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from Itziar

Ayer estrené mi primera camiseta y me hace mucha ilusión porque, aunque no ha quedado perfecta, está lo bastante bien para poder llevarla por la calle y es buena señal que haya superado tanto su primera lavadora como su primer día de uso. La confección ha sido toda una aventura, desde buscar el patrón y la tela adecuada hasta entender cómo unir correctamente las piezas, así que estoy muy contenta de haber llegado a buen puerto y deseando embarcarme en el siguiente viaje. Aquí va una crónica resumida para quien tenga curiosidad.

El patrón

Soy una persona de gustos sencillos para vestir (o, como diría mi madre, sosa), así que mi idea era hacerme una camiseta de tirantes muy básica, sin ninguna floritura. Además, como era mi primera vez y no tenía ninguna garantía de que fuera a salir bien, no quería gastarme mucho dinero. Así que, antes de empezar con el proyecto en sí, pasé mucho tiempo buscando patrones 1) para principiantes, 2) gratuitos o baratos y 3) de un estilo de camiseta que me gustara. Después de mucho buscar, encontré este y decidí probar con él (sin volantes porque, recordemos, soy sosa). El tema de la impresión también fue interesante, porque ese patrón viene en dos PDF, uno para imprimir en formato A1 y otro en A4. Pensé que sería más cómodo imprimirlo directamente en A1, así que fui a una copistería del barrio y tuve que esperar más de media hora porque coincidió que el plotter (palabra que desconocía hasta entonces) estaba ocupado... y, encima, cuando llegué a casa me di cuenta de que solo me habían imprimido una de las dos hojas. Así que al día siguiente me puse a buscar otra copistería porque a la misma no me apetecía volver, y cuando por fin encontré una que imprimía en A1, ¡resulta que cobraban 24 € por hoja! Que agradecidísima porque el chico de la copistería fue supermajo, tuvo el detalle de decirme el precio de antemano y me explicó muy bien el motivo al ver mi cara de susto (en el otro sitio me habían cobrado 4 €), pero no me merecía la pena pagar por la impresión más que por la tela. Así que decidí imprimirlo en A4 en casa (que además tengo muchos folios imprimidos por una cara a la espera de aprovechar la otra) y juntar las páginas con celo. Fue un poco rollo, pero no más que hacer cola en la copistería, así que la próxima vez lo haré directamente así.

La tela

Tenía clarísimo que quería una camiseta de algodón 100 % y de una tela buena para que me dure muchos años, así que fui a mi tienda de telas de confianza (la única que conozco)... y resultó ser más complicado de lo que esperaba. Pedí que me enseñaran telas de algodón, me preguntaron para qué la quería y, cuando dije que para hacerme una camiseta, me dijeron que para eso lo que vendían eran retales de poliéster o, si no, ya tenía que pasar a las telas de popelín para camisas. Como el poliéster estaba descartadísimo, fui a la sección de camisas y tardé un montón en encontrar una tela que me convenciera, porque casi todas eran de rayas o de cuadros o tenían estampados que no me gustaban nada. Al final encontré una tela verde lisa que bueno, no era exactamente el tono de verde que habría elegido normalmente, pero tampoco tenía muchas más opciones, así que compré esa. Según el patrón necesitaba 1 x 1,40 metros y, como el rollo era de 1,50, tuve que comprar un metro, que me costó 12,50 €. No me parece caro, y además me ha sobrado bastante, que seguramente aprovecharé para hacer una bolsa para cubiertos. El tono me ha acabado gustando y combina bien otras prendas que tengo, así que me he quedado contenta, pero tengo que encontrar otra tienda de telas porque está claro que en esa me va a costar encontrar lo que busco.

La talla

Según la tabla de tallas de la web de la que descargué el patrón, yo necesitaba una talla M para el pecho y una L para la cintura y la cadera (lo que equivale respectivamente a la 44 y la 46 en el patrón, que por lo visto usa el sistema de tallas ruso). El patrón tenía diferentes marcas para recortar por la talla correspondiente, pero ninguna indicación para alargarlo o acortarlo por algún sitio, así que estuve dudando sobre si a) usar simplemente la talla L aunque me quedara holgada en el pecho o b) marcar la línea de la talla M a la altura del pecho, la de la L en la cintura y trazar una línea transversal desde el pecho a la cintura para llegar a una especie de término medio. Me arriesgué con la opción b y creo que hice bien, porque la camiseta me ha quedado algo holgada por la espalda, así que seguramente me habría quedado demasiado grande si me hubiera decantado por la opción a. Aunque eso me hace preguntarme si la tabla de tallas es correcta, porque sospecho que me habría quedado mejor ajustada si hubiera tirado con la talla M para todo. La próxima vez a lo mejor me vengo arriba y me hago mi propio patrón personalizado desde cero.

La confección

Ya con todos los materiales, por fin me metí en harina y la cosa resultó ser a la vez más fácil y más difícil de lo que esperaba. Por un lado, empecé cagándola al cortar la tela porque todavía no controlaba lo de colocar alfileres, así que el patrón se me movió y corté de más y de manera irregular la pieza delantera. Además, como el patrón no venía con instrucciones ni con un triste tutorial (que, a ver, no me quejo porque era gratis, pero una es lenta para estas cosas), una vez cortadas las piezas pasé mucho tiempo pensando cómo tenía que unirlas, a pesar de tener a mano un par de libros que explicaban a fondo todo tipo de costuras. Por otro lado, una vez entendí la lógica de la camiseta y aprendí a poner bien los alfileres, todo fue bastante fluido. Cometí errores, tuve que deshacer algunas partes y repasar bien otras para que no se descosieran, pero poco a poco la cosa fue tomando forma de camiseta. Me pareció mágico ver cómo cuatro trozos de tela mal cortada se convertían en una prenda de verdad. ¡Y era yo la que estaba haciendo magia! Calculo que me llevaría unas ocho horas entre hacer y deshacer. La próxima vez iré más rápido porque no tendré que pensar tanto y porque, con un poco de suerte, no tendré que volver sobre mis propios pasos cada dos por tres.

Una pequeña selección de fotos

El terrible corte de la parte delantera, con las pinzas de pecho señaladas: Trozo de tela verde cortada que será la parte delantera de la camiseta. Los bordes laterales y el superior están mal cortados, a trompicones, y del borde inferior salen muchos hilillos. Arriba a la izquierda y a la derecha, a la altura del pecho, hay dos triángulos marcados con hilván verde de un tono más claro que la tela, que serán las pinzas del pecho.

Mis primeras pinzas y costuras francesas: Dos trozos grandes de tela cosidos de modo que tienen forma de una camiseta básica de color verde, con pinzas en el pecho. Los costados están cerrados, pero todavía tiene los bordes de abajo y de arriba sin coser, así que están llenos de hilitos, y también falta añadirle los tirantes.

La camiseta terminada: Una camiseta verde de tirantes hecha a mano, colgada de una percha.

El control de calidad gatuno: La camiseta está colgada de una percha en la manilla de la puerta y un gato atigrado, que sale borroso, está de pie con las patas estiradas, listo para derribarla. La camiseta sigue colgada de la percha, pero ahora es acechada por un gato negro que la mira medio agazapado (y también borroso), sin atreverse a atacar de momento.

#costura #confección #DIY #camiseta

 
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from ⋆.ೃ࿔°・K1RBY °⋆.ೃ࿔

Buceo

Iniciamos la llamada con Mani a través de Jitsi. Es una amiga de internet; no nos conocemos en persona, solo intercambiamos mensajes e interacciones en redes sociales. Nos presentamos. Me cuenta que es diseñadora multimedia, artista 3D, y docente. Hablamos sobre la experiencia de enseñar y cómo una aprende con lxs alumnxs. Luego de una hermosa charla, nos ponemos las gafas y nos metemos a bucear.

Iniciamos con la web de Mani [www.brillitos.neocities.org], diseñada y desarrollada por ella, un sitio con un estilo muy 2000s. Cuando ingresamos, salta un pop-up que nos cuenta que es parte de su proyecto de tesis, ✴︎REMINISCENCIA.NET✴︎: “Un homenaje al Internet antiguo... una máquina del tiempo a un Internet caótico pero personal”.

_ Mani nos cuenta que **reminiscencia.net **está compuesta por un tótem de chatarra electrónica que contiene un monitor que te permite visualizar e interactuar con este sitio._

A medida que exploramos, aparecen diferentes pop-up con sitios de otras personas, de distintas temáticas: una ruleta de archivos web. Una experiencia libre de algoritmos. Ella me cuenta sobre las diferentes webs, cómo las descubrió, y en un momento aparece una web en memoria de un niño que había fallecido. Comenzamos a charlar sobre la identidad digital y la muerte: qué nos sucede cuando estamos navegando por internet y nos encontramos con el perfil, videos o textos de personas fallecidas. No sabemos cómo describir lo que sentimos, pero nos entendemos. Ambas tomamos notas de pensamientos y preguntas que nos surgen mientras buceamos.

Toda esta charla me recordó a la obra “Dead & Digital”, realizada por Sarah Derat y Rachel McRae en el 2017. Tenía varios sitios guardados para en algún momento investigar más sobre ellas. Nadamos de una web a otra y leímos parte de una entrevista realizada por Wade Wallertein [www.href-zine.net/digitaldead.html].

_ ✴︎DEAD & DIGITAL✴︎ es una escultura inmersiva de realidad aumentada, visible únicamente a través de la pantalla de un dispositivo inteligente, que se sostiene como una ventana hacia el otro lado. El espectador puede interactuar y examinar un monumento que inquieta el espacio expositivo: la escultura aparece en pantalla a través de un portal, como si estuviera dentro de la sala. El espectador puede recorrer el monumento mientras este se transforma en diferentes formas, imitando la geometría minimalista de lápidas, tumbas, monumentos y servidores o granjas de datos monolíticos. El espectador experimenta simultáneamente una composición sonora de múltiples capas que utiliza grabaciones de campo de cementerios de Londres, un fragmento de texto extraído de memoriales de redes sociales y conversaciones con chatbots._

Antes de despedirnos (y relacionado con lo que veníamos charlando), le comenté sobre [goodinternetmagazine.com]. Es una revista semestral, impresa y digital, sin fines de lucro y gestionada por voluntarixs, dirigida a propietarios de sitios web personales y a quienes desean usar internet como medio de autoexpresión, arte y recreación.

Y coordinamos el próximo encuentro, pero presencial en algún café.˖⁺·₊°♡°₊‧⁺˖

K1rby

 
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from Antígona a Luggones

Explico la paradoxa de Jevons amb Amics de la Terra i Som Energia.

(Nota de Premsa publicada a Linkedin i reproduïda aquí per lliure accés)

  • Una major eficiència dels aparells pot comportar una falsa sensació d’estalvi i pot fer augmentar el consum elèctric total.
  • Fer el salt a comercialitzadores cooperatives per a democratitzar el model energètic és un pas imprescindible.

William Stanley Jevons (1835-1882) Wikimedia William Stanley Jevons (1835-1882) Wikimedia

Avui és el Dia Mundial de l’Eficiència Energètica i com cada any, administracions i empreses ens proposaran mesures per estalviar en el nostre consum elèctric, com comprar aparells més eficients o canviar bombetes de llum incandescent a LED.

Des d’Amics de la Terra volem ressaltar un curiós però importantíssim fenomen, encara molt desconegut tant en el si de la societat com en l’àmbit de les administracions.

Tendim a pensar que les millores tecnològiques, per si soles, solucionen la crisi climàtica i ajuden a estalviar, però no és així. Cap innovació, si no va acompanyada d'una autocontenció en l’ús (o abús) que en fem, estalvia energia, sinó tot el contrari.

A Eivissa podem trobar exemples tangibles d'aquesta paradoxa: Les instal·lacions esportives de l'illa, per exemple, han executat actuacions per millorar la seva «eficiència energètica». Han substituït l'enllumenat antic per un de més eficient. Però en general no han reduït la despesa, sinó que, sota el pretext què les LED estalvien, han augmentat la intensitat de la llum, multiplicat la il·luminació de les pistes i ampliat els horaris d’encesa, creant consums que abans no existien (així com impactes co-laterals de contaminació lumínica).

D’aquest fet econòmic se’n diu la paradoxa de Jevons.

El nom prové de l'economista anglès William Stanley Jevons, qui, ja el 1865, va observar que les millores tecnològiques en l'eficiència de l’ús del carbó no provocava un estalvi sinó un increment del seu ús a totes les indústries. Sigui quina sigui la font d’energia, fòssil o renovable, si sorgeix una millora tècnica que permet utilitzar les màquines de forma més eficient (és a dir, fer el mateix treball amb menys energia) la temptació immediata és fer més treball amb la mateixa energia. Tot i que podríem destinar aquesta energia estalviada a fer altres coses, o simplement a descansar, l’actual model econòmic no és gaire amic de deixar recursos ociosos.

Aquest efecte rebot, a la vegada, fa un efecte cadena: més energia disponible, més trastos endollats, més necessitat de potència, més necessitats creades... en definitiva, més consum.

I llavors, què hi podem fer?

Per sort, aquesta paradoxa no és cap llei científica ni sagrada, sinó una observació del comportament social i econòmic. L’eficiència real existeix i és necessària. Però la seva eficàcia sempre dependrà de l’ús racional que fem de les coses, no només de canviar un invent tecnològic per un altre de més modern. La proposta d'Amics de la Terra és empoderar-nos com a consumidors. No és cap misteri que les empreses energètiques obtenen més beneficis quan més consumeixen els seus clients. Per això les seves campanyes d’eficiència mai aniran associades a una reducció real del consum.

Davant d'aquest escenari, un pas molt fàcil de fer és canviar de comercialitzadora, contractant la llum a una cooperativa sense ànim de lucre, com per exemple Som Energia.

Aquesta entitat formada per més de 80.000 socis i sòcies, no basa el seu balanç econòmic en la factura elèctrica sinó que, com els seus clients són també els qui «manen» a l’entitat, fomenten de veritat l'energia neta i l’estalvi energètic, atenent les necessitats reals de cada llar i de cada negoci.

Aïllar bé la casa, per exemple, sempre sortirà més a compte que tenir una «calefacció més eficient»... i si la teva companyia elèctrica et diu el contrari, ja saps per què.

 
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from Komunikilo

Actualizamos la web de la campaña para visibilizar proyectos que conocen y respetan las medidas de la RAP.

Hace un par de años empezamos una pequeña campaña para promocionar las medidas de la RAP, tres sencillas acciones para minimizar la actual jungla digital comunicativa.

La web estaba solo en catalán y español pero ahora también la tenemos en euskera. Eskerrik asko, Talaios!

Proyectos

En su momento, ya se tuvo la idea de listar proyectos que respectaran las medidas y algunos ya habían contestado al formulario pero no hubo tiempo de gestionar el asunto.

Este inicio de año se ha retomado la idea y actualmente hay 11 proyectos que han dado su consentimiento para ser listados: Amoved, Anartist, eXO, Fedicat, Komunikilo, LiberaForms, Olatukoop, PlanESS, Talaios, TEKS y Tu nube seca mi río.

¡Muchas gracias por participar!

Apartado de proyectos en la campaña +RAP!

Licencia de esta publicación

Apartado proyectos en +RAP! 2026 por komunikilo.org bajo Licencia Art Libre LAL 1.3.

Redacción: @titi@bcn.fedi.cat

 
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from longlinefishing

El ombligo

Allí donde reposan las heces de Cléo las glorias del queso parecen fundidas pero la carne del Sur se sirve al punto de sal.

Sin embargo, alguien empuja tus sienes mientras divagas sobre el pánico ajeno.

¡¡Despierta!! Pronto los viejos ecos, en el fondo del círculo, nos devolverán tu peor grito.

 
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from ⋆.ೃ࿔°・K1RBY °⋆.ೃ࿔

Preparamos las bebidas, algo para picar y comenzamos a bucear en la red mientras compartimos pantalla a través de Jitsi.

Cormanco inicia la llamada contándome que tenía el link de esta web guardada [www.n10.as] hace rato, pero no encontraba el tiempo para pasear por el sitio, me explica sobre cómo se pronuncia la web, el juego de palabras. Nos ponemos a investigar que es cada icono que vemos, la interfaz con un estilo muy 90’, leemos un poco de que se trata, es una estación de radio fundada 100% por voluntarixs, de Montreal (Quebec). Recorremos los archivos de algunos programas de la radio, escuchamos un poco de música, y dejamos un saludo en el Chat.

Luego continuo mostrándole [www.pixieradio.com], que se me vino a la mente ya que se relacionaba con el tema que veníamos charlando, y la descubrí hace poco. Le conté que se trataba de un lugar para descubrir y escuchar canciones nuevas, libre de algoritmos.

Nos pusimos a escuchar la selección B -47 que se encuentra en Semanales, escuchamos a Milo Kobensky (no conocíamos su música) y leyendo su descripción donde la persona que realizo la selección contaba sobre sus sentimientos cuando alguien le hacía escuchar una banda nueva de UK (busquen en la web para mas info), lo relaciono con una experiencia sobre un guion en el cual colaboro, de un documental llamado “LOS RAYOS” sobre la escena de rock en Hurlingham. Nos frenamos en este dato, ninguno conocía este documental, no vivimos muy lejos de Hurlingham y nos interesaba la temática, terminamos buscando data sobre el documental y lo anotamos para descargar.

Cormanco ingreso a [www.poolsuite.net], seguimos navegando radios, con una estética muy Miami Vice, un diseño que te hace sentir de vacaciones en la playa, podes escuchar música, enterarte de algún evento o comprar algún protector solar. Ambos usamos Firefox y el reproductor no funcionaba en este navegador, para probar si era un error o realmente no funcionaba, abrió la web en el navegador de Microsoft y ahí pudimos escuchar un mixtape muy veranero.

Para finalizar le compartí [www.netescopio.meiac.es], donde nos encontramos con el archivo de arte digital del MEIC, seleccionamos la obra “The internet. Express” de Jonas Lund.

“Navegar a menudo se siente como si estuvieras en un tren expreso de alta velocidad, rodeado de empresas que quieren capturar tus clics, mostrarte anuncios y monetizar tu comportamiento, por lo que TheInternet.Express te pone a prueba, ¿puedes evitar a los cinco grandes corriendo contra ti?, ¿o chocarás con ellos y serás sometido a más anuncios?” Jonas Lund

Ingresamos al sitio oficial [www.theinternet.express], donde ambos terminamos jugando y evitando chocar los iconos de algunas empresas extractivistas que invaden la red.

Antes de despedirnos e irnos a cenar, me comento sobre un foro llamado [www.vogons.org] donde podés encontrar mucha data sobre retro computación y videojuegos.

Bebimos, charlamos y compartimos mucha data.

Nos vemos en la próxima exploración.

K1rby.

 
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from Poesie Della Lana

Naufraghi, Naufraghe

Coi miei fratelli E le mie sorelle

D'Africa

Naufraghi Naufraghe In un mare D'indifferenza

Annegano Nei fondali Del Mediterraneo

Le ultime briciole Di Umana Clemenza

Tra mura Stantie Di orribili Lager

Nella vecchia Sanguinaria Europa.

·

L'apartheid La violenza Si normalizza

Al punto da Non sentire più Orrore Di fronte A un bambino

Che Per mancanza Di supporto E cure

Muore

Nell'omertà Generale.

E tutti A esultare:

Il Milan È di nuovo In finale!

·

La casa di Dio Ebbra D'oro E menzogne

Sgualcisce Il senso Delle nostre Preghiere

E tendere La mano A chi È nel bisogno Diventa Tradimento Crimine Disonore.

·

Ci stanno preparando Alla soluzione Finale

E qui Non c'è più Nessuno Che voglia Reagire

E accendere Un lume Sferzare Le ombre...

Discernere

La legge Di Dio Da quella Del potente

Essere Ponte.

·

Non c'è Virtù Nel godimento Vuoto Di un privilegio

Se esso Non vien Condiviso

Con coloro A cui è stato Rubato.

 
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from Antígona a Luggones

Mientras el mundo del marketing se obsesiona con la IA, agentes autónomos y bots humanizados, la campaña más efectiva de los últimos años la protagonizan dos muñecos de trapo realmente inteligentes: Al y Di.

¿En qué se diferencia esta campaña de otras? – Conexión emocional: Han logrado en meses lo que la competencia no consigue en años: que el consumidor sienta algo por la marca. (Mientras, Lidl apuesta por Arguiñano y Schwarzenegger con resultados mucho peores). – Caballo de troya en casa: Es marketing “a la antigua”. Entras por los ojos de los niños y te ganas la confianza de la familia entera. Nada que esconder. En el mundo en el que vivimos, esto ya ni siquiera nos parece perverso. Y funciona, vaya si funciona. – Un naming tan obvio que cualquier junta directiva con problemas de ego habría descartado: Los nombres Al y Di refuerzan la marca, y sin necesidad de retocar el logo o “hacerlo más grande”. – Función social del personaje: No son solo mascotas; tienen un “cargo en la empresa”, son facilitadores, ayudan a que tu compra sea sencilla orientándote en las ofertas (en tiempos de chatbots!). – Omnicanalidad por diseño: El mundo de los títeres funciona genial en un mupi, en tele, en redes... incluso en radio. Sus voces son inconfundibles, algo que con personajes famosos (como los Estopa para Colacao) o inventados (“un tipo directo” para Línea Directa) no consigues.

Bravo por sus responsables, la agencia VML y la compañía Sinilos Puppet Studio (creadores de Los Lunnis).

Ojo, es una campaña con enorme presupuesto, de las de matraca diaria, pero de la que todos podemos aprender. En marketing la innovación no es reinventar la rueda; es encontrar dónde estaba pinchada.

 
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from e-pístola

Hola Daniel,

No sé ni por donde empezar. Por el principio, supongo que estarás pensando. No siempre la estructura lineal responde a todas las cuestiones de la manera más adecuada. Directo al grano, sin rodeos. Aunque algunes dirán que falta contexto. Contexto, que palabra tan de moda. Pero bueno, ya llevo medio folio y aún no sabes lo que pasa. Pues que se ha roto, y lo que es peor, no sabemos como arreglarla.

Si es tan importante ¿Por qué dejasteis que se pudiera romper? Te preguntarás. Pues mira, no lo sé. Ese es el tipo de pregunta que le haríamos a la máquina que se ha roto. Mientras funcionaba íbamos dejando de lado todas esas cuestiones. Fluíamos sin parar en los pequeños dramas del día a día. La máquina se encargaba de facilitarnos la vida, nos resumía, nos esquematizaba, nos daba formato. Poco a poco, sin darnos cuenta, nuestra vida sin la máquina era cada vez más inconcebible.

¡Mirad el libro de instrucciones! Nos dirás. No sabes que esas instrucciones las introdujimos en la propia máquina. Para que ella sola se fuera arreglando. Pero ahora, sin máquina, sin instrucciones, todo parece más difícil.

Y aquí me tienes, con un bolígrafo en la mano haciendo garabatos de nuevo sobre un papel. No sin dificultad intento explicar mis pensamientos. Para pedirte, siempre que esté en tu mano, que nunca dejes de ejercitar tus habilidades cerebrales. Que la memoria, el análisis, la síntesis y la redacción nunca se lo cedas completamente a una máquina.

Espero no haberte aburrido con mi falta de habilidad, supongo que la máquina podría hacerlo mejor. Me he propuesto no volver a usarla aunque podamos arreglarla.

Lucas Sánchez

desde alguna dimensión cuántica no tan lejana.
 
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from ✿ Petals of Kamila

I didn’t vanish because the words dried up. I vanished because the body demanded its due—raw, unfiltered, alive beyond the page.

A close-up view from behind of a young woman's bare back and long blonde hair in light brown tones, as she lies face down on rumpled white sheets in a dimly lit bedroom. The hair cascades softly over her shoulders and down her spine, with warm golden lighting accentuating the smooth contours of her skin and the subtle curve of her body, evoking a serene and intimate atmosphere.

I haven’t posted here in days. Not because the well ran dry, or because some invisible force clamped my fingers shut. No. It’s simpler, more visceral than that: I chose to live the intimate instead of scripting it. Why spill ink on desire when you can drown in it? Why trace the edges of a lover’s skin with metaphors when your hands can do the work themselves? This post—finally clawing its way out—is about exactly that: the deliberate pivot from observer to participant, from chronicler to the one being chronicled in sweat and sighs. Let me back up, though I hate explanations that feel like apologies. I’m sorry for the silence—no, strike that. I’m not sorry at all. Silence here meant noise elsewhere. Meant tangled sheets and whispered negotiations in dim rooms. Meant my attention narrowing to the pulse under someone’s jaw, the way breath hitches when boundaries dissolve. For a few days, I let the unhinged part of me—the part this blog exists to unleash—run free without the leash of documentation. And god, it was liberating. Why? Because writing about intimacy is a kind of theft sometimes. It steals the immediacy, packages it into neat paragraphs, and hands it over to strangers. But living it? That’s pure possession. Mine, theirs, ours—undiluted. Think about it. In this space, where I’ve built a altar to no-secrets, no-boundaries truth, I’ve always leaned into the explicit. The way a touch can unravel you, thread by thread. The erotic as rebellion, as a fuck-you to the polished facades we’re supposed to wear. But even here, on WriteFreely—my skin, my raw underbelly—there’s a risk in over-narrating. I could have sat down each night and typed out the details: the curve of a hip under my palm, the taste of salt on skin, the polyamorous dance of consent and craving that defines my days. I could have, but I didn’t. Instead, I focused on the act itself. On being present in the body, not hovering above it like some detached narrator. And here’s the crux, the thing that’s been simmering in me during this hiatus: living the intimate life isn’t just about the highs—the orgasms, the connections that spark like live wires. It’s about the quiet refusals too. Refusing to commodify every moment into content. Refusing the pull of the screen when flesh calls louder. I’ve been in Spain long enough to let the sun-soaked laziness seep into my bones, working those half-shifts at the hotel desk, assisting my partner in ways that blur professional and personal. But intimacy? That’s the undercurrent. Polyamory isn’t a label I slap on for shock value; it’s a lived ethic, a web of relations that demands energy. Energy I redirected fully, for once, without siphoning some off for you, dear reader. Don’t get me wrong—this isn’t a manifesto against sharing. If it were, I wouldn’t be typing this now, fingers still faintly aching from... well, from living. No, it’s a reflection on balance. On how the unhinged blog thrives not from constant outpouring, but from selective floods. Imagine: I wake up, not to the glow of a draft in progress, but to the warmth of a body beside me. Conversations in Spanish-tinged English, negotiations that feel like poetry without the need for verse. The erotic truth of it all—explicit, yes, in the arch of a back or the grip of hands—stayed private in the moment, only to ferment into this post later. Ferment, like wine from crushed grapes: richer for the wait. There’s a slowness in this choice that I crave. In a world that screams for more-more-more, for endless updates and exposures, I paused. I let the boundaries (or lack thereof) breathe. And in that pause, I rediscovered why this blog exists: not to perform unhingedness, but to honor it. To say, here is my body as authority, unapologetic and unbound. But authority doesn’t mean exhibitionism every damn day. Sometimes it means closing the door, turning off the lights, and letting the senses take over. Touch over text. Sensation over sentences. Of course, the irony isn’t lost on me. Here I am, writing about not writing. Describing the indescribable pull of the lived over the logged. But that’s the loop, isn’t it? The erotic refuses full containment; it spills back into words eventually. Like now: recalling the way a lover’s voice drops low in consent, the poly threads weaving without jealousy’s snag. The no-secrets ethos means I can admit this—admit that living it fully recharged me, made me hungrier for this digital confessional. Maybe I’ll post daily again—or maybe not. The point is, I’m back because the living fed the writing, not the other way around. So, if you’ve been waiting, wondering where the unfiltered Kamila went—here she is. Not diminished by the gap, but amplified. The intimate life isn’t a story to tell; it’s a force to inhabit. And when I do tell it, like now, it’s because the overflow demands release. Bold, italicized, struck through where the hesitations creep in. No boundaries, remember? But with the wisdom to know when to dive in fully, words be damned.

 
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from Komunikilo

En julio de 2024 se publicó un artículo sobre el Fediverso que hoy ha llegado a mis ojos. Hablemos de oportunismo y depredación digital.

El artículo se titula: “Fediverso: Una guía para entenderlo” y lleva por subtítulo: “Descubra cómo la integración de Threads de Meta está cambiando el juego en las redes sociales”.

Tanto tienes...

Hace un tiempo, ya me di cuenta que habría muchísima gente que descubriría el Fediverso a través de Meta. Y me pareció triste pero lógico. Los medios al uso (periódicos, televisiones, radios, etc.) solo dan bombo a los engendros digitales de grandes corporaciones depredadoras. Y las que fabricamos bit a bit esos internetes pequeños solemos estar en la casilla del ninguneo. Es tan desigual el reparto de poder como el de visibilización. Tanto tienes, tanto vales.

Sueño con una revista de cultura libre porque se hacen tantas cosas chulas que no da tiempo a explicarlas. Y soy de la opinión que se debería evitar alimentar el enfriamiento social, es decir, el pensar que no se puede hacer nada. Más allá de la literatura tecnocatastrofista hay todo un universo de cultura libre por descubrir. Eso sí, el oportunismo cabrea. Y Mark Zuckerberg y yo tenemos conceptos muy distintos del Fedi.

En verano de 2025 publiqué un libro sobre comunicación y cultura libre. El capítulo más extenso habla del Fediverso y, en él, se habla de FediWashing y se plantean criterios para considerar un programa como parte del tejido digital fediversal. ¡Allá van algunos párrafos!

Fragmentos del libro

Oportunismo, blanqueo y externalización

Páginas 72 y 73.

Hay grandes empresas como Meta que han descubierto que el Fediverso les sirve para varias cosas. Una es el evidente oportunismo ante la caída de Twitter pero más beneficioso es el blanqueo de cara a la legislación europea. Ahora pueden decir que no son propietarias de ninguna red, que participan de un ecosistema federado y plural. O sea, que ya no son un jardín vallado y que contribuyen a los estánderes abiertos. FediWashing lo podríamos llamar.

Por otro lado, también es muy conveniente que las fedinautas te hagan gratuitamente el arduo trabajo de la moderación. Mientras Meta despide a miles de modera­doras y relaja sus políticas de contenido, quien federa con ese nodo en el Fediverso, corre el riesgo de tener que moderar sus publicaciones. Resulta ser una gran jugada esto de externalizar la moderación.

Ser o no ser...

Cuando Meta dice que forma parte del Fediverso, en verdad, solo usa el protocolo ActivityPub para su beneficio. Como mínimo, para formar parte de este tejido social libre y federado, tendría que publicar el código de la herra­mienta. Y no es el caso.

Otro aspecto que podríamos considerar para decidir si un cacharro es o no fediversal, sería el grado de privacidad que garantiza o no por defecto. Para crear una cuenta en Threads hay que dar el número de teléfono pero en las herramientas fedi­versales con un correo es suficiente. Otro aspecto a considerar sería la gobernanza en el desarrollo: si una herramienta depende exclu­sivamente de fondos que provienen de capital de riesgo o de grandes tecnológicas, es más probable que sea un parásito fediversal que una herramienta convivencial.

Comentarios adicionales

Sé que es inevitable, pero me duele mucho, muchísimo que haya gente que descubra el Fediverso a través de Meta y sus palmeros.

Quizás porque soy de la época de “cuando todo esto era campo”. Aterricé en el Fedi en setiembre de 2014 y llevo explicándolo por escrito, almenos, desde 2018. ¡Si hasta he escrito un libro enterito!

No lo vi nacer pero lo vi crecer, reproducirse, extirparse. Con Meta, asistimos a cierta fagocitación (EEE lo llaman: Embrace, Extend, Extinction). He presenciado un porrón de olas y FediDramas que parecen lágrimas en la lluvia. Y no dudo de que me moriré yo antes.

Larga vida al Fedi manque pierda :)

Licencia de esta publicación

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from olivermusico

Flores en mi balcón

Hace días que estoy intentando retomar el blog. Cuando puedo, donde puedo. De hecho, he comenzado dos veces unas entradas muy prometedoras, que he dejado a medias esperando retomar... pero las dos veces me ha pasado que no se han guardado en los borradores... Entonces, vuelvo a comenzar. Hoy me he despertado con un sueño relacionado con mis coros, estaba en un ensayo con niñas de la ESO y les reñía (siempre de manera lo más simpática posible) un poco porque he estado todo el fin de semana intentando que me contesten para inscribirles a un concierto muy chulo que compartiremos en el verano en Girona. El sueño se convertirá en realidad, porque de aquí a un rato tengo ensayo con ellas y les diré exactamente lo que les decía en el sueño. Hace tiempo que mis sueños empezaron a ser muy concretos y relativos especialmente al trabajo, señal de que la vida está relacionada en este momento casi 100% a ello, no sé si es bueno o no, es como es en este momento, pocas cosas pueden cambiar y tampoco tengo ganas de que lo hagan. Hace unos meses, después de la última entrada del blog, me mudé. Nos mudamos. Vuelvo a tener mi espacio propio y también el compartido con la persona que he elegido para compartir el lado de la vida que nadie ve. El lado que tiene luces y sombras de la vida cotidiana, eso que no mostramos en las redes de exposición social. Justamente ahora recibo un mensaje que me invita a preparar el desayuno porque ella ya vuelve. He aprendido a guardar los borradores. (pausa de 3h) He vuelto del ensayo con el cual he soñado esta noche... he hecho lo mismo del sueño, ha salido casi todo igual, sus reacciones, las caras, las opiniones. Lo único malo es que no he podido gestionar el resto del ensayo como quería, no ha sido un ensayo perdido, pero el plan no ha funcionado. La próxima intentaré hacer menos y mejor. Para la próxima entrada quizá pensaré si seguir con estos vómitos de letras sin conexión o escribir algo más útil para quien lo lee. O que al menos se pase un buen rato. Ya veremos.

 
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from ✿ Petals of Kamila

Naked, I don’t try to be desirable. I just exist, and somehow that feels more dangerous than seduction.

A person sits curled on a bed in warm, golden light, knees drawn close to the chest and arms loosely wrapped around the legs. Long, darker blonde hair falls forward, catching the sunlight. The body is mostly in shadow, with soft highlights tracing the shoulders, thighs, and collarbone. The pose feels intimate and protective, suggesting quiet solitude and vulnerability rather than exposure. The room is minimal and calm, filled with late-afternoon or morning light that gives the scene a cinematic, tender atmosphere.

There are things I only believe when I am naked and alone, when my body is no longer negotiating with the world, when nothing is shaping me into something useful, pretty, acceptable, or legible. Clothes feel like agreements I never remember signing. They ask me to perform coherence, to choose a version of myself that can be consumed without confusion. Sometimes I think I wear them to disappear. But when I undress, when fabric falls away and air touches places that are usually hidden or managed, something inside me exhales. My shoulders drop. My breath slows. My thoughts stop trying to be impressive. I become unedited. Nakedness isn’t about sex first, even though it is erotic in a quiet, honest way. It’s about confession. It’s about letting my body speak without translation. I start to trust myself differently. I start to believe that I was never meant to be efficient, never meant to be tight, contained, or perfectly resolved. I believe I am enough without being arranged. I believe softness is not a weakness but a state of safety, and that safety itself is one of the most intimate things I can give myself.

When I’m naked, I believe desire isn’t dangerous. I believe suppression is. I feel how my skin holds memory, how my hips remember being wanted, how my spine remembers being held, how my breath remembers slowing down in the presence of something true. Pleasure stops being a performance and becomes information. It tells me where I am alive, where I am closed, where I am afraid, where I am brave. My body knows things my mouth learned to lie about. My body forgives me faster than my mind ever does. There is something almost shameful indecent about how gentle I become with myself in those moments, how I touch my own arms, my stomach, my thighs not to arouse, but to reassure. To say: you are allowed to exist without explanation. You are allowed to want without turning it into a story that makes others comfortable. I believe I am not too much. I am just uncontained, and that has always scared people more than it ever scared me.

Alone and naked, mirrors change. They stop being judges and start being witnesses. I look at myself without urgency, without the need to improve or correct. I see a body that has carried curiosity, hunger, softness, stubbornness, longing. I see a body that has been brave in quiet ways, that has trusted, that has opened, that has closed again when it needed to. Shame gets quieter when I am undressed. It loses its language. It has nothing to cling to. I believe some truths only arrive when there is no audience, when there is no possibility of being interpreted too early, when nothing I feel has to be turned into a performance or a warning label. Being seen too soon ruins things. Some parts of me need darkness and privacy to stay alive. Solitude is not loneliness in those moments. It is where I remember my shape, not just physically, but emotionally, erotically, spiritually.

There is something deeply erotic about not being watched. About being so alone that desire no longer has a target and becomes a temperature instead. A hum in the body. A softness between my thighs that doesn’t need a story. A warmth in my chest that doesn’t need to be understood. I don’t touch myself to consume pleasure. I touch myself to stay present. Sometimes not even that. Sometimes I just let my skin feel air, let my breasts rise with breath, let my stomach soften without being pulled in, let my body exist without being arranged for love or lust. I believe this is my most honest form. The version of me that would never survive being explained. The version of me that doesn’t want privacy, but control. Control over what I give, when I give, how much of my inner world becomes visible.

Naked and alone, I believe I don’t owe anyone coherence. I don’t owe neat identities, clean narratives, or digestible contradictions. I am allowed to be unfinished. I am allowed to be sensual without being sexual, sexual without being available, soft without being small. I am supposed to make sense. I am allowed to trust my body more than my opinions, because my body has never tried to impress anyone. It has only tried to feel true. And in that truth, I feel more powerful than I ever do when I am dressed, composed, and understood.

 
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from El Barrizal

por Dan Fischer

Traducción del original publicado en la revista Earth First! Journal en 2018. Hemos querido traer a la actualidad este texto después de la noticia sobre Veronika y el uso de herramientas para mostrar que las vacas tienen agencia propia e intereses y sí, también se rebelan. Animamos a descubrir casos más allá del 2018 hasta el presente.

Foto

Foto: Tres bisontes y una vaca miran hacia la cámara.

De otoño de 2017 a primavera de 2018

A veces, las vacas se niegan a ser convertidas en simples mercancías. Corren, se defienden e incluso aprenden a ser salvajes. En todo el mundo, las vacas se han resistido al cautiverio y al sacrificio. Nos han enseñado que las vacas son meros objetos, y normalmente pensamos poco en cómo son confinadas, marcadas, torturadas, castradas, descornadas, preñadas a la fuerza y ​​sacrificadas para que las empresas puedan vender su leche, carne y piel con fines de lucro. Lo cierto es que las vacas son sensibles, inteligentes, sociables, juguetonas, ingeniosas y, a veces, indignadas. El otoño pasado, una vaca en Polonia huyó de la granja que la esclavizó y se adentró en el primitivo bosque de Bialowieza. Este es un bosque peligroso para un animal doméstico, ya que lobos hambrientos lo recorren y el follaje escasea en invierno. Por suerte, la vaca encontró un grupo de cincuenta bisontes salvajes que la aceptaron en su manada. Fue vista con los bisontes una vez en noviembre y otra en enero. Parece que la protegieron de los depredadores y le enseñaron a sobrevivir en el bosque.

En septiembre, se informó que un toro inglés llevaba tres meses suelto, “causando caos y eludiendo a la policía”. En octubre, una vaca en el estado de Georgia se cansó de que la empujaran y se negó a moverse cuando un granjero intentó moverla. En cambio, le embistió contra una valla una y otra vez. El granjero fue declarado muerto al ser llevado a urgencias. En Nueva York, un toro fugitivo vagó por Prospect Park antes de ser enviado a un santuario de animales en Nueva Jersey. En el Gran Manchester, Inglaterra, cincuenta vacas escaparon y, según informes, “se descontrolaron” en los suburbios antes de ser capturadas.

En diciembre, una vaca en Alemania escapó de un matadero. Prefiriendo morir libre a en una cadena de montaje, caminó hasta las vías del tren en Buehl y permaneció allí más de una hora. Se negó a moverse, lo que provocó que un tren expreso se detuviera. Finalmente, un cazador llegó y mató al animal. Los periódicos calificaron de “inútil” el intento de escape de la vaca, pero al menos no murió sin oponer resistencia.

Ese mismo mes, Hermien, la vaca, estaba siendo cargada en un camión con destino a un matadero en los Países Bajos. Escapando de sus captores, huyó al bosque, donde se ocultó durante más de un mes. Solo salía de noche. Quienes apoyaban a Hermien recaudaron suficiente dinero para comprarla en la granja, y tras su captura en febrero, fue llevada a un santuario donde vivirá el resto de sus días en paz.

En enero, una vaca en Polonia que estaba siendo cargada en un vehículo que se dirigía a un matadero atravesó una valla metálica y corrió hacia un lago. Cuando un granjero la persiguió, se resistió, rompiéndole el brazo. Luego entró en el lago y nadó hasta una isla. Cuando los bomberos intentaron rescatarla, escapó a una península cercana. Fue capturada casi un mes después de su escape y murió durante el transporte. En febrero, un rebaño de unas setenta vacas se escapó a una importante carretera inglesa, causando un tráfico intenso. Se dice que otro rebaño de vacas fugadas causó caos en la ciudad irlandesa de Bailieborough.

En marzo, una vaca en Escocia estaba a punto de ser llevada al matadero cuando saltó una puerta de metro y medio para escapar. Derribó al granjero y corrió hacia el corral. Otras siete vacas la siguieron, pisoteando la cabeza del granjero. Este murió. Ese mismo mes, unas doce vacas inglesas escaparon de un campo tras unas fuertes inundaciones.

En abril, alrededor de una docena de vacas escaparon de un camión volcado en Oklahoma. Un rebaño de vacas escapó brevemente en el condado de Durham, Inglaterra, pero el granjero las acorraló rápidamente. En Texas, una vaca escapó de una granja con su ternero, cruzando un estanque para llegar a un santuario de animales. “Nadó a través de un estanque con su cría, corrió por un bosque durante horas, hasta que terminó saltando nuestra altísima valla y entrando en nuestro pasto”, dijo un cofundador del santuario. Se recaudó suficiente dinero para comprar la vaca, para que ella y su cría vivan el resto de sus vidas a salvo.

Estas son solo algunas de las historias más recientes, y hay muchas más si se mira hacia atrás antes del otoño de 2017.

En 2010, por ejemplo, la policía de un pueblo del noroeste de Italia intentó acorralar al ganado que pastaba y enviarlo a un matadero. Algunas vacas evadieron la captura y desde entonces han vivido como una manada rebelde. Se han adaptado a la naturaleza. Cuando comen, una vaca monta guardia para advertir a las demás si ve a un depredador. En junio de 2017, quedaban al menos seis vacas, posiblemente más, en la manada.

Muchos saben que la ganadería industrial tiene efectos devastadores en la salud humana, las condiciones laborales y el planeta. Menos saben que los propios animales a menudo se defienden. ¿Qué podría pasar si la resistencia y resiliencia de las vacas se volvieran de conocimiento común?

 
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from VirginiaVictoria

Viajes dispersos: comodidad, mudar piel y pertenencia

Como si de un viaje disperso se tratara, vamos escogiendo cruces de caminos. A veces no recuerdas ni haber elegido. Otras temerás que sea la elección incorrecta durante noches que te cuesta dormir. Por qué en estas tres bifurcaciones que encuentras escoges el camino escogido: azar, el baile de la luz del sol o el viento en las hojas, o la curiosidad por acercarse a una silueta en lo lejos.
A veces la vida te seduce hacia sitios. A veces la muerte viene y te abraza.

Lado opuesto del espectro: en estos tiempos parece que tendemos a creer que pensar, planificar y dedicar tiempo a predecir todo mucho y bien bien bien nos ayudará a controlar y a cosechar más eficacia en el camino. Perversa creencia, creo yo, mira lo que te digo. Le veo expulsar potencial y vida. Le veo.

Hay tanto que podría decir que no sé por donde empezar, así que sigo caminando y escojo caminos al azar, dispersa, con ganas de invitarnos a ser canal abierto cada quien, y jugárnosla por el camino.

Comodidad, mudar piel, pertenencia.

** Comodidad **

Khalil Gibran – El profeta (1923) – De las casas:

[...] ¿qué tenéis en esas casas? ¿Qué guardáis tras puertas y candados? ¿Tenéis paz, el ánimo sereno que revela vuestro poder? ¿Tenéis recuerdos que como lucientes arcos unen las cimas de la mente? [...] Decidme: ¿tenéis eso en vuestras casas? ¿O solamente comodidades, y ansia de comodidad que a escondidas penetra en la casa como advenedizo y luego se convierte en invitado y finalmente en anfitrión? Y ¡ay!, llega a ser el domador, y con látigo y garfio hace marionetas de vuestros mayores deseos. Sus manos son de seda, mas su corazón de hierro. Arrulla vuestro sueño, mas sólo para colocarse junto a vuestro lecho y escarnecer la dignidad de la carne. Se burla de vuestros sentidos para tirarlos luego en el cardal como si fueran frágiles barquillas. En verdad os digo que la concupiscencia de comodidad mata la pasión del alma, y luego acompaña entre muecas y risas el funeral. Mas vosotros, criaturas del espacio, vosotros, los inquietos en el descanso, no seréis atrapados ni domados. Vuestra casa no será ancla, sino mástil. No será la cinta brillante que cubre la herida, sino el párpado que protege la pupila. No plegaréis las alas para cruzar las puertas, ni inclinaréis vuestra cabeza para no golpearla contra el techo, ni temeréis respirar por miedo a que las paredes se agrieten y derrumben. No habitaréis tumbas hechas por los muertos para los vivos. Y aunque vuestra casa sea magnífica y espléndida, no aprisionará vuestro secreto ni encerrará vuestros anhelos. Porque lo que en vosotros es infinito, habita en la casa del cielo, cuya puerta es la niebla de la mañana y cuyas ventanas son los cantos y los silencios de la noche»

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Mudar piel

Tiempos de humildemente saberse sin el derecho a la comodidad (digo con el lenguaje corporal dirigido en especial a las personas blancas payas de clase media alta de la sala). Hacerse tolerantes a la incomodidad. Mudar piel pica y escuece y hay que rascarse contra paredes de roca y cortezas rasposas; y pedir a otra criatura que tire de ese cacho que no sale solo y que cogerá carne y hará sangre y ver como cura la herida día a día, lo que tarde.

El viaje de mitigar poderes de dominio sobre en el ecosistema, entendiendo a las criatura humanas como guardianas de un bien común ecosistémico, es incómodo. Hay muerte. Hay mierda. Te hace fuerte.

Se levanta el telón y las esperanzas, aunque pasivas, dejan de poder ser ciegas, a no ser que sea por negación (que no puede ser más habitual en la naturaleza de nuestra condición, de duelo, de incerteza, de miedo, de dolor).

Se levanta el velo, apocalipsis: colapso y regeneración.

Por defecto criaturas humanas vivas ahora tendemos a polarizar binario y extremo: todo o nada (por ejemplo). Esto es en cómo imaginamos, soñamos, respondemos, reaccionamos. Está impreso en nuestros sistemas nerviosos que se alteran alerta, con razones de sobra. Invitarnos a más allá de esto, terceras vías... es camino que tienen sus ritmos impredecibles y que involucra a TODO el ecosistema. Que la sabiduría colectiva busque con cariño el viaje. De mudar pieles.

Que recordemos la vida y la muerte; la vitalidad y la descomposición, como parte tan agente de cambio como vemos al ser humano, en esta aventura de ojalá bien común.

“Y si un día para mi mal viene a buscarme la parca, empujad al mar mi barca con un levante otoñal y dejad que el temporal desguace sus alas blancas... [...] mi cuerpo será camino, le daré verde a los pinos y amarillo a la genista”

J. M. Serrat – Mediterráneo

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Pertenencia

El ecosistema ha estado preguntándose sobre pertenencia. Ofrendando reflexiones y mensajes sobre pertenencia. Vomito aquí los que emerjan ahora, sin darle muchas vueltas, para que queden en el poder potencial de la reflexión colectiva de quien las toque.

  • La pertenencia es una necesidad.
  • La pertenencia a veces se confunde con posesión.
  • Las políticas de identidad que nos dan sentimiento de pertenencia, ponen cajitas como condición.
  • ¿Puedo pertenecer si este pertenecer no es un compromiso mutuo a acompañarnos en los caminos de coliberación que tenemos que andar para poder estrivar hacia ser en auténticidad? Sabiendo que la autenticidad es vitalidad hecha juego, en alegría o en profunda pena o entre medias, y que hay grandes fuerzas que la canibalizan, y desde la infancia lo hacemos todas nosotras, por adultismo, por rigor y “hay que ser BUENAS y civilizadas”, Wetiko, por supremacía blanca paya, etcétera.
  • La libertad nos confunde, probablemente por el jaleo de los dogmas incosncientes de la religión del dinero y sus balanzas de valor, “libre” mercado, y el uso y abuso de la libertad por aquellas criaturas humanas que juegan al dominio sobre sin mucho escrúpulo, compasión o sentido común (humano y más allá de humano).
  • La pertenencia puede sentirse en plenitud solamente si nos queremos mutuamente libres desde el deseo sincero en nuestro corazón. Si nos honramos en autenticidad. Como sea que venga, loka o cuerda o caótica o serena y todo entre medias.
  • La pertenencia más allá de las realidades sociales humanas, es saberse parte suficiente del todo. Y parte única.
  • El fluir de las cosas es un hecho. Forma parte de nuestras existencias de hace muuuuucho tiempo el querer fijar las cosas para sentirlas certezas. En un todo incierto y fluido... de un misterio indescifrable. De un tejido en el que las fronteras son porosas.
  • La pertenencia es quizás volátil. Quizás como un gas. ...

Este vómito de frases mana de conversaciones y veo que del libro de Alan Watts “la sabiduría de la inseguridad” (1951) y del libro de Andreas Weber “matter and desire – an erotic ecology” (2017) entre otras cosas que a saber.

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Parte del amor dice: “las cosas van a ir a mejor. Estoy segurx de ello.”

Seguimos levantándonos. Shhhh. A veces levantarse es cavar. Hondo. A veces es no ver nada. Que no te frustre estar perdide. Cómo menos podríamos estar. Y eso no significa, aun perdide, que no se esté donde toca estar.

Cabeza alta y ofrendas humildes,

V. V.

 
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from ✿ Petals of Kamila

I don’t want to be respected. I want to be understood — and those two things have never loved each other.

A person standing in a steamy bathroom, wrapped in a white towel, taking a mirror selfie with a smartphone. Their hair is wet and loose, skin softly lit by warm light, with condensation and tiled walls in the background. One hand holds the phone while the other rests lightly against their chest, creating an intimate, quiet, just-out-of-the-shower moment.

Respect has always felt like a polite distance masquerading as virtue. Like someone standing just far enough away to avoid being touched, nodding with approval, saying you’re impressive, while silently hoping I never lean closer, never let my voice crack, never admit how much of me lives below the neck. Respect is clean. It keeps its hands to itself. It doesn’t ask questions that might ruin the illusion. It doesn’t stay long enough to smell fear or desire or need.

Understanding, on the other hand, is invasive. It requires proximity. It demands that someone sit close enough to feel heat rise off my skin when I speak. It asks them to stay when I contradict myself, when I want tenderness one moment and intensity the next, when my body knows something my intellect hasn’t caught up with yet. Understanding means being willing to witness the unedited version — the one that doesn’t resolve neatly, the one that keeps changing shape mid-sentence.

And people say they want that, until it actually shows up.

I have been respected most when I was smallest. When my softness was ornamental, when my desire stayed symbolic, when my emotions were well-behaved and useful. I learned, without anyone ever saying it out loud, that approval came easiest when I translated myself into something legible. Something digestible. Something that could be admired without consequences. I learned how to sand myself down into coherence, how to sound profound without sounding needy, how to be sensual without making anyone uncomfortable, how to be honest in a way that never actually risked rejection.

For a while, I confused that with safety. I thought being respected meant being protected. I thought it meant I was finally doing something right.

But it doesn’t. It just means being managed.

Respectability is a cage lined with compliments. It tells you you’re doing so well, that you’re admirable, that you’re such a powerful woman — as long as you don’t lean too hard on anyone, as long as you don’t want too much, as long as you don’t bleed in public. It rewards restraint and calls it maturity. It praises composure and calls it strength. It flinches the moment a woman admits she is driven by appetite as much as principle.

And I am driven by appetite. For closeness. For sensation. For truth that lives in the body, not just the mind.

Understanding me would require people to admit that I am not tidy. That I can be reflective and impulsive, gentle and confrontational, deeply romantic and unapologetically physical. That my longing does not cancel out my intelligence. That my softness does not make me weak. That my desire is not a flaw to be outgrown but a language I speak fluently.

Understanding me would mean accepting that I don’t exist to be exemplary. That I don’t want to be an example at all.

So instead, people offer respect. They offer distance. They offer advice about tone. They suggest I’d be taken more seriously if I softened this edge, blurred that detail, kept certain things implied instead of spoken. They frame it as care, as concern, as guidance. But what they’re really asking is for me to make myself easier to consume.

Be less alive, they say, without using those words. Be less inconvenient. Be less felt. Be easier to digest.

I am done agreeing.

Here is the part that costs women the most when they finally say it out loud: I would rather be misunderstood for who I am than respected for who I am not. I would rather repel people with my honesty than attract them with a performance. I am no longer interested in dignity that only survives at a distance. I want the kind that can handle proximity. The kind that doesn’t collapse when desire enters the room. The kind that can hold eye contact when I say I am soft and hungry, emotional and lucid, loving and self-possessed.

I am not trying to be safe. I am trying to be true. And truth is rarely polite.

There is a specific violence in how women are taught to trade depth for approval. We are told, subtly and constantly, that our worth increases the more contained we become. That intimacy should be curated, that longing should be disguised as metaphor, that wanting too openly makes us unserious. We are praised for our insight as long as it never gets embodied. We are celebrated for our voices as long as they don’t shake.

The moment I speak from my nervous system instead of my strategy, the room shifts. The respect drains out like air. People get uneasy. They reach for labels — too much, oversharing, attention-seeking. As if there is something indecent about letting life show on the surface of the skin.

I stopped arguing with that reaction a long time ago. Now I treat it as information.

Because the truth is, respect is often just fear with better manners. Fear of being implicated. Fear of being pulled closer than planned. Fear of having to feel something instead of just agreeing with it. Understanding is riskier. Understanding asks people to stay when the image cracks. To sit with contradiction. To accept that a woman can be both deliberate and messy, thoughtful and impulsive, deeply ethical and unapologetically sensual.

I am all of that. I refuse to amputate parts of myself to make the picture cleaner. I refuse to self-edit into something survivable.

Some people will unsubscribe because of this. I can already sense them — the ones who enjoyed me as an idea, as an aesthetic, as a voice that said interesting things without ever demanding anything back. They wanted proximity without intimacy. They wanted truth without heat. They wanted me at arm’s length, beautifully composed.

This is me stepping closer.

If that makes you uncomfortable, you’re allowed to leave. I am not lowering my voice to keep you. I am not flattening my body into metaphor so you can nod along without feeling implicated. I am not interested in being palatable at the cost of being alive.

Because the people who stay — they don’t respect me. They recognize me.

And recognition is warmer. It’s messier. It’s dangerous in the best way. Recognition doesn’t clap politely from the sidelines. It leans in. It listens without flinching. It lets itself be changed.

I am not a lesson. I am not a role model. I am not a brand dressed up as a woman.

I am not here to behave.

I am a living nervous system with a voice. I write from inside my body. I choose understanding over approval every single time. And if that costs me admiration, followers, or respectability, so be it.

I was never writing to be kept. I was writing to be seen.

 
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