VirginiaVictoria

De exploración e iteración: qué siginifica ser humane en este tiempo, catarsis, fe, miedo, movimiento.

Identidad como ecosistema

Nota previa: Dice la canción de Gabo Ferro que Irse es volver a volver. Me fui y dejé de honrar lo que quise que fuese ritual. Es igual. He vuelto. Ni siquiera es jueves. He vuelto. Vamos allá.

Primero, al viajar como viajara años atrás a ese lugar que fue hogar durante tantas vueltas al sol, el olor en sí ya me trajo sensación vibrante y un “has vuelto”.

Lo segundo que viene es el abrazo de cuerpos que hacía años que no habías tocado, su energía, su manera de mirarte y quererte. Algo vuelve a ti, entonces. A lo mutuo de la existencia. Nos vemos.

Tercero. Se hace extraño volver a fluir en ese lenguaje, y a la vez, algo en la voz que sale de mí a través de ello me cambia las maneras. Ese lenguaje que, en la historia de lo vivido en este cuerpo, fue canal de transformación profunda: de búsqueda de identidad, de hacerme sentirme de ya no cría más, sino mujer; lengua de declararme en rebelión abierta; lengua de brujería, reino plantae y reino fungi. Lengua de lo eterno.

Cuando pasaron unos días en mi viaje por aquella isla, me vi sorprendida de lo mucho que mi identidad se sentía distinta a la que “me definía” en la península de la que procedía esta vez y de la que migré hacía unos años antes de volver a volver. Me pregunté ¿por qué? ¿para qué?.

Y entonces vino la pregunta: ¿Puede ser que identidad se comporte como ecosistema? (nota: esta idea no es originaria mía. La he oído de varias voces en varios momentos. La pregunta no me la había hecho nunca en serio, creo)

...

¿Qué te emerge al pensar en identidad?

A mí, sin pararme a pensar ahora: soledad, yo, pertenencia; algo que te encaja, te etiqueta y te aprieta. ¿Trabajo?. Statu quo. Inercia. Contra corriente. Cultura. Contracultura. Trauma. Revolución. Superficie. Ancestral.

...

Nada más llegar de vuelta a la península que vio este cuerpo nacer, abrazo el libro de Andreas Webber: “Matter and desire, an erotic ecology (1)” /Materia y deseo: una ecología erótica. , que me tiene como bajo encantamiento, y me toca el capítulo que se llama Embrace / abrazo.

Vengo a traducir aquí algunos cachos de los que me hicieron retumbar al leer, pensando en esto de identidad como ecosistema.

En este libro Weber investiga desde el EROS, entendido tradicionalmente como el impulso hacia ti misma, y el impulso hacia la plenitud de los vínculos. El impulso hacia estar viva. Estar viva como experiencia es estar en relación.

Escribe lo que llama una primera aproximación a las “leyes del intercambio erótico”, que dicen así:

Nota: puedes verlas en inglés al pie de esta entrada, bajo el número 2.

  1. Cada participante sólo puede producir su vitalidad por sí mismo y no puede adquirirla a través de otro.

  2. Para sentirnos vivas, debemos dar vida a los demás. El TÚ precede al YO.

  3. La ofrenda del otro es un regalo, no una recompensa por un servicio.

  4. A través de la devolución de este regalo -la otra criatura que me ve en mi realidad- puedo llegar a ser lo que soy.

  5. Una relación tiene éxito cuando aumenta la vitalidad de todas.

  6. Una relación tiene éxito cuando todas pueden revelar sus necesidades.

  7. Toda relación es imperfecta. Su imperfección es lo que le permite seguir desarrollándose.

  8. Una relación es unidad en la separación.

  9. Cada miembra del vínculo es dueña de su propia muerte.

  10. Una relación es juego.

  11. Una relación transforma constantemente a ambas miembras del vínculo, de modo que cada una se percibe y se conoce a sí misma a través de un aspecto de la otra.

  12. Una relación es un sistema nervioso.

Ah...

...

Dejo a Weber atrás unos días después y escribo canal. Así:

Identidad, dicen los ecos, es escosistema. Quiero decir, me refiero, a que no se es en soledad casi nada, y el hastio entra por ventanas y puertas como brisa putrecienta y no te deja fluir, ni en refrescante fluir ni en descoponerse, que es vida también. Entonces, identidad es ecosistema, significa para mí sentirme capaz de ofrecer toma de tierra cuando escucho lo que me cuentan, y entonces significo algo para ellas y entonces, nuestra identidad transmuta un poco, ciertamente, y ya no es exactamente lo que era. Nunca estática parece, la verdad, ahora que lo comentas. A la orilla del río, mi identidad es ya no la que estaba perezosa y encerrada hace dos días llena de duelo y hastío, sino la de una criatura humana con glándulas mamarias a la que le gusta sentarse descalza a la orilla del agua, y que se siente tan mamífera como los murciélagos: que la sobrevuelan con sus sonidos de ecolocalización que sin tener ese poder quizás no se pueda entender. Se siente, identidad, apegada a ríos. A más de un río. Cada vez a más. Y se siente identidad que se expande, si pienso en agua. Y va hacia lo subterráneo tanto como a la lluvia, y mi sangre es agua tan sagrada como toda la demás y eso es mi identidad.

Quiero decir, no es que sea mi identidad que vea el mundo así, que creo que en esta era se puede confundir, sino que mi identidad es inseparable de las a veces llamadas “leyes naturales”; de los caudales que implican energía que ni se crea ni se destruye pero que se transforma. Entonces, mi identidad no es persona que cabe en estas cajitas que la narrativa del mundo quiere darme. No. Nada rectilíneo me representa. No siento que me encaja. Que no me encaje, dice la identidad de mí que disfruta vivir, momento a momento, salvaje. No me encajes. Y enseña los colmillos y quiere decirse pila de compost, micelio, mamífera, terrícola, consciente y parte de un universo en expansión, a cada ratico más compleja y que no tendría por qué regirse en búsqueda de belleza y sin embargo lo hace. Y yo también.

Cuando lloro pienso que las aguas que salen de mí son sagradas y que regarán algo. A veces cuento lágrimas que caben en los traguitos que doy.

Mi ecosistema identidad se expande, fractal, tanto o tan pequeño como preciso cuando me paro a mirar. Siempre es más que yo. Y eso no significa que la autenticidad de mi individualidad no sea precisa y crucial: amo el potencial de encontrarnos expresiones de identidad. Es la manera de sernos arte danzante en interacción. Con ser ecosistema la identidad no creo que sea menos individual. ¿Me entiendes?.

Lo digo explícito porque creo que es importante. Esto de que ante la duda asume binario el pensamiento de esta era de humanos en esta parte de este planeta, legado, quizás, de paradigma de blanquitud occidental y su rigurosidad analítica, entre otras cosicas.

¿Ves? En esto identidad es ecosistema también. En las palabras. Uy la lengua que nos limita, estira, aprieta, ahoga y permite pintar escenas.

Hay lenguas antiguas sin sustantivos. Sin nombres propios. En las que todo es verbo siempre. Hay lenguas que no tienen la palabra yo y por defecto asumen el nosotros. La identidad en los ecosistemas lengua. Tanto que escarbar si se desea.

“Tenemos” más bacterias que células propias. En el cuerpo humano viven aproximadamente 100 billones de microorganismos, en una relación esencial de beneficio mutuo y recíproco. Cuidarnos es cuidarles, también. Identidad son sus ecologías.

En fin sin final, es que siento una gratitud inmensa por el camino de los últimos años, que si hago recuento, el no aferrarme a las identidades que esperaba de mí la inercia y permitirme ser fracaso. ¡andar perdida! y compostarme en el ecosistema, a ver qué gusano y moscas soldado y luciérnagas se posaban en mis arenas, me ha traído a sentirme hoy fuerte, grande y extensa. Incluso eterna, diría yo. Como menos relevante lo cierto y más achuchable la incerteza, de que suceda lo que suceda, el campo de vida es ecosistema y yo soy: pertenezco radicalmente, de alguna manera. De todas las maneras. Sin intentarlo ¿sabes?. Quizás no a todos los ecosistemas, claro. Eso se entiende. Pero pertenezco. Y mi identidad se entreteje con la tuya y viceversa y yo, hoy siento gratitud de que así sea.

...

Quiero terminar trayendo un párrafo de lo que publicó el amigo Bayo Akomolafe en Facebook hace unos días que, curiosamente, va de esto. (ver en inglés abajo, en 3).

La modernidad impulsada por el capital es un intento de descifrar al individuo de una vez por todas. Su principal vocación es reducir la complejidad al individuo, comenzar su análisis con el individuo y ver el mundo a través de las lentes de las relaciones de propiedad con el individuo. Es “mi cuerpo”, “mi libro”, “mi alma”, “mi cara”, “mis sentimientos”, “mi elección”, “mi terreno”. Hoy en día, las tensiones hasta ahora aplanadas se deslizan y se abren paso a través de los propios medios del esfuerzo de la modernidad por afirmarse. Con la inteligencia artificial y los deepfakes, por ejemplo, nuestra relación de propiedad con “nuestros” rostros se ve cuestionada por las materialidades digitales: “¿quién es el dueño de tu cara si tu cara nunca ha sido del todo local sino también virtual?”– ¿Quién es el dueño de tu cara si está poblada de ácaros microscópicos llamados demodex que viven en los folículos pilosos humanos, se reproducen en tus mejillas, comen ahí, defecan ahí, se casan ahí, van a la universidad ahí, y probablemente tienen banderas plantadas en los poros? [...] El espacio para una política generativa ya no está dentro o fuera: está entre.

No tengo conclusiones, pero ey, me fue útil y valioso el divagar.

Gracias por darle un ratito a esto. En erótica conexión latiente,

V.V.

Referencias y cachitos en versión original (inglés):

(1) El libro de Weber, en inglés solamente ( http://library.lol/main/f6350d5071e4a29f33691ea88ceabc23 )

(2) (Inglés) A first approximation to he rules of erotic exchange might go somewhat like this:

  1. Every participant can produce his or her aliveness only by hum- or herself and cannot acquire it through another.
  2. In order to experience ourselves as alive, we must bestow aliveness on others. The YOU precedes the I.
  3. The other´s offering is a gift, not a reward for a service.
  4. Through giving back this gift – the other who sees me in my reality – I can become what I am.
  5. A relationship is succesfull when it increases the aliveness of all.
  6. A relationship is successful when all can reveal their needs.
  7. Any relationship is imperfect. Its imperfection alone is what allows it to continue developing.
  8. A relationship is unity in separation.
  9. Each partner is the owner of his or her own death.
  10. A relationship is play.
  11. A relationship constantly transforms both partners such that each percieves and comes to know him – or herself through an aspect of the other.
  12. A relationship is a nervous system.

(3) “Capital-driven modernity is an attempt to figure out the individual once and for all. Its principal vocation is to reduce complexity to de individual, to begin its analysis with the individual, and to see the world through the lenses of propertied relations with the individual. It is “my body”, “my book”, “my soul”, “my face”, “my feelings”, “my choice”, “my land”. These days, hitherto flattened tensions are creeping up and breaking through the very means of modernity´s exertion to assert itself. With artificial intelligence and deepfakes, for instance, our propertied relationship wit “our” faces are called into question by digital materialities: “who owns your face if your face has never been entirely local but also virtual?”- Who owns your face if it is populated with microscopic mites called demodex that live in human hair follicles, reproduce on your cheeks, eat there, defecate there, get married there, go to college there, and probably have flags planted in the pores?. […] The space for a generative politics in no longer within or without: it is between.

Sabiduría desde tela de araña

Es un tiempo, para todos los reinos que hemos nombrado en esta tierra, de transformación ¿forzada?. Y para lo que significa en el imaginario colectivo especie humana desde esta esquina del planeta, un tiempo en el que la ciudad nos ha dado forma y pensamos como los muros (creo que le oí decir a adrienne maree brown una vez). Es tiempo de “elecciones” y nos siento temer. Unas, tememos que las inercias de este sistema mundo enfermo arrastran formas de vida hacia dolor violento, extinción y retroalimentan miedo; mientras prometen control, seguridad y certidumbre. Otras, tememos a la incertidumbre y a la inseguridad del caos, a que nos quiten lo poco que tenemos. Me gusta seguir el tronco hacia las raíces y sentirnos que, como personas, “todas queremos seguridad, pertenencia y dignidad” (cito a adrienne maree brown de nuevo).

Cada día puede sentirse como oportunidad para invitar más complejidad a nuestros imaginarios compartidos. Una complejidad que no dé pereza por inmensa de asimilar, sino que nos permita expandirnos más allá de los límites de las cajitas rectilíneas en las que nos tiene por defecto atascadas la modernidad.

Quiero honrar hoy algunas de las voces que me la han ido trayendo este año. Hoy especialmente, quiero honrar la traída por las voces de las gentes con más melanina, las identidades queer que expanden los límites, mujeres, lo más allá de la humanidad.

Allá va.

Joanna Macy(1) (y la gente con la que co-creó “el trabajo que reconecta”) fue la primera criatura que me dijo que en la incertidumbre se puede hallar una manera de hacernos más fuertes. Según la miremos, puede traernos al momento presente y ayudarnos a honrar el misterio y la aventura que es vivir.

Durante un tiempo fui explorando qué significa vivir fluyendo, creyendo que a donde vamos no hay caminos, ya que las transformaciones que necesitamos en cuanto a qué significa ser humano y cómo habitamos este ecosistema tierra son de una magnitud no explorada... ¿en la historia?. Durante un tiempo, pues, sin caminos, pensé que la manera era zambullirse en lo desconocido, siguiendo la intuición y el instinto, en lo que llamé “salto de fe” (pero eso va en otro momento).

El caso es que cuando encontré este texto de María Zambrano(2) encontré una grieta en medio de la falsa dicotomía de “o con caminos trazados o sin dirección alguna. Me trajo la idea de los cauces. Dijo “Y el cauce es necesario al río, que sin él no habría río, sino pantano. Las aguas al evadirse tendrían un instante de ilusión de haber alcanzado libertad, de haber recobrado la integridad de su potencia. Mas, la potencia se iría agotando ante la falta de límites, aun sin más obstáculos que la extensión ilimitada, la furia del agua encauzada descendería vencida sobre el plano ilimitado. El cauce hace al río tanto como la furia de la corriente del agua que por él pasa. Y bien está que la vida se nos precipite corriendo, la huida del simple permanecer físico cayendo en los senos del tiempo, la angustia de pasar se transforma en gozo de caminante.”

Exploraba entonces la importancia de ir visionando futuro ¿sí? Un poquito más allá de donde estamos, quizás, soñando ambicioso más lejos. Se dibujó en mí imaginación un cuerpito como el mío siendo río y cauce a la vez, tocando toda tierra y bacteria y planta y ser que tocaba momento a momento, como en ese viaje, alumbrándose un poco sobre la marcha y, a veces, cuando la luna brillaba más clara, un poquito más. Dibujar los cauces que veo en mi vida, con sus afluentes y los ríos que son otras vidas, me supone una práctica ritual cada mes que me alivia.

Casi como un rezo*, que me traía Layla Junerezo, como un acto de amar a alguien”. Como mi manera de amar la vida y desearnos prosperar; sentirme responsable y hacerme cargo. Así. También decía que “cuando estás en un estado de amor, eres devuelta a tu estado natural” “amar llama a la creación”. Ah…

Fue Clarissa Pinkola Estess (3) en Las mujeres que corren con lobos la que me trajo como ofrenda la comprensión de la vida-muerte-vida como ciclo de las cosas. Sí. También me lo trajo entender el ciclo de las plantas, que yo entendí con claridad a través de entender cómo vive el diente de león.

También dice Zambrano que “y es que parece ser condición de la vida humana el tener que renacer, el haber de morir y resucitar sin salir de este mundo.”

Octavia Butler escribió entre novelas que “Dios es cambio”. Y Donna Haraway(4) que necesitábamos “permanecer en las turbulencias”, “quedarnos en los problemas”: con su “staying with the trouble”.

Yo quise entender que es fortaleza practicar para ir sintiéndonos más capaces de sentarnos en lo incómodo que es atravesar lo que necesita transformarse. Acoger lo otro. También. Quizás. No sé. Donna Haraway dijo esto:

Quedarse con el problema significa hacer oddkin (familiar lo extraño); es decir, nos requerimos unos a otros en colaboraciones y combinaciones inesperadas, en montones de compost caliente. Nos convertimos – unos con otros, o nos convertimos en absoluto”.

Fue Sophie Strand (5) quien me trajo esto de Donna Haraway y juntas le dieron relevancia en mi cosmovisión al compost. Aprendí y sigo aprendiendo muchas cosas. Me ofreció la evidencia de que parte del sistema neurológico de las arañas se encuentra en el tejido de su tela; que una ruptura en ella podemos imaginar que supone un ictus. Desde ahí me invitó a preguntarme qué sabiduría puedo encontrar del entorno/ecosistema que habito, desde la misma puerta de lo que llamo casa en cada momento: desde la mosquita más pequeña hasta el liquen del árbol de la jardinera del lado de la carretera. Qué sabiduría ofrecen las especies invasoras. Así que a veces expando mis redes y les voy preguntando desde el lugar que me toque habitar. Ah…

Me tuvo que decir, claro, que las respuestas que puedan ofrecerme no se tendrán por qué recibir a los ritmos de mi sensación subjetiva de urgencia, ni vendrán en forma de hilo lingüístico ni puedo, probablemente, esperar oírlas… sino que recibir sabidurías de especies que no son la humana será un juego de su propio tiempo, y que requerirá de mí mantenerme abierta y atenta a todos los canales de recepción que soy: porosa. Porosa como las células de las hifas del micelio, que mantienen el suelo unido en su fertilidad viva.

También me trajo que las historias que nos contamos necesitan bucear en las tierras de cada ecosistema y nutrirse de ellas para tener poder en las narrativas que contamos. Que en la tradición oral esto pasaba todo el rato y la escritura fue descontextualizando las historias (y las culturas dominantes colonizándolas hacia sus inercias).

También me invitó a arrancarme del pecho la relevancia del viaje del héroe y dejar de poner sobre mis hombros el peso de salvar a nadie. Tanta importancia, tanta importancia. En su lugar, me invitó a muchas cosas que quizás cuente otro día, pero que vienen a significar ir convirtiéndose, una misma y el camino, en buen compost. Pero más de esto en otro lugar.

Creo que vengo a decir que parte de lo que nos podemos sentir necesitar en este tiempo es romper con el excepcionalismo que le hemos otorgado a lo humano hegemónico, con sus rectilineridades coloniales, blancas, adultas, patriarcales… etc. en su inercia cultural supremacista aka. El paradigma de “dominio sobre”. Estas inercias nos tienden a absorber todo el rato a todas y me parece relevante ser conscientes de ello en nuestro paso a paso.

Quizás necesitamos retroalimentarnos AMAR(nos)

bell hooks(6) me dijo que “en el momento en que elegimos amar empezamos a movernos contra la dominación, contra la opresión. En el momento en que elegimos amar empezamos a movernos hacia la libertad, a actuar de forma que nos liberemos a nosotros mismos y a los demás.”

Quizás traer el tema de amar os hace sentirme ingenua. Creo que no tiene por qué verse así. Pero hay cierta conexión necesaria, y me lleno de entender que lo que sucede como inercia de paradigma dominante es lo contrario a amar, en realidad, me ayuda a sentir la fuerza de hacerlo.

Lo que sucede y cauces posibles los ve y trae con precisión concentrada Vandana Shiva. Ella me enseñó como la globalización del dominio occidental trajo paso a paso una historia en la que primero destruimos la bioesfera, y segundo trajimos la idea de dispensabilidad (no la necesitamos). No deja de decir que la extinción no está pasando: la están haciendo pasar de manera dirigida. “El 99% de la humanidad está siendo empujada a ese nivel de negación de la vida”, decía, mientras hablaba del nivel de suicidio de agricultores en India en el año 2021. Habla con claridad de como estamos habitando “un mundo dominado por los intereses de corporaciones poderosas”. “Necesitamos una nueva solidaridad, entre toda la vida. Dominamos demasiada de la conversación”.

Me invita a preguntarme ¿Solidaridad es amar es solidaridad es amar...?

Entonces ¿Qué hacemos?

Lyla June dice que “cuando amamos estamos creando la oportunidad para que ellos vean su comportamiento y sientan amor (es productivo para todo el mundo)”.

Joana Macy, en una de las últimas veces que la vi hablar en directo, a sus 90 muchos ya, me invitaba a estar “Tan abierta a la vida, que sintamos lo que nos pertenecemos las unas a las otras, incluso a través del dolor”. “Necesitamos abrir nuestro corazón cuando hablamos. Necesitamos preguntarnos si estamos escuchando.” Decía a las ahí reunidas “Estamos plenamente aquí, con el corazón abierto”. Nos invitaba a preguntarnos “¿Cómo nos acompañamos y ayudamos a romper el silencio?”

Abrimos espacios ruptura, que sirvan a honrar el dolor, sí. ¿y el placer? Ah, el placer me lo trajo la bellísima criatura arte que es Brontë Velez.

Dijo “Quiero estar en mis sentidos / I want to be in my senses”, como una invitación a sacudirnos el modo piloto automático que nos dicta la modernidad. Y me invitó a encontrar placer en tiempos de duelo y urgencia. El placer como una meditación diaria, una pregunta hacia lo que me hace sentir más viva, más orientada hacia lo que se necesita. Me dijo que “necesitamos personas haciendo lo que les hace sentir más vivas”, y trajo, desde ahí: límites, con estas preguntas: “¿Qué nos trae placer? ¿por qué? ¿hace daño?”.
Además, dice y yo resueno con que “es este estado orgásmico de estar vivas hacia lo que nos sentimos atraídas las personas” y, quizás, nuestro mayor potencial resida en ser redes de apoyo que nos permitan romper con lo dado para acompañarnos a realidades que nos permitan esto. La capacidad de soñar(nos) algo distinto hasta que sea (to dream something “into being”).

Un rezo, de Brontë:

Earth: Take me. Tell me. What position do you want me to be? I´m on my knees to the earth. Be your gifts! Power! Pleasure! We need the collective vibration”.

Tierra: llévame. Dime. ¿En qué posición quieres que esté? Estoy con mis rodillas en la tierra. ¡Sé tus dones! ¡Poder! ¡Placer! Necesitamos la vibración colectiva.”

Lo siento. Lo siento tanto... lloraba hace dos días, como una cría. Siento que son tiempos de cambiar de forma, un poquito de shapeshifting. Y las preguntas, quizás las preguntas sean amar y rezo, también, y alumbren, más que las respuestas, en la oscuridad del cauce, río que somos.

Gracias por leer hasta el final.

Tactilmente tratando de retroalimentar amar,

Virginia Victoria

REFERENCIAS

(1)Joanna Macy y Chris Johnstone. Esperanza Activa, 2012 (2)María Zambrano. Hacia un saber sobre el alma, 1987. (3)Dr Clarissa Pinkola Estés. Las mujeres que corren con los lobos, 1992. (4)Donna Haraway. Staying with the Trouble: Making Kin in the Chthulucene, 2016. (5)Sophie Strand. The flowering wand. Rewilding the sacred masculine, 2022. (6)bell hooks. Cultura fuera de la ley: Resistiendo a las representaciones, 1994

*Las palabras que menciono de adrienne maree brown, Lyla June, Vandana Shiva y Brontë Velez las escuché en podcasts, varias de ellas en el podcast que es “For The Wild”. No estoy segura exactamente si todas, porque no anoté en mis cuadernos ese detallito. Sorry.

Un cuento

Hace un tiempo nació este cuento. No sé decir de dónde salió pero es cierto y, hoy, quiere volarse. Allá va.

Estrategia para mitigar el poder

La historia que os voy a contar, cuando la hablaba por aquellos tiempos me decía una y otra vez “y dale con el majareta este. ¡Que es imposible, Román, joder!”. Eso sucedía. Lo hicimos por necesidad y por probar que se habían tragado tal cantidad de mierda del paradigma dominante y su narrativa que les había intoxicado los sesos. Entre eso y que se tiraban las tardes borrachos… Bueno, la historia.

Empezó en este tiempo en la primavera de 2023, cuando parecía que todas las fuerzas del estatu quo querían impulsar que se hicieran huertos solares y eólicos en mitad del campo, y eliminar la necesidad de que hubiese una evaluación de impacto ambiental. Mis colegas del gremio lo hablaban con frustrada indignación todo el tiempo. “Y encima van a poder hacerlo sin ni siquiera mirar a quien se cargan”, y a veces celebraban “Que se jodan esos cabrones, ha salido águila imperial”. Una compañera conocía a una compañera que su trabajo era observar un nido de águilas 8 horas al día, desde la distancia, para avisar si alguno de los pollos volaba cerca de las aspas, que apagaran la turbina 3 o la 7 o la que fuera. Impresionante hasta donde llega el sinsentido cuando se piensa. Al final de la historia que me contaba, por donde yo me quedé, ya había muerto un pollo porque no pararon las aspas a tiempo. En otras historias, como compensación por el daño medioambiental a este lugar, dedicaban dos jornadas a construir un palomar en no sé qué pueblo. Y así. De todas formas la mierda de lo que hacían con el impacto mediombietal era eso. Claro, y como decía al principio, lo que dominaba como creencia compartida es que “estos mandamases entre empresas tienen la pasta y pueden hacer lo que quieran. Poco importan las voces de la gente que pateamos estas zonas, y menos la de los bichos que encontramos que las habitan. Y además nadie sabe que trabajamos de esto ni lo que pasa. Y como los medios funcionan para ellos pues es imposible”. Yo de hecho me pillában por ahí mirando bichos y yo decía que estaba haciendo inspección de molinos porque la gente no lo iba a entender. Luego pensé, joder Román, serás bruto, así alimentas el problema fijo, vamos. Seguro. Y ya empecé a honrar lo que hacía y a hacer ruido. Vamos, que me lío y esa es la historia que os quiero contar.

Estaba ahí en una fiesta con colegas de colegas y había un par de personas nuevas y una de ellas no paraba de hablar de revolución. Que sabía como podía conseguirse diseñar una campaña para transformar hacia donde mira la atención. Mis compañeros le decía ingenua pero algo en mi creyó en lo que decía. A la semana estábamos reunidos con otro par de cabezas y diseñamos una escalada de acciones estratégica.

Lo primero que íbamos a hacer era generar esta formación para que cualquiera pudiese hacer nuestro trabajo, y empezamos a buscar a gente sin curro y chavales, y todo tenía ese toque de resistencia en la narrativa. Empezamos a formar equipos y a llevarnos a gente en horario laboral a aprender de los bichos en la tierra; y recogimos mapeos de zonas de riesgo donde iban a hacer estas aberraciones eólicas y solares y nos íbamos en equipos más grandes (ya no currando) a hacer conteos de especies, y a veces nos quedábamos a dormir por ahí y siempre terminábamos yéndonos a los pueblos de la zona y escuchando a la gente. Juliana sabía sobre algo que llamó facilitación, municipalismo y democracia deliberativa, así que puso en marcha un plan para que comunidades, independientemente de su tamaño, pudieran organizarse, y conocimos además a gente que sabía y hablaba bien sobre energía y empezaron a hacer tours por estos sitios y así se aprendía juntas y siempre llevábamos un puchero enorme y entre los ingredientes que ponía todo el mundo hacíamos comida para todo el pueblo juntes y era divertido y los críos jugaban y aprendimos un montón de los críos y de las viejas y los viejos con las manos llenas de pasado. Como pasaban los días y veíamos que la gente se iba ilusionando por resistir el sinsentido que iba a aniquilar especies autóctonas y a condenar a los pueblos, y como se iba infusionando la revolución gracias a voces que contaban las historias muy bien y tenían fe, pues de verdad que la ilusión se fue retroalimentando y nos daba igual ganar o perder. Pero el caso es que estar ahí tenía todo el sentido del mundo. En este momento estábamos pilotando 3 localidades en 3 equipos, o sea, la resistencia a 3 megaproyectos. Hacíamos cada 3 semanas una reunión que unía a gente de los tres proyectos y conseguimos pasta para financiar esto y que pudiera venir quien sintieran en las comunidades que tenía sentido y yo era super fan de la Mari Pili, que venía a los encuentros en delantal y nos ponía a partir torta de gazpacho mientras hacíamos silencio porque decía que así nos escuchábamos mejor luego. Mi amiga la de la democracia decía que lo de la Pili era mindfulness y embodiment practice versión manchega castiza y que era fan plena y no podía parar de escucharla.

De ahí fuimos migrando hacia pueblos más grandes de la zona e hicimos algunos fanzines con voces como las de Mari Pili y fuimos convenciendo a gente que trabajaba en el servicio postal (porque les llevábamos café en un termo y galletas caseras y les contábamos en un momento) y a gente de asociaciones y de bloques de vecinos que repartieran los fanzines, o incluso que imprimieran los fanzines (muchos lo pagaban de su bolsillo) y los repartieran. Total que en poco tiempo se iba corriendo la voz de esto y en esos fanzines ya venía una fecha para estar en un gran acontecimiento y traer a la familia, y ahí probamos varias cosas para ver cómo funcionaban. Los tres sitios nos servían de piloto, vaya, y todo nos servía para aprender y crecer y de las discusiones y las tensiones aprendíamos lo que más en realidad. Pero nunca dejábamos que nadie se fuese a casa con la sensación de que el grupo le estaba dando de lado por tener otra idea ¿sabes?, porque la gente que sabía facilitar era genial y poco a poco aprendíamos todos que en realidad debíamos traer claridad y honestidad y que el disenso era grande y que nos queríamos igual. Los días grandes. En un sitio fuimos a ver a la empresa encargada un jueves por la mañana y fuimos un montón. Cada día grande se hacía en fechas distintas para que gente de otros sitios pudiese venir. Llevamos para hacer bebidas calientes y comida y algunas se infiltraron en el edificio con mucho teatro y cara dura y fueron seduciendo a los empleados a salir a tomar algo y charlar y escuchar. Y los mandamases nos dieron un “no tengo poder, esto está decidío ya, ¿ves?” pero no escuchamos y seguimos y dormimos y la policía vino pero en realidad no tenía mucho que decir. “Estamos aquí para garantizar vuestra seguridad” es el clásico y aquí nos dijeron eso y nos identificaron. El viernes vino más gente y querían que nos reuniéramos arriba y dijimos que no, que bajasen con la gente que íbamos a facilitar un espacio de escucha empática y que se trajeran a sus colegas que solo uno se siente más débil. Les llamó la atención y lo sabíamos, desde el principio, que no íbamos contra ellos. Que no había guerra. Sino que esta gente tenía el corazón puesto en: estamos en una crisis interconectada brutal, de sequías y pérdida de biodiversidad y económica y energética y esta no es la manera y vosotros tenéis poder y equipo y tecnología para resistir esta manera y encontrar otras y nosotros tenemos ideas y no vamos a permitir que esto suceda así porque sí porque no es la manera. Por la tarde se montó una fiesta y la gente de la oficina por la noche cenó del perol y la Mari Pili se enganchó al brazo del jefe y le escuchaba y le decía “sí, pero demuéstreme usted que me entiende cuando hablo, no me cambie de tema, por favor, que esto es mu serio a lo que andamos jugando” (y por detrás decíamos si es que tendríamos que haber traído la torta de gazpachos). Mientras todo esto pasaba había un equipazo que hacía vídeos de momentazos como Mari Pili jefazo y lo que hablaban de verdad. Dijeron que no los publicáramos pero dio igual. Total, que de que nos dimos cuenta se estaba hablando del tema y aquí todos éramos hermanos. En otro sitio que era un pueblo más joven fue igual la primera ola de acción, pero allí ya estaba más avanzada la historia y ya había maquinaria en tierra, y por la noche se fueron un equipazo que se conocían la tierra como la palma de su mano de tanto recorrerla y llevaban meses tejiendo y entonces cogieron especies autóctonas de plantas y donde las máquinas habían empezado a reventar el suelo lo mimaron, lo regaron y crearon un oasis en mitad de la devastación y se quedaron a protegerlo. Ahí les arrestaron pero llegaban más y de que llegó el viernes había tantas madres y abuelas y abuelos en la zona que se fueron, y desde ahí una comitiva con video de todo esto fue a la empresa y lo compartió, y grabaron también cómo reaccionó la empresa y lo fueron compartiendo todo. Era como traer transparencia a un momento opaco y turbio y se sentía así y no se sentía guerra. Creo que eso lo cambió todo. Algunos diplomáticos se hicieron eco y empezaron a hablar de los fondos a nivel europeo, y entonces nos enteramos que había una gente que había participado en unas Asambleas Ciudadanas para el Clima en España, y otras en Francia y Austria y vinieron a decir que llevábamos razón y usaron su poder, y así organizaciones diversas empezaron a sentirse capaces y así de que nos dimos cuenta un proyecto dijo que se retiraba. El caso es que la gente no se iba a rendir y fue todo brutal pero gentil y nos cuidábamos y descansábamos y aprendíamos y discutíamos porque era importante y seguimos. Cuando las cosas se pusieron feas seguimos y venía más gente porque no sabían qué hacer y seguían aprendiendo. Esas formaciones del principio siguieron pasando todo el tiempo ¿sabes? Mucha gente venía a aprender a hacer sondeos de fauna y flora protegida en las zonas y aprendieron de otras cosas y hubo muchos que decían “necesitaba estar en contacto con el mundo así y no sabía cómo y esto ha sido como una bienvenida perfecta y además puedo hacerlo con sentido”. Encontrar pasta para que a la gente no le costara dinero esto no fue un problema pero si un curro. Lo más importante fue que fuese juntas y que se legitimara con todo aquello que aprendíamos y a lo que empezamos a ponerle nombres como facilitación, participación ciudadana deliberativa e informada, escucha empática, escalada de acciones… y que no hubiera batallas. Eso creo pero no lo sé y cada uno que lea lo que pueda.

Lo que quiero decir es que quizás esto sea manera y, total, conforme está el patio no hay nada que perder y no lo vais a creer pero es cierto lo que cuento. Si nos creemos que es imposible, entonces lo perdemos todo quizás, eso seguro y ahora, ¿te apetece venir a jugar? Juguemos.

...

En compasiva urgencia y danza de la lluvia,

Virginia Victoria

Ser canal, atención y honrar lo que atraviesa

Cansancio me habita. Sí. Y al final de este día, comprometerme a escribir cada semana me genera “szhh :/“. Aunque casi nadie esté atente. Y entonces me planteo ser canal, sin pensar, como si fuera un vuelque a través de mí que honre lo que quiere salir: como que es lo máximo a lo que puedo aspirar. Ver qué emerge. Hornarlo dándole a publicar. Irme a descansar. Será otro día. Allá va:

*Retumba entre mi cuerpo una frase que me fascinó y no recuerdo. Era el mínimo... jo. Y es que me despisto a media hasta cuando no llueve, parece que me reseco de memoria que falla y el agua es memoria cuentan y la tiene y yo me he sentido ofrecer jugosidad y hacerme cargo y así se siente poderoso vivir, ¿no?. Como atenta, por pequeña que parezca la ofrenda, mientras estás enzarzada en atención plena al momento e intuición puesta y te sientes segura para hacerte lo grande que toque sin ocupar espacio y entonces, así, te sientes casi jugando con el tiempo y el espacio y, especialmente, con desde donde conectas con la gente. La gente se dice rápido. La cantidad de personas bellas que juegan y ríen y se apañan con lo que tienen porque se cuidan juntas; el potencial de cuidarnos más; de transformar lo necesario para que sea agusto y suficiente, y no sobrevivir sin más. Que se sienta vida la vida ¿sabes? vivir para que se sienta vida la vida es igual el cliché (¿es un cliché a caso?) ese de “compartir es vivir” que yo no sé quien diría pero que resuena un poco creo con lo que quiero decir. Quizás sea ingenuo pensar que hacerse cargo, cada una en lo pequeño a lo que llega, pero de maneras que estén atentas a las raíces y puedan traer a la superficie lo que nos da valor; la conexión que nos hace sentir seguras para intentar lo que soñamos (aquí suena a hippiada y mucha gente me desconecta. No sé decirlo de otra manera. Quizás sea sesgo mio y no pase. No hace falta que nos entienda todo el rato. ¡Qué emerja! ¡Honremos lo que emerja!). Me sale la danza del vibrar cuando vivo días en fe: de que lo que encuentro en el camino forma parte del cauce que siento, divino casi, sagrado, como parte de lo que veré suceder en mi tiempo consciente en esta vida. Que desde ahí no hay semilla pequeña que no tenga el potencial de convertirse en arboleda de madera retorcida en cien años; en leña, en cuna en nutriente. Así. Quizás me veo hoy y veo como otros días atrás quizás infravaloré lo pequeño y su poder de transformarlo todo. Me dejé llevar por la inercia y por “la única manera de X es...”; y quiero honrarme ingenua y curiosa a ver los caminos de en medio de las dicotomías, las co-liberaciones modo guiso sabio de la abuela, que honra lo que queda y le da sabor con poca cosa y no espera a la última en llegar y siempre hay sitio en la mesa, ¿saben?. No siento que tenga sentido concreto. Más concreto. Muy abstracto pues. No tienes nada. A veces. Digo, dicen, me atraviesa. No tengo nada más que visiones claras de hacia donde es siguiente paso, a veces más allá; y la fe. De caminar en sendero que tiene sentido en incertidumbre y que me trae vida “salga” como salga; sin que sienta que vaya a llegar a resultar. Pero ambiciosa. Oh retar los límites de la ambición porque es mucho más divertido explorar hasta donde podemos llegar a transformarnos hondo para que la inercia que genere nuestra resistencia sean co-liberaciones; permita el jugoso potencial de nuestros encuentros desparramarse sin bloquearnos mutuamente por no confiarnos y creernos. Siento que no es tan difícil jugar ahí y que, sin embargo, tan dando vueltas en círculo quizás, no perdemos y si existimos en cultura de tender hacia explicitarnos y desenmarañarnos en lo “pequeño”: coliberarnos; entonces viendo el potencial que sois cuando os miro con atención y os veo, siento que lo imposible podría ser posible. Deseo aprender a instigar dejarnos atravesar y honrar lo que vivamos; lo que traiga. A no tender a quitarle valor a lo que la inercia dice ni a lo que nos parece por estreñimiento imaginativo, pequeño. O demasiado ambicioso. Nos quiero más capaces de movernos y atrevernos a ir soltando rigidez y sosteniendo espacio seguro aun incómodo: curiosas de aprendernos y sabiéndonos no querer dañarnos. No sé. Le veo funcionarse y me mueve, de golpe hoy muy grande, no subestimes, pequeña, humillada un rato largo, bajo tierra, respirando hongo y bacteria ahora floreciste un rato en otro ciclo y viste: atención, intención, escucha profunda. Te dejaste atravesar. Te hiciste cargo de lo pendiente que pudiste. Pediste ayuda. Ofrendaste lo que pudiste y fue poderoso cuando pudo ser únicamente un abrazo y un te veo, llamita, brillando y me inspiras. Oh. No subestimarnos. No retroalimentes eso. Atenta. Mima, mima. La minoría absoluta. Era la frase. Oh qué dirá.

  • Nadie quiere leer tu diarrea verbal, lerda.
  • Ya, quizás, pero no es mía: fui canal. Y así me atravesó lo que quiso y yo decido que soltarlo, hoy, será honrar.

Amante microorganísmica,

Virginia Victoria

Apocalipsis (re)significado

La curiosidad me llama a buscar etimologías a menudo, como si preguntarle de dónde vienes a una palabra fuera un poco como preguntarle a dónde vamos. Veo el poder de las palabras como conjuros: invocaciones.

El colapso de todo conocido está en el amanecer de nuestros días y a algunas nos quita noches de sueño. Llegar hasta aquí hoy a este sistema en colapso ha supuesto y supone violencia y la muerte violenta de muchas vidas y estamos más cerca del apocalipsis que nunca en la memorias de las criaturas humanas que hoy respiran.

Te invito a parar un momento y conectar con el significado de apocalipsis en tu imaginario. Qué trae conectado. Apocalipsis. Qué hace sentir. Igual te apetece hacer un breve vuelco de escritura automática sobre ello antes de seguir leyendo…

Apocalipsis.

Quizás te pase como a mí y en tu imaginario apocalipsis se parezca a como lo define la RAE:

  1. m. Fin del mundo. U. t. c. f.

  2. m. Situación catastrófica, ocasionada por agentes naturales o humanos, que evoca la imagen de la destrucción total. Un apocalipsis nuclear. U. t. c. f.

Quizás lleva por encima un toque a aquel libro de la biblia, con 4 jinetes y una predicción misteriosa del fin de los tiempos que descifrar.

Más antiguo y más profundo:

Del griego ἀποκάλυψις apokálypsis, significa literalmente “acción de descubrir”, a menudo 'revelación'. Prefijo ἀπο (apo-) = separar, alejar; el verbo καλυπτειν (kalyptein) – estorbar, esconder; y el sufijo -sis (acción).

Del griego al latín tardío se consolidó apocalypsis como “quitar o retirar un velo”.

(Gracias siempre etimologiasdechile.net 💛)

A mi me introdujo a esta profundidad del término el mitólogo Michael Meade, en su podcast “the living myth”. Lo que trae lo trae desde las antiguas historias y mitologías (más allá de las fronteras griega y romana: las mitologías, como todo desde este paradigma de dominio sobre, sufrió conquista y “desde ahora va a ser así”, se patriarcalizó etc).

Meade viene a decir que los tiempos que estamos viviendo ahora son tiempos en los que el velo se ha levantado (nota: escribe esto desde la evidencia contextual que le ofrece vivir en los territorios ahora llamados Estados Unidos de América); el velo se levanta y lo que antes parecía cubierto ahora está descubierto: por ejemplo aquellos con poder hacen lo que hacen a plena vista.

Dice Meade, además, que las antiguas historias desde el reino Mythos cuentan que es cuando el velo se levanta que se puede alcanzar a ver que hay dos cosas sucediendo al mismo tiempo en esto del apocalipsis:

Colapso y regeneración (collapse and renewal)

“Estamos en un momento en el que podemos vernos absorbides por la parte caótica del colapso; pero es en este mismo momento que estamos más cerca de ese hilo (thread) que, de cogerlo, te conectará con tu manera de contribuir al retejer de las cosas. Y vuelvo a una antigua idea: la creación no pasó solo allá atrás en el tiempo, sino que está pasando todo el tiempo. Y en la gran idea o mundo (realm) del mythos, se entiende que podemos contribuir a creación en cualquier momento. Somos realmente agentes de creación en curso. Eso es lo que dicen en las antiguas historias, y yo me quedo con las antiguas historias.”

Pues eso, criaturas bellas, con ustedes Michael Meade (vídeo aquí https://www.youtube.com/watch?v=fs_5shheAcU , en el que además define como pasa el apocalipsis zombie en hacerse tendencia y formar parte de lo que llama “mitologías basura”).

Desde mi perspectiva, el sentido de entender apocalipsis como un arquetipo de colapso y regeneración, coexistiendo, se siente tan antiguo como revolucionario. En un tiempo en el que el miedo o la ausencia de cauces nos paraliza o nos estanca en círculos viciosos de desesperación, de negación, de acción desde urgencia-prisa-productivista y miedo ¿Tiene poder esta narrativa para transformarnos colectivas?

Quizás no por sí sola, pero hay algo más en la perspectiva de Meade, que veo en otras voces y que ha emergido a través de mí también. Viene a sentirse así: nuestra agencia en el futuro que se materializa podría ser mayor que la suma de las acciones grandes que conseguimos que sucedan; es mayor que el pulso al ajedrez con el “poder político”.

En la práctica, traigo estas reflexiones y preguntas de Charles Eisenstain para cerrar lo que siento quiere emerger aquí:

“El futuro está todavía por determinar. ¿Qué futuro quieres vivir/participar de? Hay múltiples futuros que coexisten y uno de ellos viene a la realidad relacional. ¿Con cual te comprometes? ¿Es uno en el que no preguntas cómo vamos a sobrevivir, sino qué estoy aquí para servir? ¿Qué es tan bello para mí que le daré mi todo lo que pueda a esa realidad? ¿Y si no es cómo nos adaptamos al futuro, sino quién quieres ser? Quién eres y el futuro que se manifiesta en tu experiencia. El mundo está íntimamente interrelacionado con quién eres hoy.”

(Estas palabras en concreto vienen de esta entrevista: https://www.youtube.com/watch?v=hIEy2aKsh4M)

Quizás atascadas las atenciones en miedo al futuro, contribuyamos sin querer a los futuros posibles que dan más miedo.

Quizás vivir nuestro finito tiempo de vida y actuar de maneras que lo que habite nuestros cuerpos sea tensión, agotamiento y miedo no sirva a la regeneración, sino más bien al lado del apocalipsis colapso. Quizás me equivoco estrepitosamente, así que les advierto no hacerme ningún caso: dejen a su instinto y a sus huesos con la responsabilidad de ver si hace sentido algo de lo que traigo o no en vuestro caminar.

Para mi hay algo radicalmente significativo que perdura habitándome: Honrar la muerte de todo como posibilidad, sin que ello signifique simplemente someterme a aceptarla y vivir con ello o resignarme a ver violencia y mundos arder. Pero honrar la muerte de todo conocido como posibilidad.

Paso por retar hondo: mi tendencia a aferrarme al peso sobre los hombros de salvar el planeta. Mi uso de expresiones como “tenemos el deber moral de” y su tendencia a superioridad sobre. Mi inercia a, de desesperarme, poner a “la humanidad” en el saco de “no somos capaces de hacerlo mejor”. Hoy todas estas narrativas suenan a melodías que encajan genial con el tempo del ecofascismo. O, como se pregunta Bayo Akomolafe ¿Y si las maneras que tenemos de responder a la crisis estuvieran alimentando la crisis?

Entonces me pregunto qué me mueve. Y me mueve lo que siento desde profundo como mi llamada en esta era. Quizás sea como ese hilo que decía Meade, que lo que le da sentido a mis días viva es responder a la necesidad común (más que humana) de que vire el rumbo; de que se composte el dogma de la mentalidad aceptada de “dominio sobre”.

Que vire significa que la energía común se enfoque hacia los mundos que sirven a la vida y a la belleza. Y me llama la vida entera a mirar esos mundos: los establecidos, los emergentes, los amenazados, los extintos, los soñados. Mirarlos, sí. Y mirarte. Mirarnos. Mirarnos honrando. Acompañarnos doliendo, con miedo y soñando. Visionarnos hacerlo bello y cubrirnos necesidades colectivas para que ese potencial queriendo ser lo más fuerte que podamos ofrecer pueda emerger.

No tendría por qué ser bello nada de esto de estar vivas y sin embargo lo es. Y además siento que se hace más poderoso desde el honrar muerte. Lo milagroso es estar vivas, conscientes.

Regeneración también sea quizás darse cuenta, poner intención y atención; honrar y buscar, la sonrisa pequeña, el cubrir la necesidad común por diminuta que parezca, retroalimentar belleza.

Total, que estamos en mitad del arquetipo apocalipsis, criaturas bellas, y yo nos deseo, en este honrar que podríamos morir mañana, que conectéis hondo con qué dice tu intuición de tu llamada (vendrá mayor claridad a su tiempo); y a través de qué belleza te llama hondo a servir a la prosperidad común, sin dominio sobre.

Gracias por honrar este escrito leyendo hasta aquí. Por cuestionarnos las inercias y resignificarnos.

Amando grande,

Virginia Victoria, 27 de Abril 2023

P.D. Al día siguiente me llega esto https://www.indigenousaction.org/rethinking-the-apocalypse-an-indigenous-anti-futurist-manifesto/ y lo leo con los poros abiertos y en voz alto y le dejo poseerme y me remueve uf, cómo me remueve. Traducción a castellano aquí: https://cryptpad.organise.earth/file/#/2/file/yEvirawrLEjgScZ7-SxLtpUC/

Intro: quién, por qué ¿cómo?

(así, a ojo)

Historia I: Ser joven en este sistema-mundo apesta y duele, pero si sigues el camino marcado tendrás una vida buena: prometen.

Historia II: Te subes a la expectativa, trabajas en exceso pero en algo que tiene sentido para lo común y, a todas luces, tienes una carrera de éxito.

Historia III: Algo te trae a la realidad de la profundidad de las crisis interconectadas de nuestro tiempo (Ecosocial, energética, climática, extinción masiva…). DUELO… URGENCIA…

DUELO… RABIA ¡ACCIÓN! URGENCIA

DUELO… (Bis…bis… vamos que dan vueltas en espiral las etapas…)

Ups, 💥 catacrá 💥: BURNOUT (muy a la ligera se habla… cuando te incapacita real…)

Historia IV: Me alejo de esa inercia a pasitos en lo que llamo un “salto de fe”. Llevo en esta historia un puñadico de años.

Historia en gerundio: cómo vivo (que sirva de autobiografía en presente)

Me ha dicho la gente que habita mi era que soy demasiado tantas cosas que, de creérmelas y no, me volví pila de compost: indeterminada. Ya no tengo certezas, pero cauces, veo tantos. Sigo alumbrando con mi vela de mecha silvestre allá donde está oscuro. Me muevo así. No puedo evitarme. No traigo luz pues, sino lo que vea por allá por si le sirve a alguien; por si llega a inspirar. Porque a donde necesitamos ir no hemos estado todavía. Porque la inercia paradigma nos tienen encajaditas en cajitas y damos vueltas en cuadrángulos rectos que gritan es imposible cambiar esto. Ah. Algo en mí no se los cree ni por un momento.

Refunfuño a cada ratico de lo que perturba la posibilidad de vida libre y plena a criaturas humanas y no humanas del planeta. No la perturba. La asesina con violencia; La amenaza con violencia, la hace sentir forzada a someterse. Si refunfuño será porque veo lo potencial y a veces incluso veo cachos de caminos que podrían llevarnos hasta allá. Quizás esto último no es cierto, solo que a mi imaginación le gusta salir a jugar. No diré que sostengo una verdad.

Esto es un modo de estar en el mundo ahora. Otro se llama duelo. Cuando duelo por el duelo, la inmensidad se siente realmente titánica. El cuerpo reacciona ante el peso, encorvando la espalda, llevando la barbilla al pecho, y dejando las rodillas ligeramente flexionadas, como si la rectitud ante el dolor amenazara con a partirte los huesos. Desesperación. Paraliza. Llanto desde lo profundo. Intensidad.

También habito la gratitud. De lo bello que sí encuentro y habito y me llevo y llena. La belleza. No tendría por qué perdurar la belleza tras y ante tanta violencia sistémica asumida y, sin embargo, perdura y brilla: la belleza.

Rabia me acompaña a menudo. Ira, enfado. Y si les reprimo, me hago daño. Escribo para escucharlo y entenderlo, en parte, y la bella gente que me rodea y yo nos acompañamos a escucharnos esto. Todo lo anterior. Y me gusta llamar a eso honrar. Honrar es nombrar y dejar invadir el cuerpo de lo que necesite en su totalidad. Dejarse poseer y moverse, a veces en lo que llaman locura, tal vez.

Miedo. Creo que nos da miedo que si honramos el dolor nos va a poseer para siempre, como los espíritus de las pelis de terror esas perturbadoras. Y entonces lo bloqueamos y no nos dejamos poseer en general por nada. Ni por el torrente de energía vital de estar vivas. Ilusión de todo bajo control, todo ok.

Quizás por eso también queremos bloquear el apocalipsis. Me pregunto si olvidamos que duelo y disfrute vienen juntos; que amor y miedo también. Que conectar desde ahí es lo que nos permite desbloquear y conectar con lo que consideramos “bueno” también. Me pregunto si lo olvidamos pero creo haber visto que se ha olvidado y el miedo es fuerte.

Aceptar la incertidumbre es contraintuitivo en nuestro tiempo y, aun así, lo siento esencial. Todo me lleva hacia la fe. Otra vez fe. A veces entro en estados de “Flow”, como trance, en pintura y escritura y movimiento. En esos momentos honro que me dejo llevar y ser canal y quiero aceptar que sirve a un bien superior cuando es así.

Decimos que sabemos que necesitamos transformación de paradigma pero ¿qué significa eso? ¿Se puede siquiera hacer suceder? ¿Qué significa apocalipsis? ¿Se siente en el cuerpo la extinción masiva de especies? ¿Se siente la apertura a cielo abierto de la enésima mina de cobalto, litio, boro? ¿Podríamos acompañarnos y co-liberarnos hacia una realidad distinta y que necesitamos? ¿Desde dónde actuar?

Vengo a comprometerme a escribir de todos los temas que nos llaman a contarnos las cicatrices, mostrarnos las heridas abiertas y que creo juegan entre las puertas de catarsis, co-liberación, honrar y fe. No traigo certezas ¿vale?, pero cauces. Cauces por los que invitarnos a desparramarnos. Aah… cauces en los que ser más hondamente salvajes, libres, juntes.

Porque dijo a través de mí la vida un día: “Si todo puede estar perdido, seamos voces sin miedo.” Y a veces creo que sé que quiere decir.

Virginia Victoria, el 25 de Abril 2023