Bibliotecas en videojuegos o El recurso de llenado de fondo, 3

Assassin's Creed Odissey y la Grecia antigua

por Manuel Monroy Correa

El retrato de la vida cotidiana griega de la antigüedad en un videojuego como Assassin's Creed Odissey implica que haya rollos (libros) en las casas de los políticos. Esta situación recuerda el papel del arconte como guardían de los documentos; la arqueología de las tablillas en Mesopotamia como documentos contables y otros. Es interesante notar que, desde una teoría de la escritura, que estos rollos aparezcan siempre cerrados («enrollados»), la escritura misma no está presente.

Mesa de trabajo grecia antigua

La escritura está supuesta porque no se trata de algo funcional en el juego excepto por su carácter de ambientación. Los libros pueden ser sobre cualquier tema hasta ahora conocido y la escritura, velada, tiene una especie de indeterminación temporal: no se sabe si hay algo escrito y si viene después de haber guardado los rollos o antes.

El anonimato (de la autoría, por supuesto) y la cantidad de rollos aumenta su rasgo virtual y efímero. Están ahí como para recordar que hay o hubo trabajo que hacer con ellos: un registro. Las bibliotecas dentro de las tumbas no pasan de ser una extraña propiedad personal (la del muerto) debido a que algo útil se ha vuelvo inútil.

La única vida que tienen los libros es cuando se leen (o se recuerdan). En todo el juego sólo las deidades los leen y en los Campos Elíseos... Hécate y Hermes leen y escriben. Hace pensar que se trata de un privilegio y una especie de estatus «divino» que se acompaña de otras prácticas artísticas como tocar el arpa y la flauta (que no es la típica flauta doble dionisíaca).

Hecate

Hermes escribiendo

Entonces, si hay libros hay escritura y hay que suponer que están escritos en griego linear B (algo que, además, está relacionado con la arqueología de la escritura en lugares donde nada de la misma se ha hallado -excepto la tabla linear A y B- en lugares como Creta, que contiene las ruinas de la cultura griega más antigua).

Aunque esto último parezca exagerado -por su especialización- y hasta rebasa las especulaciones relacionadas con el aspecto del videojuego por muy simulada que la cultura de la época lo esté. De ahí que del juego se halla desarrollado una función «turística» y didáctica que «reordena» la ganancia cultural de donde sale y que genera en términos de divulgación...

Los libros enrollados están por todos los niveles de la vida, de la muerte, del mito: en las islas griegas, el inframundo (Campos Elíseos e Inframundo), la Atlántida... Los libros en este último lugar siguen la dinámica del archivo (ese archivo que no se sabe para qué se guarda pero se considera necesario..., custodiado por guardias y que, paradógicamente, aún deshaciéndose de éstos, parece no tener ninguna importancia adquirir). Los libros no son susceptibles de robo a menos que importen para la misión, claro está.

Mesa de trabajo atlantida

Lo que me recuerda la historia de una poeta a la que se le ayuda a conseguir su arpa. En ello no hay escritura. Por supuesto que su poesía era oral, como lo fuera la filosofía y las enseñanzas secretas de cada grupo de sabios «presocráticos» (pitagóricos, aún los alumnos de Sócrates, de Platón, etc.).

En fin, la cantidad de libros que pueden llevarse siempre será mínima, aunque estén enrollados (el cuidado que esto presupone no se planea en una lucha contra guardianes...). Pero en un videojuego, la personaje que hace la aventura lleva decenas de armas, armaduras, bombas de todo tipo..., y que no lleve libros... Será que es decepcionante, como cuando Gabriel Zaid dice:

...sumergirse en una gran biblioteca, para desanimarse, como Johnson, ante la multitud de autores desatendidos. (Los demasiados libros, 17).

Será que alguno de esos rollos no son tan importantes. Kassandra (y Alexios, los protagonistas) si pronto se aleja de las discusiones con Sócrates, ¿merecerá la pena llevarse y leer algún libro si ni Sócrates los consideraba importantes? Ya para acabar, estas palabras de Zaid que hacen pensar en esta otra frase de Deleuze -que cito de memoria-: «devenir animal después de leer un libro», tal vez valga la pena recordar lo que leer ha de implicar:

¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales (Los demasiados libros, 21).

Biblioteca en el Hades