Políticas del escenario

El gulag en Rise of the Tomb Raider

Rise of the Tomb Raider tiene un escenario que representa al comunismo en su peor forma: el gulag. Aunque en el juego no es más que el residuo de la procacidad del terror habido (y que otros ocupan hoy y de otra forma su lugar). El aspecto estatutario de Stalin es ya una variación del mausoleo que acaso sugiere todo monumento (y en la ironía de la imagen, Lenin señala solemnemente la ruina misma). La obsolescencia del régimen comunista, en términos de representación, aparece más que siendo una imagen de lo perdido, la imagen de una alteridad siempre amenazante...

Vale la pena recordar la reflexión que Frederic Jameson hace sobre Lenin: «ése también es el significado para nosotros de la idea de Lenin; el de mantener con vida el ideal de revolución como tal en un tiempo en el que esta palabra y esa idea se han convertido virtualmente en un escollo bíblico o en un escándalo» («Lenin y el revisionismo» en Lenin reactivado).

En el aspecto de la estatua que se da al encuentro del lugar, resuena ese escándalo virtual al que refiere Jameson. Como si la idolatría de la revolución digera todo sobre lo escandaloso que sigue siendo el ideal revolucionario. El escenario de la ruina no es el escenario de la revolución porque éste aún no ha acontecido. Es algo que acecha tal como Derrida señala cuando habla de las primeras palabras del Manifiesto comunista: un por-venir siempre latente, un espectro que rodea el escenario real de las injusticias.

En Rise of the Tomb Raider parece todo reducirse a la lógica de la historia, en tanto que todo conspira alrededor de reliquias que brindan un poder mágico a quienes la ostentan. El tema de la conspiración y la revelación se secretos extraños que pretenden atravesar la narrativa pero que se resuelven en una curiosa perspectiva atea al final de la historia, pretenden ser el desentrañamiento de algo que no es el mito o la magia (un paralelo implícito con el esoterismo Nazi). Todo «quiere» aterrizar en la lógica moderna de lo realmente perdido: la conciencia premoderna. La noción de esa otredad amenazante, se resuelve como desencanto de los poderes sobre cierta comunidad religiosa arraigada a su tradición herética.

Piénsese que la historia es redonda en este sentido: toca temas con potencia política pero los diluye en la narrativa misma del desencanto por la manipulación religiosa de un personaje inmortal desde el siglo I d.e.c. Esto es: la preocupación de Lara Croft por recuperar la reputación de su padre al no equivocarse en que historias tan descabelladas existen, aunque eso implique la amenaza de la vida y de las sociedades (como si los regímenes actuales no las amenazaran ya).

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