Viajes dispersos: comodidad, mudar piel y pertenencia

Como si de un viaje disperso se tratara, vamos escogiendo cruces de caminos. A veces no recuerdas ni haber elegido. Otras temerás que sea la elección incorrecta durante noches que te cuesta dormir. Por qué en estas tres bifurcaciones que encuentras escoges el camino escogido: azar, el baile de la luz del sol o el viento en las hojas, o la curiosidad por acercarse a una silueta en lo lejos.
A veces la vida te seduce hacia sitios. A veces la muerte viene y te abraza.

Lado opuesto del espectro: en estos tiempos parece que tendemos a creer que pensar, planificar y dedicar tiempo a predecir todo mucho y bien bien bien nos ayudará a controlar y a cosechar más eficacia en el camino. Perversa creencia, creo yo, mira lo que te digo. Le veo expulsar potencial y vida. Le veo.

Hay tanto que podría decir que no sé por donde empezar, así que sigo caminando y escojo caminos al azar, dispersa, con ganas de invitarnos a ser canal abierto cada quien, y jugárnosla por el camino.

Comodidad, mudar piel, pertenencia.

** Comodidad **

Khalil Gibran – El profeta (1923) – De las casas:

[...] ¿qué tenéis en esas casas? ¿Qué guardáis tras puertas y candados? ¿Tenéis paz, el ánimo sereno que revela vuestro poder? ¿Tenéis recuerdos que como lucientes arcos unen las cimas de la mente? [...] Decidme: ¿tenéis eso en vuestras casas? ¿O solamente comodidades, y ansia de comodidad que a escondidas penetra en la casa como advenedizo y luego se convierte en invitado y finalmente en anfitrión? Y ¡ay!, llega a ser el domador, y con látigo y garfio hace marionetas de vuestros mayores deseos. Sus manos son de seda, mas su corazón de hierro. Arrulla vuestro sueño, mas sólo para colocarse junto a vuestro lecho y escarnecer la dignidad de la carne. Se burla de vuestros sentidos para tirarlos luego en el cardal como si fueran frágiles barquillas. En verdad os digo que la concupiscencia de comodidad mata la pasión del alma, y luego acompaña entre muecas y risas el funeral. Mas vosotros, criaturas del espacio, vosotros, los inquietos en el descanso, no seréis atrapados ni domados. Vuestra casa no será ancla, sino mástil. No será la cinta brillante que cubre la herida, sino el párpado que protege la pupila. No plegaréis las alas para cruzar las puertas, ni inclinaréis vuestra cabeza para no golpearla contra el techo, ni temeréis respirar por miedo a que las paredes se agrieten y derrumben. No habitaréis tumbas hechas por los muertos para los vivos. Y aunque vuestra casa sea magnífica y espléndida, no aprisionará vuestro secreto ni encerrará vuestros anhelos. Porque lo que en vosotros es infinito, habita en la casa del cielo, cuya puerta es la niebla de la mañana y cuyas ventanas son los cantos y los silencios de la noche»

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Mudar piel

Tiempos de humildemente saberse sin el derecho a la comodidad (digo con el lenguaje corporal dirigido en especial a las personas blancas payas de clase media alta de la sala). Hacerse tolerantes a la incomodidad. Mudar piel pica y escuece y hay que rascarse contra paredes de roca y cortezas rasposas; y pedir a otra criatura que tire de ese cacho que no sale solo y que cogerá carne y hará sangre y ver como cura la herida día a día, lo que tarde.

El viaje de mitigar poderes de dominio sobre en el ecosistema, entendiendo a las criatura humanas como guardianas de un bien común ecosistémico, es incómodo. Hay muerte. Hay mierda. Te hace fuerte.

Se levanta el telón y las esperanzas, aunque pasivas, dejan de poder ser ciegas, a no ser que sea por negación (que no puede ser más habitual en la naturaleza de nuestra condición, de duelo, de incerteza, de miedo, de dolor).

Se levanta el velo, apocalipsis: colapso y regeneración.

Por defecto criaturas humanas vivas ahora tendemos a polarizar binario y extremo: todo o nada (por ejemplo). Esto es en cómo imaginamos, soñamos, respondemos, reaccionamos. Está impreso en nuestros sistemas nerviosos que se alteran alerta, con razones de sobra. Invitarnos a más allá de esto, terceras vías... es camino que tienen sus ritmos impredecibles y que involucra a TODO el ecosistema. Que la sabiduría colectiva busque con cariño el viaje. De mudar pieles.

Que recordemos la vida y la muerte; la vitalidad y la descomposición, como parte tan agente de cambio como vemos al ser humano, en esta aventura de ojalá bien común.

“Y si un día para mi mal viene a buscarme la parca, empujad al mar mi barca con un levante otoñal y dejad que el temporal desguace sus alas blancas... [...] mi cuerpo será camino, le daré verde a los pinos y amarillo a la genista”

J. M. Serrat – Mediterráneo

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Pertenencia

El ecosistema ha estado preguntándose sobre pertenencia. Ofrendando reflexiones y mensajes sobre pertenencia. Vomito aquí los que emerjan ahora, sin darle muchas vueltas, para que queden en el poder potencial de la reflexión colectiva de quien las toque.

Este vómito de frases mana de conversaciones y veo que del libro de Alan Watts “la sabiduría de la inseguridad” (1951) y del libro de Andreas Weber “matter and desire – an erotic ecology” (2017) entre otras cosas que a saber.

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Parte del amor dice: “las cosas van a ir a mejor. Estoy segurx de ello.”

Seguimos levantándonos. Shhhh. A veces levantarse es cavar. Hondo. A veces es no ver nada. Que no te frustre estar perdide. Cómo menos podríamos estar. Y eso no significa, aun perdide, que no se esté donde toca estar.

Cabeza alta y ofrendas humildes,

V. V.