fragmentos etnográficos de la ciudad monstruo

Desde ayer me sentía extraño y hoy desperté sin ganas de salir de casa. Aún así fui a trabajar y me encontré con el Instituto desolado, suelo sentir nostalgia cuando estoy en espacios vacíos que acostumbro habitar con gente, en fin, todo se fue sumando.

El poco ánimo que tenía en la mañana era porque hoy pensaba organizar una conversación sobre nuevas masculinidades y violencias en línea con mis amigos (hombres cis) de la oficina (universitaria), así lo hicimos el año pasado. Mandé un mensaje al grupo de TG para quedar en la hora pero la respuesta fue nula.

Recordé que días antes, entre bromas me dejaron entrever que para ellos era una actividad tediosa y justo ayer otro compañero directamente me comentó que no asistiría a la reunión porque la consideraba “progre” (pretensioda y políticamente correcta).

Todo se fue sumando, y cada vez me sentía más vacío. Recuerdo que el año pasado fui cubículo por cubículo para convencerlos en participar, hoy no tenía ganas de hacerlo y no insistí mas, al final no hicimos nada y a nadie le importó.

Todo el día me sentí con un hueco en en pecho, cuando salí de la oficina intenté identificar lo que sentía y me acordé que meses atrás había sentido algo similar cuando me separé del hacker space en el que participé durante años.

Y entonces lo extrañé muchísimo y me puse a llorar. Extrañé a mis hermanxs con lxs que podía compartir sueños y ponerlos en práctica, extrañé la posibilidad de proponer locuras y encontrar una mirada cómplice durante una asamblea, extrañé ese lugar que ahora está vacío.

Dieron las 10 de la mañana y aún no llegaba a la oficina. A esa hora siempre ya estoy en la chamba, pero hoy el cansancio se acumuló y no podía hacer las cosas con la misma velocidad que de costumbre.

Sentía el cuello adolorido y los ojos me ardían pero tenía que manejar a toda velocidad porque iba tardísimo. A las 10 casi todos los noticieros radiofónicos terminan, así que cuando acabó primer movimiento, cambié de estación a la Ke huelga.

Sentía cansancio e iba a prisa, pisé más el acelerador cuando de repente escuché en la radio una introducción que me sonaba familiar. Comenzaba una emisión de Comuna, un programa de Horizonte que transmiten (o transmitían) los lunes por la noche.

¿Qué hacía un programa nocturno de una radio pública sonando por la mañana en una radioadio pirata, libre, alternativa o como se llame?

Después del intro identifiqué que se trataba de un episodio transmitido a principios del año pasado sobre una televisión comunitaria que operaba desde un hackerspace de la Ciudad de México. Después de la presentación de la locutora y el locutor, pasaron una cápsula de introducción y le dieron la palabra a lxs invitadxs.

En ese momento llegué a la chamba, entré al estacionamiento y escuché mi propia voz. Una voz grabada a finales de 2021, transmitida en la radio pública en 2022 y retransmitida en la radio libre ahora en 2023.

Escuchar mi voz me dio mucha emoción y una profunda nostalgia. Parecía que habían pasado muchos años desde que dejé de participar en esas aventuras gozosas pero a la vez dolorosas. Y no, apenas han pasado unos cuantos meses de mi separación.

Todo pasó en un par de minutos, un breve instante en el que dejé de sentir dolor, cansancio y prisa. Entonces apagué el motor y se apagó la radio.

Es un día típico de diciembre en la oficina, atardece, son casi las 6, termina mi chamba, apago mi compu y tomo mi celular que está en mi escritorio. Lo desbloqueo y comienzo a revisar el timeline de Mastodon, me detengo en un toot sobre TEA (Trastornos del Espectro Autista), me interesa porque un par de personas cercanas me han insinuado que tengo ciertos rasgos autistas, pero nunca había sido un tema que me preocupara. Cada toot del hilo que leo me intriga, me emociona, me desconcierta, no se lo que siento. No estoy triste pero siento ganas de llorar, siento que mi mente se abre, se despeja, es un momento inquietante pero placentero. El relato en formato de hilos de Mastodon no es una descripción médica, ni un diagnóstico, nada de eso, son opiniones de alguien con TEA que súbitamente hacen conexión con mis vivencias. No se cuánto tiempo pasé leyendo, tal vez solo 15 minutos, pero ahora me siento desorientado por lo que acabo de experimentar. Esta fría tarde descubrí una nueva pieza del rompecabezas que me ayuda a entender quién soy. Más tarde sigo desorientado pero tengo que pasar al supermercado, no recuerdo lo que tenía que comprar, pierdo el boleto del estacionamiento pero no me siento enojado, ahora múltiples recuerdos rondan mi cabeza, más tarde estas ideas no me dejan dormir. Ahora, un poco más sereno, escribo lo que viví ayer para dejar registro del momento exacto de un descubrimiento. Registro del instante en que tuve conciencia para mi.

Son las 9:20 de la mañana, voy colgado de la puerta del pesero, que después de luchar contra otros autos, por fin logra dar vuelta en Avenida Taxqueña. El logro fue efímero porque pronto queda atorado entre un micro y un taxi que deseperado toca el claxon sin parar. De repente, a toda velocidad pasa por un estrecho espacio que quedaba entre los vehículos un hombre en bicicleta. Es una persona modesta de mediana edad que, justo al pasar enfrente de nosotros, grita a todo pulmón “que bonita paz”.