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from sicigia

El vaso de la cocina estaba harto de que lo besaran al beber, de que lo chocaran con otros vasos al brindar. No le gustaba que lo frotaran al lavar y luego al secar. Más que nada, porque no podía elegir. Se sentía que lo sobaban aquí y allá, que él no podía elegir. Así que se volvió gruñón y cascarrabias.

Una noche, en el silencio de la casa, el reloj de la cocina se interesó por el cambio de humor del vaso. Este se lo explicó refunfuñando. Cada día estaba de peor carácter. Y eso se notaba en su trato con otros utensilios.

—Vaso, como sigas rehuyendo al estropajo cuando estás lleno de jabón, un día vas a resbalar y hacerte trizas. ¿Es lo que quieres?

—Lo que quiero es poder elegir por una vez quién me toca y me roza.

—¿Y qué te gustaría?

El vaso se quedó en silencio.

—¿Vaso?

—Bueno… Veo la alfombra del pasillo y siento curiosidad por tocarla. Por rodar sobre ella. Igual es un poco extraño, no sé.

—Es un deseo tuyo y no es complicado de cumplir. Igual pedías que te secaran con un trapo de seda. De eso no hay en la casa.

—¿Y cómo llego yo a la alfombra? Desde esta balda hay mucha altura al suelo.

—Pediremos ayuda. ¿Taburete?

El aludido se agitó al sentirse llamado.

—Acerca la cesta del gato y ponla bajo la balda.

El taburete obedeció. No hubo problema porque la mascota se había ido con la familia a la casa de veraneo.

—¿Quieres que me tire al cojín de la cesta del gato?

—Caerás sobre mullido.

El vaso, tras vacilar unos segundos, se acercó al borde y finalmente se dejó caer. De ahí asomó por encima de la cesta y a saltos atravesó la cocina. De ahí llegó al pasillo y a la ansiada alfombra. Miró a un lado y a otro con recelo como si algo pudiera interponerse. Una vez tranquilo, saltó sobre la alfombra, se tumbó de lado y empezó a rodar.

Al principio con precaución y luego con más entusiasmo. Estaba muy contento al poder completar su deseo. Después de un rato y bastante cansado, volvió a la cocina.

—¿Y ahora cómo vuelvo a la balda, reloj de pared?

—Haremos una escalera con el taburete, las cazuelas y la caja de galletas, ¿te parece?

—Un poco arriesgado, aunque ahora me encuentro tan bien que estoy dispuesto a ello.

Y con habilidad y maña el vaso volvió a su balda. Desde aquel día dejó de ser tan gruñón y refunfuñar tanto mientras recordaba sus momentos divertidos en la alfombra del pasillo.


 
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from sicigia

Alicia y Marcos coincidieron al inicio del primer curso de universidad. Se sonrieron con el nerviosismo de ser nuevos y la curiosidad. La semana siguiente tenían prácticas por la tarde y se había formado un grupo espontáneo de alumnos para ir a comer. Alicia y Marcos estaban en él. A cada rato se miraban y sonreían, se caían bien. Así que fue natural el que acordaran ser pareja en las prácticas.

Días después quedaban en un aula de estudio para preparar el correspondiente informe que tenían que entregar.

—¿Cuándo es tu cumpleaños? —preguntó Alicia.

—Dentro de mucho, ¿es que me quieres regalar algo?

—Umm… no, no era lo que pensaba. —La cara de Marcos se ensombreció—. Quería saber cuándo habías nacido, por lo del signo del zodiaco.

—Y estudiar compatibilidades, antagonismos y personalidades, claro —comentó con ligereza Marcos.

La que puso mala cara en ese momento fue Alicia.

—Yo creo en ello —afirmó rotunda ella.

—Yo desde que leí eso del efecto de Forer por el que crees que generalidades vagas son mensajes personalizados, como ocurre con el horóscopo, me he vuelto más escéptico. Además, la compatibilidad teórica no es lo mismo que la real.

—¿Qué quieres decir?

—Que aunque tus constelaciones salgan que somos compatibles, eso no garantiza nada.

—¿Por qué? —se interesó Alicia.

—Pienso que el llevarse bien y sin roces es una tarea diaria más que una gracia caída de un manzano. Respeto por la diferencia, paciencia ante los errores, aceptar defectos propios y ajenos. La chispa del resentimiento puede saltar en cualquier momento.

—¿Y sueles dar discursos de manera habitual?

—Uy, ¿ves? Ya estás picada. Me gusta expresar mi forma de ser. Procuro no herir en el intento y ser comprensivo con las opiniones de otras personas.

Alicia suspiró.

—¿Entonces no somos compatibles? —dijo con decepción ella.

—¿Piensas que vas a encontrar alguien que esté de acuerdo contigo en todo? Si ya te parece una barrera pensar diferente sobre el horóscopo o el zodiaco, ni te cuento si alguna vez te planteas convivir con alguien.

Alicia se quedó pensativa.

—Es un tema para darle una vuelta, la verdad. ¿Te parece si ahora volvemos al informe?

—No me has respondido a cuándo es tu cumpleaños.

—Tampoco pensabas regalarme nada, solo querías el dato en sí.

Alicia dio un suave puñetazo en el antebrazo a Marcos antes de concentrarse de nuevo en la tarea.


 
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from Niebla politik

Atrapada se halla. La libertad vive prisionera de sus propias contradicciones. Está a merced de lo que la hegemonía dictamina, de aquellas figuras con peinados estrafalarios con el poder legítimo de delimitarla. Constantemente descienden mesías del cielo clamando que su libertad ataviada nos salvará. Que es la verdadera, creámosles. Que los tiempos de esclavitud y servidumbre acabarán, próximamente. Esta palabra cuyo sentido encierra pasiones es prostituida e instrumentalizada. Enajenada de su esencia primigenia. Tanto es así, que ya no nos queda memoria de lo que realmente significa.

Libertad positiva y libertad negativa

En la hegemonía neoliberal, la libertad se ha convertido en un instrumento indispensable para su construcción ideológica, pero no en un sentido radical del término, ni siquiera político, sino puramente económico. Este dogma cuasi religioso propugna que para que un ciudadano pueda ser libre necesita desarrollismo, necesita prosperidad, necesita la riqueza de las naciones, necesita, en definitiva, que toda sociedad “civilizada” crezca infinitamente en pos de datos macroeconómicos tan etéreos como inaccesibles para los meros mortales.

Según Isaiah Berlin en su obra “Dos conceptos de libertad” (1958), la libertad positiva alude a la capacidad de dirigir tu propia vida, lo que implica acción autónoma a fin de alcanzar autorrealización. No en vano, desde el neoliberalismo la libertad no es libre; se forja alrededor del dinero, es traficada en los mercados financieros, puesta a subasta, adulterada por aquellos abanderados del “laissez faire” con cantidades obscenas de dinero para comprarla, revenderla, alquilarla, hipotecarla pero jamás disfrutada.

Por otra parte, la libertad negativa conlleva la ausencia de coacción en las acciones de un sujeto, por lo que para que se cumpla ésta no deben existir interferencias externas que condicionen las decisiones de alguien. Por ejemplo, a una persona trans no se le debe negar su identidad de género o sexual, ni forzarla a adoptar una que no le corresponde. Esto también se puede extrapolar a las orientaciones sexuales, al sexo, a las creencias religiosas, la etnia o la ideología política.

¿Acaso el aparato estatal no se dedica a juzgar lo moralmente virtuoso? Esa genealogía de la moral traducida a leyes impuestas que dictan la vida de los ciudadanos. La memoria histórica es demasiado pesada como para olvidar la violencia política contra lo marginal, contra aquellas personas cuyas voces molestaron, molestan y molestarán al poder. Desde las intifadas de los palestinos hasta los disturbios de StoneWall en 1969; desde el movimiento 15-M en España hasta las protestas en Hong Kong. La coacción siempre acecha silenciosamente entre la maleza de la legitimidad institucional y empresarial.

A la vista de estas dos definiciones de libertad, está claro que ni una ni la otra se aplican a la mayoría de ciudadanos, en tanto que el estatus social determina tu nivel de libertad individual. Pese a quien le pese, este principio tan aclamado por el liberalismo es un mero cuento interminable. Una concatenación de discursos -maquillados por un signo político u otro- que se constituye sobre una ilusión ignominiosa, ergo sobre un tipo ideal como señalaría Max Weber. La libertad de unos pocos a cambio de la esclavitud de muchos, pero siempre con la esperanza de que puedas subir la pirámide y alcanzar esa ensoñación tan anhelada. Así funciona la democracia liberal y, por esa razón, resulta un verdadero reto aplacar la fe ciega que se le profesa.

Libertad como significante vacío y flotante

La política implica conflicto, -siempre perpetuo- en la medida en que es imposible concebir una sociedad reconciliada consigo misma. Y en ese marco las palabras también bajan al terreno pantanoso de la lucha por el sentido, aquel donde se decide qué prevalece y qué queda supeditado por la hegemonía. Cada proyecto político, por tanto, llena de sentido conceptos tan manoseados como democracia, justicia, patria, pueblo, igualdad o, por supuesto, libertad. Estos significantes son, según Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, significantes flotantes, en tanto que su significado queda suspendido en el aire, siempre en constante movimiento fruto de los caprichos del sistema.

En otras palabras, libertad es un recipiente vacío, llenado de intereses, de pasiones e, incluso, algunos dispuestos a mancharlo de sangre. Libertad como bandera, libertad como arma, libertad como sumisión. De esta manera, se la encierra en una jaula semántica, como a un pájaro silvestre, en aras de adecuarse al sentido que se le da en función de quién la moldea. Por otra parte, el significante vacío no sólo alude a su definición inexistente, sino que además adquiere un sentido ulterior -cuasi mesiánico- cuando se le vincula a otras demandas sociales. Y así es cómo se erigen las identidades políticas, en forma de esculturas ataviadas con ornamentos lingüísticos y discursivos.

Y si buscamos ejemplos actuales de este vaciamiento, basta alzar la mirada y darse cuenta de quiénes han convertido la libertad en un producto prefabricado: Javier Milei e Isabel Díaz Ayuso. Ambos llenan su boca cada día con eslóganes huecos en nombre de un significante que se les queda demasiado grande. Como bien mencioné antes, la libertad desde las gafas del neoliberalismo siempre será mercadeada al mejor postor. Economía y más economía. Crecimiento hasta desfallecer. Desarrollo sin fecha de culminación. Se nos promete prosperidad, empleo, oportunidades e igualdad al más puro estilo del sueño americano.

Todo esto lo engloba esa libertad -abusada por Milei y Ayuso- cuya ancla nunca se había hundido tan hondo, hacia el abismo del turbocapitalismo, donde la libertad no emancipa, sino que encadena. El resultado siempre es el mismo: desigualdad, concentración obscena de capital en pocas manos, explotación, ecocidio, conflictos bélicos, genocidios. Esa libertad que iba traer la luz y la gloria, su bandera ahora arde junto a los pueblos que pretendía salvar. Este es el auténtico rostro del neoliberalismo: una neblina discursiva que oculta un liberticio constante.

Dicho todo esto, cierro este capítulo -si es que tiene cerradura- recordando que con el auge de la ultraderecha, otra noción de libertad cobra vida entre la juventud más afanosa e idealista, quienes han encontrado en el nacionalismo un refugio acogedor. La mascota cambia de dueño sin previo aviso. Es evidente que no podemos impedir los vaivenes semánticos impuestos por el poder político-económico, eso está fuera de nuestro alcance. Lo que sí podemos es decidir qué tipo de libertad queremos como animales sociales. Porque una libertad que no germine desde los pueblos sometidos, jamás será suficientemente auténtica como para querer verla, tocarla, saborearla.

 
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from El Barrizal

Por Ⓐrdilla

“No importa lo mucho que nos preocupe nuestra propia especie, la vida es un sistema mucho más amplio. Es una increíble y compleja interdependencia de materia y energía entre millones de especies fuera (y dentro) de nuestra propia piel. Estos alienígenas de la Tierra son nuestros parientes, nuestros ancestros y parte de nosotros. Ellos hacen funcionar los ciclos de la materia y nos traen agua y alimento. Sin “los otros” no sobreviviríamos.” – Lynn Margulis

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Foto: Un pequeño banco de peces nadando cerca del fondo marino.

Aviso de contenido: Se describen algunas situaciones violentas.

Hoy me levanté con la determinación de reconocerme en el otro, un ejercicio de empatía radical. Como Bill Pilgrim en Matadero Cinco, saltando de un momento a otro de su vida – despegado del tiempo – pero realizando un viaje no por los momentos de mi vida sino por un montón de vidas, de mundos y de estados emocionales, un viaje por todo lo que somos. Y de repente sentí el dolor en los pies de la persona que arriesga su vida para cruzar el desierto en busca de prosperidad, levanté la vista y el sol me cegó en el mismo instante que pasé a ser un bebé agarrado a su madre en un cayuco a la deriva del Mediterráneo. Cerré los ojos y el miedo que sienten las que viven bajo las bombas me invadió con el primer estruendo. Parpadee y estaba a las afueras de un campo de refugiades, sintiendo la angustia de no poder alimentarme ni alimentar. Momentos después sentí la sed del pájaro tratando de sobrevivir al calor del verano. Y me transformé en ecosistema, sentía mi piel arder, sentía en mis carnes el amazonas siendo deforestado, perdiendo mi identidad protectora de vida. Sentía los ríos secándose, los polos deshaciéndose. Fue demasiado. Me encogí mucho, tanto que fui una cerda atrapada en una jaula del tamaño de mi cuerpo, temiendo por no aplastar a mis crías. Un grito sordo me despistó y ahora estaba en una caja de plástico, aterrado, esperando mi turno mientras veía como a mis compañeres conejo les desnucaban y colgaban. No podía soportarlo. Y por un instante sentí que era todo el mundo rompiéndose. Gritando. Buscando fuerzas para resurgir y expulsarme todo aquello que nos adolece.

Y de repente, era todo lo que existía.

Vestido de negro, oculto entre las sombras y liberando a otra persona de las garras de la industria de la muerte. Un sonido metálico me transportó a una empresa armamentística, era esa persona rompiendo computadoras propiedad de cómplices de genocidios. La euforia me llevó a ser el rugido de miles en las calles. A sentir el amor de todas aquellas que ceden su tiempo para cuidar a las liberadas. O el coraje del pueblo originario reclamando, tomando y cuidando su territorio ancestral. De nuevo trascendí a mi especie y sentí mis extremidades agarrarse al suelo que me alimenta, convertido en un árbol hermoso. El sonido del oleaje me cambió de medio, me movía ágil por el agua, era el pez revelándose contra el anzuelo. En un segundo pasé a ser las que reciclan, cocinan y se alimentan en comunidad. Todas aquellas que tejen redes para cuidar a la otredad.

Era todo lo que existía. Estaba conectado a todo lo que existía.

Fui todas las que luchan, se revuelven y devuelven el golpe. Las que buscan destruir la jerarquía. Supe que sin la otra no somos nadie. Que la injusticia en cualquier lugar es injusticia en todas partes. Que necesitamos un mundo donde quepan muchos mundos. Por un breve instante, fui la rabia positiva contra la maquinaria represiva.

Fui todo eso y más. Soy todo eso y más. Somos todo eso y más.

“El mundo más allá de lo humano no es una mera sofisticación caprichosa ni un juego de palabras filosófico: es el sedimento, en nuestra conciencia y actitudes, de verdades científicas a las que se ha llegado con esfuerzo, pero cuyas implicaciones aún deben permear en la sociedad. (...) El mundo está formado por sujetos, no por objetos. Todas las cosas son, en realidad, todos los seres, y todos esos seres tienen su propia capacidad de actuar, sus propios puntos de vista y formas de vida. El mundo más allá de lo humano requiere de nosotros este reconocimiento, porque sin él no somos nada.” – James Bridle

 
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from El Barrizal

Por Liebre

«Pero cuando un hombre sospecha que algo anda mal, a veces sucede que, si ya está involucrado en el asunto, inconscientemente se esfuerza por encubrir sus sospechas incluso ante sí mismo. Y aconteció algo muy parecido conmigo. No dije nada, y traté de no pensar nada.»Herman Melville, Moby‑Dick

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Foto: Una cerda liberada tocando con el hocico a su hijx pequeño.

Cada día tengo más claro que la visión que tiene una persona del antiespecismo dice mucho más de esa persona que del antiespecismo.

En los tiempos que estamos viviendo, llenos de inseguridad social debido al auge de la extrema derecha a nivel global y siendo testigos de cómo la carta de los derechos humanos y la ley internacional no han servido nada más que para gastar papel, me sorprende que la mayoría de las personas que apuesta por una sociedad más justa e igualitaria siga sin ver la conexión entre las violencias. Distintas violencias que podrían simplificarse en una: la violencia hacía quien situamos por debajo. Haciendo un análisis, sin la necesidad de profundizar demasiado, se podría ver claramente que hay alianzas entre todos los cuerpos que compartimos las posiciones inferiores de la jerarquía. Pero, por alguna razón, los distintos grupos sociales suelen centrarse en las diferencias que pueda haber entre ellos para seguir justificando y aumentando la desigualdad y asentar, más aún si cabe, la jerarquía. Tenemos a los diferentes grupos que comparten más de lo que les diferencia, compitiendo en lo que vienen siendo unas olimpiadas de la opresión para ver quién sufre más y para ver quién se lleva la medalla de oro a la causa más justa o importante.

Las dinámicas de poder funcionan de igual manera, la forma de ejecutarlas es la misma y hasta a la hora de poner excusas todas siguen el mismo patrón. En otras palabras, si se refuerza la mentalidad jerárquica, no se está desmantelando nada.

En este texto quiero centrarme en la parte de las excusas, se podría desarrollar mucho más sobre el tema y añadir muchísimas más, pero voy a intentar centrarme en las dos que últimamente me han llamado la atención.

“Hay cosas más importantes”

Esta es una de mis favoritas, sin duda. Creo que quien utiliza esta excusa tiene una perspectiva social bastante obtusa y egocéntrica. Nadie te dice que dejes de preocuparte por nada de lo que te preocupabas antes. Pero ante esa excusa, ¿quién ha decidido lo que es importante? Nada más y nada menos que quien la utiliza, basado todo en vivencias personales o en la validación de su entorno. Con esa excusa no solo jerarquizan luchas, si no que se desprenden de responsabilidades sociales. Un clásico.

Es mucho más cómodo señalar las violencias de otros, de ahí lo que es “importante”, que hacer autocrítica y lidiar con tu verdadero yo (y cambiarlo), y no con esa persona justa y ejemplar que todo el mundo tiene como concepto de sí mismo (sí, incluido Trump); solemos tener normalizadas las violencias en las que participamos y no las vemos como tal, por muy explícitas que sean, como poner un trozo de animal en tu plato. Las violencias y opresiones que ejercemos y en las que participamos nunca nos van a parecer importantes, de ahí el problema. Para todo opresor siempre hay cosas más importantes que hacer que reflexionar sobre su sistema de creencias ¿O acaso hay gente que cree que un colono que está en las fuerzas de ocupación sionistas no considera que haya problemas en su vida más importantes que reflexionar sobre el genocidio que está llevando a cabo? Si se normaliza una violencia, nunca será percibida por los demás como tal, salvo por quien la sufra. Por lo que antes de usar esa excusa para no reflexionar, plantéate si no estás jerarquizando luchas y de esta manera siendo parte del problema con el que quieres acabar.

“Yo es que no tengo esa sensibilidad”

Aludir a la sensibilidad para tomar posición y ser coherente con ella me parece delirante, de mal gusto y peligroso, además de estar envuelto en un tufo machista y homofóbico.

Para empezar, el hecho de relacionar ciertos posicionamientos sociales, especialmente los relacionados más allá de lo humano, con la sensibilidad es machista y homofóbico porque se rige por la dicotomía razón/emoción por la cual se ve al hombre como ser que se rige por la razón y a la mujer como ser emocional que se deja llevar por las emociones e incapaz de controlarlas. Como si eso que llama “sensibilidad”, que no es otra cosa que empatía por toda la vida, no se entrenase al igual que la indiferencia. Los hombres que quieren encajar en el estereotipo de macho no es que no tengan empatía, sino que se han enfocado únicamente en entrenar la indiferencia porque se les ha premiado por ello. Y ¿cómo se premia a un hombre por ser indiferente? entre otras cosas, tomándolo como ejemplo de conducta varonil. En otras palabras: poniéndolo en una posición ejemplar y superior en la jerarquía del sistema social actual. Para ser validado socialmente como hombre debes mostrar frialdad, falta de emociones y que la violencia te sea indiferente. Con este cóctel ideológico ¿Qué podría salir mal?.

Aludir a la sensibilidad es de mal gusto porque da a entender que tiene que ser la institución legal la que te dicte lo que está bien y lo que está mal, ya que parece que, como sujetos, somos incapaces de juzgar por nosotres mismes una situación y lo que nos queda es actuar acorde con la ley, como si las leyes fuesen justas y no respondiesen a unos intereses de clase, género, raza, capacidades y especie. Es de mal gusto porque da a entender que es algo personal y que, si las leyes te permiten ejercer esa violencia, es porque no hay nada que cuestionar.

Y es delirante porque sigue echando balones fuera sobre la responsabilidad social que todes tenemos de un modo que se escapa de la lógica. Que una persona no tenga cierta “sensibilidad” sobre una situación social en concreto no le otorga una carta blanca para poder ejercer violencia contra quienes estén dentro de esa situación sin despeinarse. Sería muy delirante oír a un genocida excusarse en su falta de sensibilidad para evitar responsabilidades y consecuencias sobre sus actos.

El opresor, quién está en una situación de privilegio con respecto al oprimido, nunca va a darle prioridad a revisar su violencia. En todos los casos de opresión, en todos, sin excepción, quien ejerce y tiene normalizada una violencia siempre va a encontrar cosas más importantes por las que preocuparse que dejar de participar en esa violencia y opresión, especialmente si las leyes e instituciones le dan todas las facilidades para que así sea. Solo hay que pensar en cualquier avance social y revisar los debates sociales que había acerca de ese grupo antes de que la sociedad avanzase y se diese por sentado o como lógico.

 
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from olivermusico

Hoy me he levantado dispuesto a hacer cosas. Café, yogurt y cereal para comenzar. He pensado en desayunar tranquilo, tomar mi café en calma y saborear el yogurt natural cucharada a cucharada frente a la ventana de mi balcón por la que entra una luz preciosa y un fresquito de mañana. Pero en vez de eso he puesto el bowl y la taza en el escritorio mientras se encendía la compu. Vamos a por los pendientes. Repertorio de un coro, repertorio del otro, planificación de Navidad, responder mensajes, revisar las entradas del evento, revisar correos del otro coro, no pensar en los otros tres coros mientras hago todo esto. Para un poquito. ¡Cling! ¡Cling! Blip! blop! No sé por qué tengo activadas las notificaciones de los mensajes. Voy a ello... más cosas que hacer. Veo un pendiente en el correo... Anartist... Aay pero si pedí una cuenta en anartist! Despué de varios días de haber recibido la bienvenida recién me pongo a entrar en el mundo de Anartist. Empiezo a escribir esto después de haberme inventado mis biografías cortas en català/castellano/english (pensando en que alguien las leerá). Rellenando perfiles de Funkwhale, Nextcloud, Peertube... Y lo último, esto. Descubro una página en blanco impoluto. sólo unos pequeños iconos sombreados que interrumpen el vacío. Es lindo comenzar a llenarla, comenzar a dibujar estas letras, sin saber ni importar si alguien las leerá luego de que se escriban. Me gusta.

 
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from Niebla politik

Cada persona tiene su arco de personaje. A veces no sabes a dónde vas a ir a parar entre tanto balanceo en el columpio de la vida. “Tengo que ser algo”, me digo a mí mismo con un convencimiento inusitado, como si eso fuera una revelación sacrosanta. ¿Acaso tengo que elegir un camino? Esa idea de afincarme para el resto de mis días no es algo que particularmente me cause júbilo. Mi ser no se conforma con ese sedentarismo impostado, con esa quietud dócil ante las expectativas de un sistema que te ordena decantarte por algo ya y, mientras antes, mejor. Y así es cómo la fábrica de la infelicidad continúa su curso: prosperando, perpetuándose, cuya gran máxima es producir en masa fracaso escolar, frustración, vacío existencial y precariedad emocional.

Quizá sea el resultado de la industria cultural, esa de la que tanto bebemos a través de plataformas streaming, anuncios o librerías. El cine, la música y la literatura -sobre todo la actual- han desdibujado nuestra noción de cómo debemos desarrollar nuestra vida. Todo el mundo espera con ansias ese viaje del héroe, esa recompensa después de tantas vicisitudes, de tantos cristales rotos en pro de la meritocracia. Este no es un mero idealismo fruto de molinos con apariencia de gigantes, constituye un sistema de valores, de pensamiento en aras de que actúes en consecuencia para alzarte con el premio individual. Pero no cualquier trofeo merece los aplausos del público, debe ser tangible, uno cuyo cuerpo macizo muestre lo mucho que te has sacrificado por él, todo el tiempo de vida dedicado a no sólo ser algo, sino ser el mejor en ese algo.

Los años pasan y pasan. El pasado se hace más grande y el futuro más pequeño. No paro de mirar cómo conocidos, excompañeros de universidad o amigos que ya parecen tener claro su lugar en el mundo. Algunos acumulando hazañas bajo una espiral de insatisfacción, como si la ambición nunca tuviera saciedad. Frente a un mundo que se derrumba, frente a una sociedad polarizada, frente a una podredumbre que embriaga nuestras calles, nuestros barrios, nuestros corazones. Aun con todo lo dicho, todavía persiste ese afán de enclaustrarse dentro de una burbuja hermética. Una en la que las cámaras de eco susurran tu nombre y te alaban por tu gran labor en pos de la humanidad. El ego se siente complacido al final del día.

¿Y para qué todo esto? Al final, los tecnomonarcas seguirán nadando sobre riquezas insondables que nadie conseguiría ni en 10.000 vidas. Tampoco es que sea nihilista, pero algo sé de diagnósticos y está claro que mi generación atraviesa por una crisis espiritual sin parangón. Consumimos, pero no pensamos. Respiramos, pero no vivimos. Reímos, pero no sonreímos. Nos hemos vuelto un producto de masas, recipientes a medida listos para ser llenados de propaganda política, ideas preconcebidas y servidumbre al trabajo asalariado. Por tanto, la cuestión no es quién quiero ser, sino quién esperan que sea. Y yo, al menos, no sé si alguna vez sabré lo uno ni lo otro.

 
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from hijodelagalaxia

la primera vez que oí hablar del Shabbath fue cuando hice mi primera comunión: se hablaba de un día de reposo que se celebrara debido a que el dios bíblico descansó en el último día de la creación. en el mundo de la academia se escucha mucho el término “año sabático” para referirse a un año sin clases pero con paga.

no fue sino hasta este año que volvió a mi atención lo del shabbath gracias a una serie de nesflis que se llama “Nadie quiere esto”. es una serie palomera, pero algo que resaltó mucho para mí fue la centralidad que tiene el shabbath para el pueblo judío, a diferencia del catolicismo que aunque lo menciona no es obligatorio celebrarlo -creo que todo en el catolicismo es opcional al final del día-. lo que más me llamó la atención del shabbath fue que lo describían como un día de descanso, pero no a la manera del fin de semana capitalista en donde uno descansa para regresar a trabajar y que le exploten. el shabbath era otro tipo de descanso, del tiempo habitual, pero también era un tiempo para reconectar con la familia y con el dios hebreo, por supuesto.

en este punto debo aclarar que no profeso ninguna religión ni creo fervientemente en el dios de ninguna de éstas. ¿entonces cómo se me ocurrió celebrar el shabbath dadas estas circunstancias? por estos mismos días había estado leyendo y encontrándome muchas cosas sobre los jardines digitales, el neoludismo, la “descomputarización” de la vida, la lucha contra los algoritmos y un largo etc. ver la serie fue el punto de partida para plantearme la posibilidad de “secularizar” -a falta de una mejor palabra- el shabbath. ¿cómo sería celebrar desde un punto de vista no religioso, pero sí espiritual, un evento parecido al shabbath? entonces comenzó mi investigación sobre este día para lxs judíxs.

hubo cosas que descubrí que incorporé a mi propia celebración y perspectiva del shabbath:

  1. el shabbath comienza el viernes cuando anochece y termina cuando anochece el sábado, es decir, que el “día” no se concibe desde el tiempo habitual productivo, sino siguiendo un poco las indicaciones del sol. me gustó la idea de que el tiempo no tiene que estar enclaustrado en la nomenclatura habitual de las 24hrs. sino que el mundo natural que nos rodea define cuando inicia y termina un día. así que, esto si lo mantuve de la celebración original.

  2. hay muchas prohibiciones relacionadas con el trabajo, y lo que se puede y no hacer. en esta parte no sigo el shabbath como se debe porque me da pereza seguir todas esas prohibiciones, por un lado, y por otro porque no me hacen sentido para lo que yo quiero con mi propia celebración. lo que decidí fueron dos cosas: no hacer ningún trabajo físico ni mental pesado y no usar nada digital. mi familia y amistades saben que durante este periodo mi celular estará apagado, y que tampoco usaré la computadora ni nada por el estilo. tengo un teléfono fijo en caso de alguna emergencia al que me pueden marcar. lo que me lleva al siguiente punto:

  3. leí en varios lados que el shabbath es también una forma de usar el tiempo para reconectar con personas, con nosotrxs mismxs o con dios. como yo no creo en dios, me planteé reconectar con el mundo natural que me rodea. entonces, durante mi propio shabbath hay tres cosas que suelo hacer e intercalo dependiendo de las circunstancias y mi estado de ánimo:

a) Pasar tiempo a solas en casa: cuando decido pasar tiempo a solas en casa evito salir lo más posible. aprovecho este tiempo para reconectar conmigo mismo, a veces sólo tumbado en cama reflexionando sobre lo que sucedió en la semana -un punto que tocaré más adelante- o simplemente siguiendo mi respiración. reconectar con unx mismx me parece que es algo que a veces debido a los ritmos de vida y de trabajo nos pasa de largo. b) Pasar tiempo con mi familia o mi pareja: reconectar con las personas que nos rodean es una oportunidad increíble, sobre todo porque muchas veces nos olvidamos de acercarnos a personas que a lo mejor ya no son tan parte de nuestra vida. aprovecho este tiempo para acercarme a mi familia sin la mediación de lo digital, es decir, tiene que ser todo presencial y pidiendo respetuosamente que se evite el uso de celulares u otros dispositivos. con mi pareja, suele suceder que hablamos por horas de temas variados, cosas que tal vez en la semana no pudimos comentar. enfrascarse así en una conversación es algo que difícilmente se puede hacer en otros días de la semana pero también creo que es algo que se ha perdido gracias a las excesivas mediaciones digitales. c) Reconectar con la naturaleza: acercarme a espacios naturales es algo que he hecho durante el shabbath. trato de que sean lugares cercanos porque lo que evito en el shabbath es desgastarme mucho físicamente. a veces esto puede implicar simplemente dedicarle más tiempo a mis plantas o contemplar el paso de las nubes o poner atención al canto de los pájaros.

4) leí también que el shabbath es un espacio de reflexión sobre lo que hemos logrado en la semana. tengo algunas preguntas ya hechas para cuando termina el shabbath escribir en mi diario y reflexionar sobre la semana: ¿fui lo suficientemente generoso? ¿fui consciente de lo que comí durante la semana? ¿cómo traté a mi cuerpo? y preguntas por el estilo. suelo cerrar el shabbath con un baño de agua caliente y la escritura de mi diario respondiendo a esas preguntas. todo eso me ayuda a iniciar la nueva semana o un nuevo ciclo de 7 días con una perspectiva más consciente.

5) y finalmente creo que uno de los beneficios que busco con esta celebración ha sido la reapropiación de mi propia autonomía cognitiva. se habla mucho de la economía de la atención, y la manera en la que yo lo interpreto es que el capital busca apropiarse de nuestras funciones cognitivas para que éstas estén alineadas a su lógica. mucho de eso tiene que ver con nuestra percepción del tiempo como lógica productiva dividida en minutos, horas, segundos, los cuales tienen que ser maximizados y eficientados en todo aspecto de nuestra vida. trato de escapar a esa lógica y sentir que el tiempo que dedico a mi shabbath es sagrado, que no es el tiempo del capital, y para ello, también me propongo no mirar el reloj durante todo ese periodo -a menos que mi shabbath en turno implique encontrarme con alguien a cierta hora-.

nada de esto es perfecto. hay días en que me he sentido muy mal y he necesitado mirar alguna película para sentirme un poquito mejor de ánimo. mi shabbath no es perfecto, y como no es un pacto con dios, como lo es en el caso del pueblo judío, puedo hacerlo sin ninguna culpa. el pacto es conmigo.

y como esto no es blog de auto ayuda no escribo esto con la finalidad de venderle a nadie un nuevo método de crecimiento personal, sólo quería compartir un poco de lo que he estado haciendo con ustedes, pero también, ordenar con palabras un poco lo que ha significado para mí integrar una celebración religiosa a una vida no religiosa, pero sí profundamente espiritual.

 
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from Niebla politik

No sé ustedes, pero estoy cansado. Cansado de que la sociedad mire hacia otro lado cuando estamos siendo testigos de un genocidio en directo. Cansado de esperar a que se produzca un cambio hacia un postcapitalismo donde el bienestar colectivo, la vida digna y el equilibrio ecológico sean mandamientos. Cansado de vislumbrar cómo nos dirigimos sin freno hacia el suicidio colectivo en aras del desarrollismo religioso cuyos mantras de crecimiento económico van a misa. Cansado de que los pocos espacios de resistencia que permanecen quedan atrapadas en la telaraña de los amos del cortijo, es decir, el poder financiero. Ante este contexto de pesadumbre inextinguible me pregunto: ¿Qué opciones nos quedan?

Resulta una buena pregunta cuya respuesta no sabría encontrarla de manera precisa. Algo que he aprendido es que no existen fórmulas mágicas para resolver problemas tan complejos, tan anquilosados dentro de una hegemonía erigida bajo una mirada colonial, capitalista y patriarcal. La desobediencia civil, por ejemplo, sería una buena opción para Hannah Arendt, pero actualmente esa vía no es suficiente. Las protestas pacíficas, aun siendo legítimas y simbólicas, han quedado ensombrecidas frente a la sociedad de la inmediatez, la cual busca el mayor impacto en el consumidor. Para generar ruido se requiere de algo más directo.

Toda acción conlleva una reacción, así es la política. Y qué hay más directo que el uso de la violencia. Me refiero a las huelgas, las protestas, el vandalismo, los actos violentos localizados, los sabotajes. Cuando invoco estas formas de resistencia no necesariamente aludo a la violencia física contra alguien, sino a sus múltiples expresiones: simbólica, económica, material. La violencia siempre debe ser el último recurso frente a una situación desesperada. Ya lo hemos visto en diversos contextos históricos, en los que la resistencia armada o las revoluciones fueron los únicos caminos ad hoc para transformar la realidad política, social y económica. Desde la Rojava kurda hasta la resistencia anticolonial que propició la independencia de países árabes como Egipto o El Líbano. Incluso, sin ir más lejos, actores considerados terroristas desde el marco de occidente emergen como expresiones frente a ocupaciones prolongadas, lo cual no exime sus actos de crítica, pero exige una comprensión contextual.

Cuando somos testigos de una estructura política corrupta, belicista, cínica y amiga de los grandes capitales, la opción de la revuelta popular queda abierta en la medida en que esa gota colme el vaso. Ya han goteado muchas lágrimas. Ya ha goteado mucha sangre y sudor. Siento que esa gota está a punto de rebosar nuestra paciencia colectiva, de activar nuestro afán de libertad y resistencia. No sé qué lo provocará, ni tampoco cuándo ni dónde, mas el momento está cerca. Tanta violencia ejercida contra inocentes tiene un precio muy elevado. Sé que, tarde o temprano, el monopolio de la violencia legítima caerá por su propio peso.

En ese instante, al menos, tendremos una posibilidad de construir un nuevo paradigma -esperemos que mejor que el anterior- de forma colectiva. La construcción de los cimientos de lo destruido, de lo que fue, será una tarea ardua que dependerá de nuestra capacidad de comunidad y organización a través de asambleas ciudadanas, redes horizontales o comunas. Dejaríamos atrás la opresión, la autoridad, el clasismo, la competitividad y el desprecio a la vida. Por eso, la libertad, la cooperación, la igualdad y la dignidad deberán ser principios inseparables si queremos lograr una liberación colectiva. Ya lo decía César en el Planeta de los Simios: “Simio no mata simio, Simios juntos fuertes”.

 
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from hijodelagalaxia

Crecí en los 90's. Soy parte de la generación que creció cuando el internet comercial comenzaba a llegar a nuestras computadoras personales. Tuve la oportunidad de tener un Tamagotchi, jugar el SNES sin un emulador en la televisión de casa de mis padres, grabar un casete directo de la radio y que lo virtual terminase en cuanto apagaba la compu o la tele. No podía llevar todo ese mundo virtual a la calle. Todo eso se quedaba en el espacio privado de mi casa.

Con la llega de los smartphones debo admitir que estaba muy emocionado de poder llevar lo virtual a cualquier parte a la que yo fuese. Seguir una conversación desde cualquier lugar, en cualquier momento y cuando yo quisiera. Revisar mis redes sociales, estar atento de cualquier novedad que subiesen mis amistades a sus muros de Feisbuk; la clave estaba en poder hacerlo en cualquier lugar en cualquier momento.

Las BigTech siguieron creciendo y el mundo de las redes sociales empezó a cobrar más relevancia en la vida de las personas. Incluso mis padres, que nunca se habrían interesado en Hi5 o hacerse una cuenta en un foro online, ahora eran más adictos al uso de redes sociales que yo.

Comencé a cansarme mucho del efecto que las redes sociales estaban teniendo en la manera en que nos relacionábamos todas las personas fuera de esas redes. Desde personas que en una fiesta estaban todo el tiempo mirando su celular, fingiendo que estaban presentes pero con su atención puesta en otro lado. También personas que sentían la necesidad de registrar todo lo que hacían en foto o video, mandando notas de voz a otras personas narrando lo que pasaba en su vida en tiempo real y un largo etc. de actitudes que, a pesar de haber crecido con la virtualidad, me parecían extrañas y cansadas.

Y que decir de las consecuencias que todo esto tendría en el mundo laboral. Por un lado, el que personas del trabajo con las que apenas uno cruzaba palabra de repente fueran “amigxs” en Feisbuk o seguidores en otras redes, pero también el hecho de que redes como Watsap dieran la impresión que todxs teníamos que estar disponibles para el trabajo cuando fuera y en donde fuera.

Afortunadamente hoy día no tengo un trabajo que me requiera tener Watsap ni un jefe. Y eso en gran medida me ha llevado a que tenga mi móvil apagado casi todo el día, salvo cuando necesito un taxi de aplicación o alguna cosa inmediata. A medida que he tenido apagado mi móvil más ha sido evidente para mí el cansancio que ahora me provocan los mundos virtuales, especialmente los de redes sociales y apps de mensajería instantánea. Incluso aquellos que son descentrados, como Mastodon, o chats XMPP. No es que no use estos últimos de vez en vez, pero lo que me cansa es la dinámica en que nos pone lo virtual, por más ético que sea el diseño de las plataformas que usamos.

He tenido una cierta urgencia de “realidad”. De sentir que los espacios que habito no son virtuales. Por una parte, una de las cosas que más me dan lata últimamente es el flujo excesivo de información. Cuando navego en Mastodon, leo 5 toots y siento que ya fue demasiada información en formato virtual para un sólo día. Esto no me pasa, por ejemplo, leyendo un periódico o un fanzine. Es cosa muy extraña, porque ese hastío de información sólo me da cuando el formato es virtual. Ver palabras impresas en físico, por alguna razón que todavía no sé explicar, me permite leer sin sentirme saturado.

Hoy día cuando voy en el transporte público y veo a la mayoría de las personas enfrascadas en su móvil me da una sensación de extrañeza. De sentir que son cuerpos que están junto a mí, pero cuya mente y atención están en un espacio que para mí es muy cansado. Tampoco quiero mentir: hay espacios virtuales que disfruto mucho. Seguir ciertos blogs y leer lo que publican sus autorxs me da mucha alegría, aunque no pueda leer tantas entradas en un sólo día. A lo mucho 2.

Creo que para mí hay una añoranza de recuperar espacios físicos que se han perdido a raíz de la pandemia, pero también a raíz, aunque no estoy seguro, de una estrategia de Estado de disolver lo público como lo conocíamos hace ya unos buenos años. No es que estos espacios hayan desaparecido por completo, pero definitivamente escasean, y muchas personas han optado por priorizar lo virtual frente a lo presencial en sus espacios.

Siento que todo esto de las redes, sean estas centralizadas o no, para mí es como estar en una plaza pública y cada persona ahí presente quiere llamar tu atención, aún si lo que dice no es de tu interés. Muchas redes fueron creadas de esa manera, para atrapar nuestra atención independientemente de su estamos interesadxs, si ese contenido nos hace bien o no, etc.

Hoy día estoy más tranquilo sin tener ninguna red centralizada, ni apps de mensajería instantánea. Como muchas personas han escrito en los últimos años, el regreso al uso del correo ha sido un buen giro para personas que buscamos habitar lo virtual con más calma y “naturalidad”, lo que sea que eso pueda significar. Para mis padres, ha sido agregar el teléfono fijo de mi casa para marcarme cuando necesitan algo. Escuchar su voz de manera directa y orgánica, y no mediante una nota de voz un poquito ensayada, me hace sentirles más cerca aún si están hablándome a la distancia.

Sé que hay muchas personas cuyo activismo actual es hacer de lo virtual un espacio más habitable, colectivo y ético. La verdad me parece una lucha muy necesaria. Pero yo simplemente estoy muy cansado de los mundos virtuales. Los visito de vez en cuando, y claro que disfruto ver lo que personas desde enfoques de la smallweb y espacios hacker hacen de manera creativa. Pero yo no puedo estar con la misma constancia que otras personas.

Estoy muy cansado de lo virtual. Extraño la proliferación de espacios presenciales.

 
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from poesiagalactica

Soñar y pasar de un momento a otro sin darse cuenta. Anclarse a la liposucción del sueño. Ritmos; cadencias. Un todo tropical bañado en líquenes. Tropelías y una vieja casa en el campo; te vi & mis ojos se salieron de sus órbitas planetarias.

Nos embriagamos. Los techos se hicieron inmensos, altos. Sincronía de cuerpos y el esmalte de tus uñas: una fragata. Un entendimiento soberbio. Entre libros descubrimos un gusano tapizado de vidrios. Como esas piedras volcánicas en el camino que lleva a la iglesia. Que triste es vivir.

Y cuando miraste tu mano leí todas las líneas y capilaridades que van de la primera de tus venas al miocardio rizomático de tus entrañas vivas. Vísceras, dijiste. Tímpanos, afirmé. Cromático, dice el diccionario.

Siempre quise un desarmador como éste, en tres dimensiones y con espigas en la punta. No encuentro entre todas estas páginas algo que se asemeje a las comisuras de tus labios. Cayó el sonido del vacío y me extendiste una jícara de aguas coloridas. Una rabieta.

A mi lado una sávila y la oscuridad de sombras y de luces tenues. Cantares y recetas médicas a bajo costo. Rostros de gatos mirando por el ovillo de la puerta. Los azulejos se pintan solos de un azul disfórico. Las chinches.

Tachuelas que se fijan a las paredes de tu cuarto. Una moto va pasando y las quejas de siempre: Sonidos tan terribles; me deshacen los párpados. Hace años que no parpadeas desde que el polen de la primavera radioactiva te cegó casi para siempre.

Las palabras no sirven de nada. Busca una palabra y hazla tuya, cárgala a cuestas como cruz, como caverna. Las sombras que proyectas son como dedos angustiosos por tocar la piel, tu piel, nuestra piel.

Apaga el televisor. No hay más imágenes que las de tu sueño. Las antenas de la ciudad menguan, discurren en silencios. La ciudad se queda callada. Un estornudo se escucha como un látigo, un eco criminal que desata sus angustias sobre nuestros cuerpos.

 
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from Mohamed Samir Abdassamia | محمد سمير عبد السميع

Prima Nakba 1948

Immaginate Se costruissero Uno Stato Sulla vostra terra

Immaginate Se venissero Con dei carri armati A demolire I vostri ulivi Le vostre case

Immaginate Di correre Nel pieno della notte Con la vostra nonna Sulle spalle

·

Immaginate Di essere rinchiusi In un campo Di sterminio A cielo aperto

Immaginate Di nascere In un campo Profughi

Immaginate Di conservare Ancora La vostra chiave Di casa

Immaginate Di ereditare Questa fede Di Giustizia

Immaginate La rabbia La fierezza La voglia Di cambiare L'apatia Del mondo Che ha reso Tutto questo

Reale

·

Poi immaginate Il risveglio...

·

Immaginate Il suono Dell'oud Palestinese

Un eterno Eco Tra le sponde Del Mediterraneo

Che denuncia La Catastrofe Che continua

·

Prima Nakba 1948

 
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from Mohamed Samir Abdassamia | محمد سمير عبد السميع

La Causa

Io non credo Che questa sia La Fine

Non può essere La Fine

Fintanto che Ci sarà Unə Palestinese Nel mondo O unə alleatə Non sarà la Fine

Torneremo Ricostruiremo Stiamo già Ricostruendo...

Perché La Causa... Neanche con tutte Le bombe Del mondo Puoi uccidere La Causa

·

Ho sentito parlare Di Bisan La giornalista

È rientrata Nella sua casa E con quel poco Che ancora le resta Sta preparando Il suo salotto

La Fede è grande

 
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