Homenaje a Perico
Por aquí muy poca gente conocerá a Perico. Perico Villagra. Una persona buena, así no más. Alguien que vivió la vida profunda y amorosamente. Este finde que recién pasó, supe por mi amigo Klaudio que Perico nos había dejado. Operación a corazón abierto, no resistió. Se nos fue. Fue un privilegio conocerle y llamarle amigo. Era una de esas personas que admirabas, que dejaba huella cuando le conocías. Era su humanidad, su hablar desde la escucha, su manera de acompañar y acoger. Si no tenía algo bueno, que es posible, nunca se lo vi. La última vez que nos vimos le regalé mi “gorro de John Lennon”, fue en Castro, Chiloé. Él me regaló de vuelta su boina. No la tengo aquí en Barcelona, seguramente la dejé en Chile aquella última vez. No le hablaba hace mucho, tenía la sensación que era de esas personas que nunca desaparecen, de esas personas que siempre estarán allí. Pensaba a veces: la próxima vez que vuelva a Chiloé le visitaré... iríamos al mercado a comer algo y pasear, luego a almorzar por ahí un buen salmón con papas fritas. De camino un milcao y al llegar a su casa pasaría por unos pastelitos para tomar con un tecito. No alcancé. Ay Perico! Cuando me dijeron que ya no estabas me vino una sensación extraña, no puedo decir de pena o tristeza, creo que más de incredulidad. No estoy seguro si es por lo que decía antes, lo de tu imprescindibilidad, o porque este tipo de noticias son proporcionalmente inverosímiles a la distancia de la cuál estamos del hecho. Los más de 11 mil km que me separan de Chile cada día muchas veces me hacen perder la consciencia del tiempo, de la distancia, de las historias que transcurren sin tenerlas cerca. Ay Perico! Quién sabe dónde estás. ¿Estarás con San Francisco ofreciéndole un kuchen de nuez mientras se cuentan anécdotas de tu vida en el ministerio? O tal vez no te has ido lejos ni a otro plano de la realidad. Tal vez sólo te transformaste en el canelo con la bandera negra de tu jardín en Castro. Quizá por eso te decían en tu camino al cementerio: —¡Compañero Perico Villgra! —¡Presente! —¡Compañero Perico Villagra! —¡Presente! —¡Ahora! —y siempre! —¡Ahora! —y siempre! Es que es cierto, no puede ser más cierto, la condición de presente te la ganaste de sobras, a fuerza de vida vivida, implicación y empatía, dejando huella y abrazo con quien te cruzabas Hoy sí que tengo tristeza. No poder hablarte otra vez. No haberte escuchado más veces. Hasta luego Perico, cuando vuelva a Chiloé seguro que te econtraré en las ramas sagradas del canelo.
Si quieres conocer un poco más de Perico mira aquí el documental Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles