El ombligo (v.1)

Allí donde reposan las heces de Cléo las glorias del queso parecen fundidas pero la carne del Sur se sirve al punto de sal.

Sin embargo, alguien empuja tus sienes mientras divagas sobre el pánico ajeno.

¡¡Despierta!! Pronto los viejos ecos, en el fondo del círculo nos devolverán tu peor grito.