Itziar

diy

Ayer estuve en un taller de reparación textil organizado por Ingeniería Sin Fronteras y salí motivadísima.

Hubo una parte teórica, sobre los impactos de la industria de la moda y lo que podemos hacer para reducirlos (desde arreglar la ropa que ya tenemos hasta priorizar la ropa de calidad, pasando por preguntarnos si de verdad necesitamos una prenda antes de comprarla), y una parte práctica en la que nos dividimos en grupos según lo que quisiéramos arreglar.

Yo había llevado varias cosas pendientes, y me decanté por una sudadera que llevaba tiempo sin ponerme porque tenía un puño destrozado:

Puño de una sudadera roja que está roto por varias partes: tiene el borde abierto en varias partes, algún que otro agujero y la costura con la manga rasgada en forma de boca sonriente.

Me senté en el grupo de los calcetines (que fue el mayoritario junto con el de los vaqueros) y me puse manos a la obra siguiendo los consejos de las dinamizadoras, Ondiz y Maria Emilia, y acompañada de gente muy maja que me amenizaron la tarea.

Fue una experiencia muy bonita porque, además de salir con el resultado tangible de haber arreglado algo, conocí a otras personas que tienen las mismas preocupaciones e intereses que yo y recorrimos juntes una parte de nuestro camino para huir del consumismo y de la ropa de usar y tirar. Es una sensación muy parecida a la que tengo en las jornadas de plantación de Lurgaia y en el club de lectura solarpunk de Naubis, donde nos reunimos personas con vidas muy distintas pero que compartimos los mismos valores.

¡Y así quedó el puño! Ahí donde la veis, esta sudadera tiene más de veinte años y estaba en perfecto estado salvo por esos desgarrones que remendé ayer. ¿Aguantará veinte más?

¡Puño arreglado! El borde está cosido con un punto de festón bastante apañado, aunque en alguna zona se notan las irregularidades de una reparación antigua. Los agujeritos están cosidos y la costura de la manga está cerrada con una especie de sobrehilado.

#costura #DIY #arreglos #mending #sudaderas

¿Qué pasa cuando tienes un edredón que se ha mantenido en perfecto estado más de veinte años, hasta que un gato (o dos, porque el número de implicados no está claro) decide(n) que esa esquina de la cama es el lugar perfecto para rascar? Pues que toca sacar la aguja y ver qué se puede hacer para que aguante otros veinte años por mucho que los malvados felinos se empeñen en destrozarlo.

Un edredón azul con líneas discontinuas blancas. En la esquina que sale en la foto hay un desgarrón considerable por el que se sale el algodón del relleno.

Me lo tomé como una oportunidad para practicar el Scotch darning, usando como modelo este vídeo que me pasó mi gran inspiradora Ondiz (en su defensa diré que ella me lo recomendó para zurcir calcetines, así que, si no era la técnica más adecuada para este caso, toda la responsabilidad es mía, que me apetecía probar).

Hice el apaño en tres fases que se diferencian bastante bien en el resultado final. En la primera, como es habitual en mí, tuve que deshacer y rehacer varias veces hasta dar con la distancia adecuada entre puntadas, y al final quedó bastante mejorable pero funcional: El agujero del edredón a medio remendar. En el tercio superior hay un entramado de *Scotch darning*, hecho con hilo de bordar de color blanco, que empieza bien pero acaba bastante torpe. El resto del desgarrón sigue abierto y se siguen saliendo hilillos de algodón.

La segunda fue un desastre absoluto porque en algún momento, no sé cómo, se me hicieron nudos en el hilo y, como hubo uno que fui incapaz de deshacer, no me quedó más remedio que cortarlo y hacer un apaño cutre para afianzar el resto de la trama.

En la tercera decidí cambiar de dirección y coser a lo largo en vez de a lo ancho con la esperanza de tardar menos y gastar menos hilo. No me había atrevido a hacerlo así desde el principio porque me parecía arriesgado con un agujero tan largo, pero a estas alturas ya decidí que de perdidos al río. Y esta parte me quedó bastante apañada, quizá porque ya iba cogiendo soltura con la técnica.

En total me llevó unas dos horas coserlo todo, y al final quedó así:

El agujero ya está completamente tapado, y en el remiendo se notan las tres fases: la primera es la de la foto anterior; la segunda, inmediatamente debajo, es más pequeña y muy chapucera, con hilos sueltos y atados aquí y allá; la tercera, cosida en vertical, es algo más larga que las otras dos juntas, y la trama ha quedado bastante ordenadita.

De momento ha aguantado un día y una noche y no parece que a los gatos les llame la atención el relieve ni tengan especial interés en seguir sacando algodón. ¡A ver si hay suerte y siguen así!

#costura #arreglos #mending #VisibleMending #DIY #edredones

La inspiración para este proyecto me la dieron Ana y Diego, que de vez en cuando me llevan a comer ramen a un sitio que mola un montón pero en el que, por algún motivo, te dan palillos desechables. Un día se presentaron con una bolsita toda chula en la que llevaban un juego de cubiertos, palillos incluidos, y se me ocurrió hacerme una yo también.

Hay mil tutoriales por ahí y yo usé este. Fue bastante fácil, parecido a hacer una funda para el móvil, y me llevó unas tres horas (a mano).

Una cosa muy satisfactoria es que conseguí aprovechar dos trozos de tela que habrían sido difíciles de usar en otros proyectos: para el exterior, un retal que me había salido al cortar la tela para hacerme mi primera camiseta, y para el interior, lo que pude rescatar del forro del somier cuando mis gatos lo destrozaron para hacerse una cueva-hamaca.

La parte de abajo del somier de una cama. El forro de tela está todo rascado y tiene una abertura lo bastante grande para que pase un gato. De hecho, el interior está abultado con el peso de dos malvados mininos, que lo han reclamado como parte de su territorio. En esta foto se ven dos ojos, los de Zorro, que tiene las pupilas dilatadas, no sé si de la emoción o porque dentro está oscuro. Foto del mismo somier hecho trizas, pero ahora el que asoma es un gato atigrado, Robin, con las orejas tiesas y las pupilas también dilatadas. Es una fechoría tan graciosa y estaban tan contentos que fui incapaz de echarles la bronca.

En el tutorial dan como referencia una medida de 7 × 56 cm de tela. Yo corté algo más (8 × 60 cm) porque, por un lado, mis palillos son bastante largos y, por otro lado, ya que me ponía quería que la bolsa también me sirviera para guardar un juego completo de cuchara, cuchillo y tenedor. Pero pasaron cosas (cosas = margen de costura, supongo) y al final me ha quedado demasiado estrecho para meter tantas cosas y, lo que me da más rabia, la solapa me ha quedado demasiado corta, así que tendré que hacer algún apaño para poder cerrar la bolsa (quizá ponerle un broche o coser un cordón para cerrar atándolo a la solapa).

Una bolsita portacubiertos alargada hecha a mano. El exterior es verde, el forro negro y en la parte de arriba tiene una tira negra de la misma tela que el forro, donde se engancharía la solapa si no hubiera quedado tan corta.

Lo importante es que se ha cumplido el objetivo principal, que era tener una bolsita donde llevar los palillos. Como mañana hay ramen pero hoy no es día de lavadora, le he dado una lavadita a mano y ahora toca cruzar los dedos para que se seque a tiempo.

#costura #DIY #bolsas

Ayer estrené mi primera camiseta y me hace mucha ilusión porque, aunque no ha quedado perfecta, está lo bastante bien para poder llevarla por la calle y es buena señal que haya superado tanto su primera lavadora como su primer día de uso. La confección ha sido toda una aventura, desde buscar el patrón y la tela adecuada hasta entender cómo unir correctamente las piezas, así que estoy muy contenta de haber llegado a buen puerto y deseando embarcarme en el siguiente viaje. Aquí va una crónica resumida para quien tenga curiosidad.

El patrón

Soy una persona de gustos sencillos para vestir (o, como diría mi madre, sosa), así que mi idea era hacerme una camiseta de tirantes muy básica, sin ninguna floritura. Además, como era mi primera vez y no tenía ninguna garantía de que fuera a salir bien, no quería gastarme mucho dinero. Así que, antes de empezar con el proyecto en sí, pasé mucho tiempo buscando patrones 1) para principiantes, 2) gratuitos o baratos y 3) de un estilo de camiseta que me gustara. Después de mucho buscar, encontré este y decidí probar con él (sin volantes porque, recordemos, soy sosa). El tema de la impresión también fue interesante, porque ese patrón viene en dos PDF, uno para imprimir en formato A1 y otro en A4. Pensé que sería más cómodo imprimirlo directamente en A1, así que fui a una copistería del barrio y tuve que esperar más de media hora porque coincidió que el plotter (palabra que desconocía hasta entonces) estaba ocupado... y, encima, cuando llegué a casa me di cuenta de que solo me habían imprimido una de las dos hojas. Así que al día siguiente me puse a buscar otra copistería porque a la misma no me apetecía volver, y cuando por fin encontré una que imprimía en A1, ¡resulta que cobraban 24 € por hoja! Que agradecidísima porque el chico de la copistería fue supermajo, tuvo el detalle de decirme el precio de antemano y me explicó muy bien el motivo al ver mi cara de susto (en el otro sitio me habían cobrado 4 €), pero no me merecía la pena pagar por la impresión más que por la tela. Así que decidí imprimirlo en A4 en casa (que además tengo muchos folios imprimidos por una cara a la espera de aprovechar la otra) y juntar las páginas con celo. Fue un poco rollo, pero no más que hacer cola en la copistería, así que la próxima vez lo haré directamente así.

La tela

Tenía clarísimo que quería una camiseta de algodón 100 % y de una tela buena para que me dure muchos años, así que fui a mi tienda de telas de confianza (la única que conozco)... y resultó ser más complicado de lo que esperaba. Pedí que me enseñaran telas de algodón, me preguntaron para qué la quería y, cuando dije que para hacerme una camiseta, me dijeron que para eso lo que vendían eran retales de poliéster o, si no, ya tenía que pasar a las telas de popelín para camisas. Como el poliéster estaba descartadísimo, fui a la sección de camisas y tardé un montón en encontrar una tela que me convenciera, porque casi todas eran de rayas o de cuadros o tenían estampados que no me gustaban nada. Al final encontré una tela verde lisa que bueno, no era exactamente el tono de verde que habría elegido normalmente, pero tampoco tenía muchas más opciones, así que compré esa. Según el patrón necesitaba 1 x 1,40 metros y, como el rollo era de 1,50, tuve que comprar un metro, que me costó 12,50 €. No me parece caro, y además me ha sobrado bastante, que seguramente aprovecharé para hacer una bolsa para cubiertos. El tono me ha acabado gustando y combina bien otras prendas que tengo, así que me he quedado contenta, pero tengo que encontrar otra tienda de telas porque está claro que en esa me va a costar encontrar lo que busco.

La talla

Según la tabla de tallas de la web de la que descargué el patrón, yo necesitaba una talla M para el pecho y una L para la cintura y la cadera (lo que equivale respectivamente a la 44 y la 46 en el patrón, que por lo visto usa el sistema de tallas ruso). El patrón tenía diferentes marcas para recortar por la talla correspondiente, pero ninguna indicación para alargarlo o acortarlo por algún sitio, así que estuve dudando sobre si a) usar simplemente la talla L aunque me quedara holgada en el pecho o b) marcar la línea de la talla M a la altura del pecho, la de la L en la cintura y trazar una línea transversal desde el pecho a la cintura para llegar a una especie de término medio. Me arriesgué con la opción b y creo que hice bien, porque la camiseta me ha quedado algo holgada por la espalda, así que seguramente me habría quedado demasiado grande si me hubiera decantado por la opción a. Aunque eso me hace preguntarme si la tabla de tallas es correcta, porque sospecho que me habría quedado mejor ajustada si hubiera tirado con la talla M para todo. La próxima vez a lo mejor me vengo arriba y me hago mi propio patrón personalizado desde cero.

La confección

Ya con todos los materiales, por fin me metí en harina y la cosa resultó ser a la vez más fácil y más difícil de lo que esperaba. Por un lado, empecé cagándola al cortar la tela porque todavía no controlaba lo de colocar alfileres, así que el patrón se me movió y corté de más y de manera irregular la pieza delantera. Además, como el patrón no venía con instrucciones ni con un triste tutorial (que, a ver, no me quejo porque era gratis, pero una es lenta para estas cosas), una vez cortadas las piezas pasé mucho tiempo pensando cómo tenía que unirlas, a pesar de tener a mano un par de libros que explicaban a fondo todo tipo de costuras. Por otro lado, una vez entendí la lógica de la camiseta y aprendí a poner bien los alfileres, todo fue bastante fluido. Cometí errores, tuve que deshacer algunas partes y repasar bien otras para que no se descosieran, pero poco a poco la cosa fue tomando forma de camiseta. Me pareció mágico ver cómo cuatro trozos de tela mal cortada se convertían en una prenda de verdad. ¡Y era yo la que estaba haciendo magia! Calculo que me llevaría unas ocho horas entre hacer y deshacer. La próxima vez iré más rápido porque no tendré que pensar tanto y porque, con un poco de suerte, no tendré que volver sobre mis propios pasos cada dos por tres.

Una pequeña selección de fotos

El terrible corte de la parte delantera, con las pinzas de pecho señaladas: Trozo de tela verde cortada que será la parte delantera de la camiseta. Los bordes laterales y el superior están mal cortados, a trompicones, y del borde inferior salen muchos hilillos. Arriba a la izquierda y a la derecha, a la altura del pecho, hay dos triángulos marcados con hilván verde de un tono más claro que la tela, que serán las pinzas del pecho.

Mis primeras pinzas y costuras francesas: Dos trozos grandes de tela cosidos de modo que tienen forma de una camiseta básica de color verde, con pinzas en el pecho. Los costados están cerrados, pero todavía tiene los bordes de abajo y de arriba sin coser, así que están llenos de hilitos, y también falta añadirle los tirantes.

La camiseta terminada: Una camiseta verde de tirantes hecha a mano, colgada de una percha.

El control de calidad gatuno: La camiseta está colgada de una percha en la manilla de la puerta y un gato atigrado, que sale borroso, está de pie con las patas estiradas, listo para derribarla. La camiseta sigue colgada de la percha, pero ahora es acechada por un gato negro que la mira medio agazapado (y también borroso), sin atreverse a atacar de momento.

#costura #confección #DIY #camiseta