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El precio de las mentiras

La mentira y nuestros primeros contactos

El diccionario de la RAE recoge que una mentira es (1.) la expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente. Hoy he venido a hablar de las mentiras a escala nacional, de las mentiras que no están dirigidas a un solo sujeto, sino a la ciudadanía en general. Y vengo movido a hacerlo porque siento que hace tiempo que se colmó el vaso con las mentiras que una sociedad está dispuesta a aceptar de aquellos que la gobiernan.

No, no hablo de España, pero la mencionaré hacia el final. Me voy a centrar en la máquina de contar mentiras más global de nuestra actualidad: Estados Unidos, la dictadura de Donald Trump y la extrema derecha. Vamos a empezar por el principio, como si de una sesión de terapia se tratara.

Nuestros primeros contactos con la mentira en la tierna e inocente infancia nos hacen sentir fundamentalmente dos emociones: el miedo y la desconfianza. Esta última nace cuando somos la víctima de la mentira y aprendemos la verdad posteriormente. Los Reyes Magos, el ratoncito Pérez, todas estas fantasías que el mundo adulto se empeña en que perduren en el imaginario común, pero que no tienen ninguna función social a mi parecer. ¿Quieres hacerle un regalo a tu hijo? Go ahead, be my guest. No te inventes chorradas. (Es que la ilusión de creer en algo..., sí, cariño, y la posterior desilusión del engaño. Jugada maestra).

Es verdad, puede que no sean los ejemplos más flagrantes. “No quedan más galletas”, “Se han llevado el parque a otro sitio, hoy no podemos bajar a jugar”, “¡Qué chulo, un avión, mira!” (mientras te roban comida del plato) podrían ser otros ejemplos tal vez más claros. La primera imprenta de la mentira externa es la decepción, la desconfianza en la persona que te ha mentido, la pérdida de afección, la necesidad de protegerte contra las mentiras, y, no lo olvidemos, el reconomiento de que mentir no solo está aceptado, sino que puede ser gracioso, puede generar complicidad con los que comparten la mentira, puede crear vínculos sólidos.

Aunque no me vaya a ocupar en esta reflexión de la otra emoción, el miedo, podemos achacar nuestras mentiras a muchas razones, pero detrás de todas ellas está el miedo a la verdad: el miedo a que los demás sepan la verdad y el miedo a reconocer la verdad nosotros mismos, porque entraña muy posiblemente un comportamiento avergonzante, tal vez egoísta, que deja claro que la prioridad no son los demás. Ejemplos como haber robado algo, haber dicho algo insultante y desagradable, haber roto algo, haber engañado a alguien para que hiciera algo que no debía, etc. creo que pueden ayudarnos a hacernos a esta idea. Como digo, aunque no vaya ahondar en esto, conviene tener presente durante toda la reflexión que quien miente sigue teniendo un objetivo que va de la mano del miedo y, en la vida adulta, de la mano de grandes interés y del desprecio por los demás porque cuanto más adulto se es más consciente se es de a dónde llevan tus mentiras.

Antes de entrar en el meollo del asunto también quiero recuperar del imaginario colectivo el cuento de Pedro y el lobo, que todos los días gritaba para alarmar a los vecinos de que venía el lobo y de que se los iba a comer, hasta que todo el mundo dejó de creerle y el día que era cierto se sucedió la tragedia. Creo que servirá para darnos cuenta de que la desconfianza que venía mencionando no se recupera fácilmente cuando consolidas la imagen de alguien o de algo como mentiroso.

La máquina de hacer mentiras del trumpismo

No sé cuándo leerás esto o si lo leerá mucha gente, a mí me sirve a modo de reflexión para aclarar la locura en la que se ha convertido el mundo en los últimos años gracias, no le cabrá duda a nadie, a un país que con su posición global es capaz de afectar al resto de países del mundo: Estados Unidos.

El origen del villano naranjito está en la cadena estadounidense Fox, en donde se le dio espacio al magnate de los negocios durante la legislatura de Obama para hacer lo que desde entonces (y me imagino que lo habrá hecho toda su vida) no ha dejado de hacer: cacarear una mentira detrás de otra mientras le venga bien. En 2011, en una cena con la prensa y gente importante, Obama se hizo el graciosillo con el tema candente del momento, su partida de nacimiento, cosa que pedían medios como Fox, capitaneados por el carisma de Trump (que yo no lo veo por ningún sitio, tal vez en este caso, carisma sea sinónimo de dinero). El caso es que dejó a Trump en ridículo y a mí no me cabe la menor duda de que Trump, en aquel momento, dijo: “Al tontolaba este me lo meriendo yo, me voy a cagar encima de todo lo que ha conseguido”.

Y la verdad, Obama, es que el chiste nos está saliendo muy caro, cari.

Desde su primer mandato, naranjito ha hecho gala de lo que mejor sabe hacer, regurgitar todo lo que se le pasa la cabeza, algo que le ha perjudicado, pero le ha ayudado mucho más. Durante su primera campaña se viralizó el término “fake news”, al que hacía referencia Hillary Clinton después del escándalo ficticio con el pizzagate, en el que, por suerte, nadie salió herido. El fenómeno del fake news no era nuevo, pero adquiría esta nueva denominación y se empezaba a viralizar más que lo hizo unos años después el COVID.

Aunque seamos claros: Trump no llegó al poder solo contando mentiras y disparates; los estadounidenses no estaban preparados para entregarle la presidencia a una mujer blanca, y mucho menos a una mujer de color cuando fue Kamala Harris la otra opción.

Sea como fuere, si Trump tenía un micrófono en Fox sin ser el presidente, siendo el POTUS iba a tener toda la cobertura mediática que quisiera. Durante su primer mandato la lista de mentiras o, si lo preferís, de datos falsos es tan grande, que el Washington Post creó una base de datos recogiendo y clasificando todas y cada una de las mentiras que decía, catalogadas por temática. Hasta enero de 2021 la suma ascendía a 30.573 afirmaciones falsas. Una de las mentiras más repetidas y que a día de hoy sigue teniendo un impacto sin precedentes en la historia de los Estados Unidos es la que derivó en el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. La mentira: el sistema electoral estadounidense había sido manipulado y habían amañado las elecciones para que ganara Biden. Una mentira que se arrastró durante el periodo presidencial del demócrata y que sigue siendo protagonista en las sesiones con senadores a día de hoy, porque la administración trumpista sigue sin reconocer textualmente y bajo juramento que Trump perdiera las elecciones de esa legislatura.

Evidentemente, el trumpismo no ha inventado la rueda, las noticias falsas han existido durante siglos. No tenemos que irnos más lejos de la Alemania nazi con la große Lüge que describía Adolf Hitler en su célebre Mein Kampf y que quedó probado después que habían utilizado ellos mismos para convencer a los ciudadanos a someter a los judios al Holocausto. Esta técnica describe que se puede convencer a un conjunto de ciudadanos a creerse una mentira muy disparatada porque sería impensable que alguien se inventara una mentira de tal calibre solo para distorsionar la realidad. Esto también pasa con los psicópatas a nivel individual, cuidado.

El calado de las noticias falsas o con datos manipulados fue tal que muchos medios de comunicación crearon una sección especial para mantener a raya toda la información que se iba publicando. Estas secciones de fact-check surgieron por todas partes para intentar contrarrestar el efecto de la desinformación. Evidentemente, no todas ellas con un propósito objetivo y desinteresado. Y estas no fueron las únicas medidas que se tomaron, el 1 de enero de 2018 en Alemania se aprobó legislación para eliminar de las redes discursos de odio, noticias falsas y material ilegal cuyos autores podían enfrentarse a multas de hasta 50 millones de euros.

La actual administración republicana (a día 27 de abril del 2026) ha incluido otras tácticas informativas en las que se sustenta como la que denunciaba un jefe ejecutivo en febrero de 2025: la táctica de sobreinformación que se ha denominado “flood the zone”: mantener a los canales de noticias tan saturados con eventos y sucesos que al final ninguno pueda cubrirse con mayor profundidad. Esto ha estado pasando desde hace meses con la liberación de los archivos de Epstein, que ya algunos de sus súbditos han empezado a exigir, como Marjorie Taylor Greene. El golpe en Venezuela, las amenazas no veladas a España por su posición en materia de derecho internacional, las contradicciones constantes con la alianza que mantiene con Israel, la guerra contra Irán, el trato vejatorio en público al presidente Ucraniano, la simpatía que mantiene con el presidente ruso Putin y un larguísimo etcétera han saturado nuestras pantallas desde que el hombre naranja volvió a pisar la Casa Blanca. Parece que hubieran pasado milenios, y no llega a los dos años.

Cabe recordar, para ponerle fin a esta sección de la reflexión, que Donald Trump es un magnate, un tío que hace dinero, ese ha sido su trabajo, y no voy a opinar sobre si lo hace bien o mal, pero se nota, y se nota principalmente en su forma de hablar. No podemos acusar a todos los economistas y empresarios de ser unos mentirosos y unos pendencieros, pero sabemos, como John Bird y John Fortune nos recordaban de manera absolutamente brillante en aquel sketch a propósito de la crisis subprime, que el secreto de los economistas está en envolver un paquete de deuda que huele a caca con papel de regalo y ponerle un nombre bonito para venderlo a un comprador que no sabe ni lo que tiene dentro. Esto permea la administración estadounidense. El nombre, la apariencia se reviste, se decora, se maquilla, un nuevo salón de baile, la mano enferma del POTUS maquillada, destituciones cuando conviene y, sobre todo en el caso del mismísimo Trump, palabras bonitas, como él mismo dice. Y a base de repetirlas, él mismo se las cree. Y evidentemente con cada día que pasa: mentiras, manipulación de la verdad, acusaciones a medios serios que investigan y comprueban datos, ataques al sistema de información, contradicciones en comunicaciones, y toda suerte de tergiversaciones.

Según el autor Harry Frankfurt en su libro On Bullshit, Trump no es un mentiroso, sino meramente una persona que cuenta chorradas (bullshit), ya que, justifica el autor, el mentiroso está preocupado por la verdad, por esconderla, pero a este otro ni siquiera le interesa saber si es verdad o no lo que dice. Es la verdadera diferencia entre una mentira sofisticada y una mentira contada con desinterés. La mentira sofisticada tiene ingenio, hay puesto detrás un proceso complejo para ocultarla, para que sea difícil verla, pero las mentiras del presente ya no son así, son vulgares y su fuerte está en repetirlas hasta que te entren en el oído, como las canciones de radio. Confieso que no comparto al completo la opinión de Frankfurt, pienso que, si bien Trump se puede creer algunas mentiras, la evasión que hace del caso Epstein es deliberada y le quita el sueño.

El campo de cultivo del siglo XXI

Un artículo de la BBC sobre el origen del fenómeno de las fake news ya señalaba que la primera vez que aparece y cuando la gente empieza a sacarles partido ocurre en una red social, LA RED SOCIAL: Facebook. Al parecer un grupo de personas en Macedonia se enriquecieron inventando noticias en 2016. Desconozco si las redes sociales nacieron con el propósito final de analizar a las masas y asumir comportamientos repetidos para ser influenciadas, pero esta ilusión de tener un perfil y conectarte con tus amigos desapareció hace tiempo sustituido por un moloch que devora el tiempo de las personas sin aportar nada a cambio (o algo insiginficante).

Silicon Valley ha encontrado en esta candidatura la figura que necesita para consolidarse como dueño del mundo. Las grandes tecnologías, los tecnooligarcas, ya no son solo las redes sociales dueñas de la información personal de todos y cada uno de los seres humanos de este planeta que habitamos, sino que ahora son grandes empresas de Inteligencia Artificial dispuestas a servir a la élite adinerada (ellos mismos son los billonarios) y a condenar al resto del mundo a la pobreza (económica, ambiental, sanitaria, educativa, etc.). Todas ellas han respaldado esta presidencia por intereses propios. Sus plataformas son capaces de manipular la información de tal manera que veamos solo lo que les interese. Y les funciona, por supuesto, que les funciona, porque además existe aquello que un día empezó a sonarnos fatal y a hacernos sentir un poco tontos (al menos a mí), los bots. Estas cuentas automatizadas dispuestas a postear una serie de contenido muy concreto, a viralizar mentiras y a incendiar los debates haciendo perder tiempo, energía e interés a personas comprometidas con la verdad.

Y no quiero entrar en el tema porque se merece una tesis doctoral completa, pero la IA y su implicación en la guerra y su uso como herramienta para someter a la población y mantenerla amenazada como plantea Palantir es una amenaza del mismo tamaño de naranjito que ya nos sacada de las mentiras y sus consecuencias para hablar más bien de la supervivencia distópica que Hollywood ha estado casi 40 años vendiéndonos.

Desolador. Pero sigamos, que ya queda muy poco.

Consecuencias. El precio a pagar

Aquí llegan los llantos de algunos. Por una parte, Alexios Mantzarlis, director de una red de fact-checking comentaba que los propios periodistas habían aportado al problema de las noticias falsas al llamar fake news a cualquier cosa. Por otra parte, Clare Wardle se preocupa porque la gente dice que no sabe lo que creer ni en quién confiar, que todo se ha roto y culpa indudablemente al crecimiento descomunal de las redes sociales.

Y no hace falta irse a expertos en el tema, porque en esta conclusión importamos nosotros, los que están siendo informados, o casi que debería decir, desinformados. En efecto, no sabemos lo que creer ni en quién confiar aunque sí sabemos a quién no creer: a la administración. Hay gente comiéndose a sus perros, decía Trump en campaña mientras Kamala se reía. Vemos documentación gráfica de dos asesinatos de ciudadanos estadounidenses blancos a manos de las SS del siglo XXI e inmediatamente escuchamos una historia que nada tiene que ver con las imágenes de boca de la administración. No hay ninguna posibilidad de que los ciudadanos con un mínimo de formación, de racionicinio y de espíritu crítico se crean lo que les están contando. Por eso, cuando el presidente habla de las negociaciones con Irán o del precio del combustible, nadie se lo cree, ni siquiera los negociadores iraníes, que desde su régimen misógino y patriarcal, se ríen de él en sus cuentas oficiales. Por eso, nadie se cree que no esté implicado hasta los dientes en los archivos de Epstein o que alguien haya intentado de verdad asesinarlo.

“When truth leaves us, when we let it slip away, when it is ripped from our very hands, we become vulnerable to the appetite of whatever monster screams the loudest” Mon Mothma. Andor S2E9

Cuando las mentiras se convierten en la norma, ¿dónde podemos encontrar la confianza de leer algo que es cierto? Este es un paso adelante en la decadencia, porque no son mentiras para conseguir una legislatura y luego ya se verá, son mentiras para retorcer el carácter democrático de su país y convertirlo en otra cosa y es que los símiles actuales con las cosas que podíamos leer en 1984 de George Orwell y su Ministerio de la Verdad son verdaderamente alarmantes. Los ejemplos en el arte no son pocos, la alarma que debería despertar en la mente de todo ciudadano cuando esto ocurre, tendría que llevarnos a la actuación inmediata, porque si algo nos debe el gobierno es la verdad, nos debe transparencia con todo lo que hace financiado por los impuestos de sus ciudadanos.

Y hablando de los individuos, otra vuelta de tuerca: el gobierno sabe que sus seguidores acérrimos van a comprar lo que les diga, aunque después las mentiras sean tan evidentes que no lo puedan negar. Cuando un individuo hace suya la verdad de un gobierno, entran en marcha los mecanismos psicológicos que se disparan cuando la mentira le pertenece a uno. La mentira nacional se convierte en una verdad personal que defender delante de otros que tal vez esgriman argumentos claros y fundamentados. La vergüenza de reconocer una mentira es tan grande que el vínculo con la administración crece cuando procede a defenderla.

El resultado de jugar con las mentiras es una población exhausta, que desconfía de todos los partidos políticos. Leer las noticias se convierte en un ejercicio agotador con una duda pendiente de si la información será lícita. Este punto, por si ya fuera poco el despropósito, lo aprovechan los buitres, aquellos canales independientes manipuladores que se quieren aprovechar del sentimiento de una audiencia asqueada (me refiero ahora a España, que estamos acabando): Álvise, Quiles, financiados por aquellos a los que les interesa incendiar la atmósfera política aún más para su beneficio. Copian el modelo de Estados Unidos y de Argentina, aunque ya estamos viendo cómo les va y empiezan a usar la “prioridad nacional” como argumento de protección nacionalista (nada más lejos del Make America Great Again – MAGA) que llevó a Trump al poder). Su intención es sembrar la incertidumbre, el caos y poder aprovecharlo en su beneficio.

“Chaos isn't a pit. Chaos is a ladder. [...] Only the ladder is real. Petyr Baelish, A Game of Thrones.

Es tierno a día de hoy recordar la imagen de Henry Cavill reaccionando cuando el periodista que lo entrevista le dice que ha investigado en Wikipedia. No deja de ser irónico porque en la época previa a la desinformación, a las fake news, a mentir sin sonrojarse en vivo y en directo, Wikipedia se veía como ese lugar donde cualquiera podía entrar a escribir la mayor barbaridad del mundo. Sin embargo, tomando perspectiva, a día de hoy, con la cantidad de personas voluntarias que tiene detrás que solo desean la fidelidad de fuentes fiables para informar sobre todo lo que la cultura ha sido capaz de crear, yo lo veo como un lugar en el que la tensión por encontrar información manipulada no existe (no digo que todo sea palabrita del niño Jesús).

Con respecto a los medios, no puedo ni deseo daros recomendaciones. Cada uno que elija el que crea más fiable y que no deje nunca de poner en duda las cosas que le suenen extrañas. Internet era un lugar maravilloso con cientos de posibilidades y ha acabado siendo un lodo lleno de monstruos sádicos y mentirosos.

Me despido de esta reflexión con el lema del Washington Post, que reza: “Democracy Dies in Darkness”, la oscuridad creada por las miles de mentiras que nos intentan colar a diario.

Gracias por haber llegado hasta aquí, personas bonitas.

Fuentes: https://www.bbc.com/news/blogs-trending-42724320 https://www.merriam-webster.com/wordplay/the-real-story-of-fake-news https://en.wikipedia.org/wiki/False_or_misleading_statements_by_Donald_Trump https://www.washingtonpost.com/graphics/politics/trump-claims-database/ https://en.wikipedia.org/wiki/Big_lie#Donald_Trump's_lies_of_a_stolen_election https://www.youtube.com/watch?v=mzJmTCYmo9g&t=70s