un privilegio conocerle y llamarle amigo. Era una de esas personas que admirabas, que dejaba huella cuando le conocías. Era su humanidad, su hablar desde la escucha, su manera de acompañar y acoger. Si no tenía algo bueno, que es posible, nunca se lo vi. La última vez que nos vimos le regalé mi “gorro de John Lennon”, fue en Castro, Chiloé. Él me regaló de vuelta su boina. No la tengo aquí en Barcelona, seguramente la dejé en Chile aquella última vez. No le hablaba hace mucho, tenía la sensación que era de esas personas que nunca desaparecen, de esas personas que siempre estarán allí. Pensaba a veces: la próxima vez que vuelva a Chiloé le visitaré... iríamos al mercado a comer algo y pasear, luego a almorzar por ahí un buen salmón con papas fritas. De camino un milcao y al llegar a su casa pasaría por unos pastelitos para tomar con un tecito. No alcancé. Ay Perico! Cuando me dijeron que ya no estabas me vino una sensación extraña, no puedo decir de pena o tristeza, creo que más de incredulidad. No estoy seguro si es por lo que decía antes, lo de tu imprescindibilidad, o porque este tipo de noticias son proporcionalmente inverosímiles a la distancia de la cuál estamos del hecho. Los más de 11 mil km que me separan de Chile cada día muchas veces me hacen perder la consciencia del tiempo, de la distancia, de las historias que transcurren sin tenerlas cerca. Ay Perico! Quién sabe dónde estás. ¿Estarás con San Francisco ofreciéndole un kuchen de nuez mientras se cuentan anécdotas de tu vida en el ministerio? O tal vez no te has ido lejos ni a otro plano de la realidad. Tal vez sólo te transformaste en el canelo con la bandera negra de tu jardín en Castro. Quizá por eso te decían en tu camino al cementerio: —¡Compañero Perico Villgra! —¡Presente! —¡Compañero Perico Villagra! —¡Presente! —¡Ahora! —y siempre! —¡Ahora! —y siempre! Es que es cierto, no puede ser más cierto, la condición de presente te la ganaste de sobras, a fuerza de vida vivida, implicación y empatía, dejando huella y abrazo con quien te cruzabas Hoy sí que tengo tristeza. No poder hablarte otra vez. No haberte escuchado más veces. Hasta luego Perico, cuando vuelva a Chiloé seguro que te econtraré en las ramas sagradas del canelo.

Si quieres conocer un poco más de Perico mira aquí el documental Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles

 
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from longlinefishing

EL NEGRE

El Negre no va fer com el primer Dandi, que des que havia començat la guerra només podia menjar farinetes. Així doncs, després d’ensumar els rastres i marcar les parets escrostonades, sempre tornava just a l’hora de rebre el seu platet d’escudella.

Per anar fins a la cuina, on l’esperava la mestressa, calia recórrer el passadís. Passava veloç pel costat del despatx, entre l’escala i l’habitació que donava al carrer. Un cop arribaven a l’eixida, esperava que la carn es refredés una mica per no cremar-se els morros, i enterrava la que li sobrava mentre la mestressa intentava que es mengés les patates i la ceba, infructuosament. Era estrany que en tot aquell temps encara no hagués trobat les restes de l’altre Dandi; potser el distreia massa el gat de la teulada, que se’l mirava mentre es recargolava amb el seu somriure capgirat.

Al llarg de molts anys, el despatx s’havia convertit en una mena de refugi o gabinet d’andròmines. Hi havia aparells inservibles, fotos destenyides, una cinta tricolor amb una banda estripada, segells, llibres i monedes del món. A l’hivern el Negre hi entrava per escalfar-se al costat de l’estufa. Quan ja era força gran, durant uns quants dies, va decidir quedar-se immòbil davant la porta del despatx, sense fer cas a ningú. Per què m’has deixat, havia cridat de sobte la mestressa, abalançant-se sobre l’amo. Un dia també tibarien la corretja, cap al veterinari. Un altre dia, la mestressa també creuaria el passadís. Jo no tornaré, havia dit algú altre, abans d’anar cap al front.

Era inevitable, malgrat les meves esperances. Com que un germà volia els diners i l’altre ho veia poc clar, no va caldre esperar gaire per saber el que passaria. Quan van entrar al despatx, a la contraportada dels llibres s’hi amagaven algunes paraules furtives, i entre els diversos volums també hi havia algunes cartes, breus i acurades, sempre amb un t’estimo, que de seguida van començar a agitar-se. Un glop se les emportava mentre una mena de fel brotava entre les rajoles. Es buidaven les estanteries i s’omplien les bosses negres. Al carrer, les andròmines decoraven els contenidors. Em vaig posar la cinta tricolor a la butxaca.

Van arribar els nous propietaris. Rere el sostre, la darrera nit, es va sentir una mena de gemec; el retret era per tots nosaltres. Va ressonar una estona per les teulades, entre algunes pupil·les, fins que es va apagar per sempre. Un cop vam entregar les claus em va semblar que les parets adoptaven el color del cafè amb llet. En un armari només hi va quedar la corretja, allà penjada.

 
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from Antígona a Luggones

A les portes d'una nova temporada que, de moment, s'assembla a les anteriors, alguns mirem cap al Pròxim Orient amb preocupació i ansietat, però la majoria mira cap a una altra banda. «Tot s'arreglarà», «Esperem que Trump no faci més asenades»... es diuen mentre fan vida normal. L'escalada del preu del petroli i els problemes de subministrament creixent als països més pobres omplen les portades internacionals, però semblen impermeables a la premsa local. Total, quina importància pot tenir el preu del querosè dels avions i del fueloil dels vaixells en un lloc aïllat com... una illa?

En les pitjors previsions, si l’estret d’Ormuz roman tancat, si la guerra empitjora, si el petroli supera els 150 $ (o més) de manera sostinguda, el motor que és per Eivissa el turisme de masses podria aturar-se en sec aquest mateix estiu. El model familiar i low-cost, que va permetre un cert repartiment dels beneficis (a costa de transformar un paradís natural en un parc temàtic sense habitatge per als residents), s’enfonsaria sense remei. Però alerta. Aquesta etapa postpandèmia ens hauria d'haver ensenyat a ser curosos en les prediccions. El complex industrial-militar-immobiliari-turístic-borsari que anomenem de forma pràctica capitalisme és un sistema del tipus «antifràgil». Com l'eucaliptus als incendis, els grans capitals sempre surten beneficiats de les grans crisis. Una Eivissa que ja s'ha posicionat com a destinació cara, dins una Espanya políticament estable (per molt que les tertúlies de tele diguin el contrari), energèticament millor preparada que la resta d'Europa i geogràficament lluny d'Ucraïna i Iran pot ser un perill, precisament per no ser-ho.

La paradoxa és que l'altra cara de la moneda del model eivissenc, el turisme de luxe, que per raons ètiques i mediambientals hem criticat tant o més que la «massificació», serà qui millor aguantarà l'envestida de preus (com ja ho ha demostrat). Ara bé, ja sabem com distribueix la riquesa aquest segment: escurant de baix cap a dalt i fent desaparèixer màgicament els bitllets a altres paradisos, els de tipus fiscal. Fins i tot amb restriccions severes de combustibles, l'opulència i la joie de vivre de les viles de luxe no canviaran, mentre la població local ja pot patir restriccions de moviment a força de toc de queda policial. Una situació no tan diferent de la que vam viure a la pandèmia.

Ara bé, hem d'aprendre a pensar més en sistemes, no en fets concrets: el turisme, tant el de masses com el de luxe, depèn directament de la bonança econòmica dels països emissors i receptors i del seu grau de desigualtat social. Si Alemanya, Itàlia i el Regne Unit entren en recessió per qualsevol dels punts crítics d'inestabilitat global (energia, subministraments, IA, bombolles financeres...) la caiguda de la demanda turística a Eivissa serà paral·lela al problema del querosè. La gent no viatja de vacances quan li costa arribar a final de mes i cada cop són més els europeus que es veuen en aquesta situació. Els megaiots amarrats al port de Vila, propietat de capos de l'OPEP, magnats russos i empresaris nord-americans, probablement sí que vindran, com cada any. A fer vacances juntets, com amiguets que són, a competir pel xampany més car, mentre dessagnen els seus països i el nostre.

Espanya té les refineries més grans d'Europa. Recordem que Repsol és una potència mundial, una que va voler perforar el mar Balear fins fa molt poc. Ens agradaria creure que van anar-se'n per pressió popular (Visca l'Aliança Mar Blava! Eivissa diu no!) però probablement va ser un simple càlcul de rendibilitat en un món on la TRE (taxa de retorn energètic) és cada cop més dolenta. Total, que per pura xiripa, es van haver d'especialitzar en el «downstream». I a més, també de xiripa, som una península (amb molts ports estratègics), situada lluny del conflicte rus i ben sortit (de moment) per Àfrica i per l'Atlàntic. Produïm el 80% del querosè que consumim (sempre que arribi el cru) i segons les autoritats tenim assegurades reserves estratègiques per passar l'estiu, fent alguns ajustos no menors. Gastar reserves estratègiques per garantir l'arribada de turistes és un concepte que hauria de fer-nos pensar el model de societat que tenim, però no vull insistir. Els avions que omplin el dipòsit als aeroports espanyols se'n beneficiaran comparativament, sempre que Espanya i Europa arribin a un acord de reorganització logística raonablement just pels interessos d'uns i altres, però no evitarà una punxada de la demanda si l'economia europea entra en crisi dura.

Suposem un escenari més optimista. Si demà mateix (principis de maig) es firma la pau, la caiguda (temporal, volàtil) del preu del cru podria provocar un efecte rebot d'ofertes de darrera hora i vacances no previstes, similar al que vam viure en acabar la pandèmia. Una eufòria desmesurada ens abocaria a xifres rècord de visitants a una illa amb greus dificultats per mantenir els seus serveis mínims (aigua, salut, habitatge) i una inflació i precarietat que no baixaran. En aquest cas, haurem de demostrar si hem après alguna cosa per 2027, 2028... si volem ser la cigala o la formiga del compte. Una cosa és clara, l’electrificació de vols i vaixells no arribarà l'estiu de 2027, ni pel 2030.

Jo només dic una cosa: Mirem les previsions energètiques i climàtiques de la comunitat científica, i planifiquem la resiliència social i econòmica d'Eivissa en conseqüència. Vivim a un dels llocs més vulnerables al canvi climàtic del planeta. Aquest estiu podria ser que toqués El Niño. Això vol dir possibles onades de calor i danes més fortes que les darreres. Ja ens n'hem oblidat, però a la darrera dana va haver de venir l'UME i es va declarar «zona catastròfica». Catàstrofe: Un terme que ja comencem a acceptar dintre de la nova normalitat climàtica i que és important per asseguradores i assegurats quant a la reconstrucció després d'esdeveniments destructius. És raonable pensar que asseguradores i governs en algun moment deixaran de considerar excepcionals les coses que han deixat de ser-ho. Ningú no voldrà finançar la reconstrucció d'un passeig marítim condemnat a desaparèixer. Aquesta connexió entre vulnerabilitat climàtica, dependència energètica i préstecs financers és la clau de tot.

Les dependències són tantes que no sé posar-les estructuradament, per escrit. Ho intentaré explicar a la xerrada «No Normal» de la setmana que ve.

Per sort tindrem en Juan Bordera, que sap explicar tot això com ningú. No us ho perdeu!

Edit 14/05/2026: Ja teniu disponible la xerrada a youtube i peertube:

Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=mlIbaTKv9c8 Peertube: https://video.anartist.org/w/6NEHn7GCCb2YYp8GGpMyw3

 
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