26/02/2025

♪ Vos sabés – Fabulosos Cadillacs ♪

Estoy en un parquecito que hay al lado de un colmado, en Móstoles.

Todos los colores tienden un poco al de las fotos de los 80.

No para de llegar chavalada con crestas y pintas, que se pone ordenada haciendo cola en la puerta de la tiendecita. Se puede contar a más de 100 personas esperando.

El videoclip va a quedar bien.

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ˣ Violencia ˣ

Ya con el pendrive que he cogido de la mesilla de mi padre me paro junto a la puerta de su habitación, parece que están en la habitación de al lado. Tengo que tener cuidado al salir para que no se den cuenta.

Me agacho un poco, y voy despacio por el pasillo hasta que salgo a la galería del bloque de pisos.

Al asomarme por una de las ventanas veo que hay 2 ninjas hablando entre sí. Uno está fumando.

Entro a la casa de la vecina de al lado y parece que la suerte me sigue acompañando: no hay nadie.

Salgo a la terraza, abro la ventana y doy el pequeño salto necesario para acceder a la terraza de mi padre.

Cojo las sábanas y las anudo una a una para formar una cuerda que me ayude a salvar los cuatro pisos que me separan del primero al suelo.

Ato la liana improvisada justo cuando más ninjas entran en escena.

No me pillan por los pelos.

Salto y me balanceo hasta la ventana del segundo.

Cuando salgo pienso que la manera en la que estoy cogiendo la cuerda me puede romper los huesos de la mano.

Vuelvo a saltar cogiendo mejor la cuerda, pero sigo pensando que si hago esto me voy a destrozar toda la mano.

Cuando llego al almacén me lanzan un dardo somnífero entre los dedos, y me caigo dormido al suelo.

Cuando despierto, veo a Alexandra Jiménez vestida toda de charol blanco, y con un lanzallamas en lugar de cada mano (pienso que se parece un poco a Megaman) apuntándome directamente, y con expresión poco amable.

Desenfundo mis pistolas, pero no disparan.

Ella se abalanza, y comienza a lanzarme puñetazos, pero con desgana, parece.

En un momento dado veo que empieza a hablar muy bajito, parece que trata de decirme algo.

Por fin entiendo que está fingiendo, y trata de ayudarme sin que se enteren.

Seguimos con el teatrillo unos minutos más, hasta que la engancho por el cuello y, guiado por ella (y sin que se enteren ellos), le saco la tarjeta SD de la garganta.

Echo a correr todo lo que me permiten pulmones y piernas para atravesar la nave.

Cuando llego al otro extremo, me subo por los andamios, hasta alcanzar el piso de la pantalla gigante, y justo cuando voy a meter los códigos, Arturo Valls aparece y se empieza a reír.

Le arranco la cabeza, que se convierte en una nuez de consistencia gelatinosa, y la lanzo lo más lejos que puedo. Y ya, por fin, consigo meter el virus en el ordenador para detener el lanzamiento de los misiles, y ya funciona correctamente el menú de Kodi.

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Estoy por el Magariños, voy con prisa, atravesando un gimnasio tras otro.

En uno hay 3 personas enganchadas a algún tipo de juego de realidad virtual en el que tienen que darse caza con un arco.

En el siguiente veo a las chicas del Estudiantes, todavía en mitad de un entreno.

Aprovecho para ir al baño antes de no poder pasar, pero parece que ya llego tarde.

Accedo al patio interior desde la puerta de emergencia.

Es muy pequeño, no más de 20 metros cuadrados, y los hierbajos altos hacen pensar que hace mucho que alguien lo pisó por última vez.

Miro hacia el cielo, el azul limpio de nubes contrasta con el metal mate y rojizo de las paredes.

Empiezo a subir por los andamios.

Voy lento, pero constante.

Algunas barras se mueven, pero sigo avanzando.

No parece muy estable, pero sigo avanzando.

Queda mucho, pero sigo avanzando.

Me voy cansando, pero sigo avanzando.

Cuando alcanzo la última plataforma cojo el paracaídas, y salto.