CUATRO
Arriba, en lo alto del cielo, un ojo implacable afila el cepillo.
Sin embargo, no hay vigor en tu montura y no eres pasto para la enfermedad.
Ante tu indiferencia, el peor sueño se retira aterrado, mientras abajo, inasequibles, las vírgenes de carne obran con la bruma.
Por una sola vez, cuando empiece la siega, te nombrarán HIJA DEL SUELO.