22/03/2025
♪ Galilea – Sergio Dalma ♪
ˣ Sangre ˣ
Estoy en un campamento en el desierto.
Cojo la cámara de fotos y voy hacia el perro que está sentado delante de una de las tiendas.
Me tumbo en el suelo y le saco una foto.
Cojo la fotografía, y al poco de empezar a mirarla veo que empieza a moverse el cielo que se ve en ella.
El paso de las nubes comienza a ser cada vez más rápido.
La luz del día va dando paso a las luces de la noche.
Veo que todo se acelera (menos el perro, que sigue quieto, fijo), pero no avanza, retrocede.
El correr del sol empieza a no percibirse, y el cielo pasa a ser de color “extraño”. Solo a las estrellas se les puede seguir un poco el paso.
Por detrás del perro veo como empiezan crecer montañas que vuelven a desaparecer al poco, y que terminan dando paso a una gran pirámide que veo nacer pixel a pixel.
El viaje comienza a bajar el ritmo, hasta que se detiene por completo.
Como volando, la visión de la pirámide se acerca, traspasa la puerta y llega a una cámara alumbrada con antorchas que parece ser un mercado.
Decenas de personas se mueven entre los puestos de madera y tela, pero solo paro la vista en una chica de unos veintipocos años, de rodillas delante de un cilindro de piedra gris que le llega por encima de la tripa.
Según la visión se acerca, veo que los labios de la chica se están moviendo, y según más se acerca consigo empezar a escuchar cómo entona una serie de palabras medio cantadas, y de manera repetitiva.
La chica saca un cuchillo, con la mano derecha, agarrando el mango para dejar el filo saliendo por debajo del puño, y apoya la mano izquierda sobre la piedra, con los dedos bien separados.
Con calma, pone la punta del cuchillo en la piedra, entre el anular y el meñique de la otra mano, y baja la mano derecha para amputarse el pequeño dedo.
No hay gritos ni cara que muestren dolor.
Sigue recitando el salmo cuando coge un papel amarillento con las dos manos, y estira los brazos para que estas dejen el escrito delante de sus ojos.
La chica comienza a leer, mientras la sangre va cayendo sobre la piedra.
La imagen empieza a cambiar, y empiezo a ver a otra chica de manera superpuesta.
La chica de la pirámide va desapareciendo para dar paso a otra, en una tienda de campaña en el desierto, vestida de Panama Jack, que sostiene un libro marrón entre sus manos.
Está sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, sosteniendo el libro con manos que descansan sobre sus muslos. La cabeza ligeramente inclinada hacia las páginas. Se la ve alegre, disfrutando de la lectura en voz alta que le está haciendo a las siete u ocho personas que comparten su corro.
Alguien se interpone en mi visión, y dejo de ver a la chica.
Dentro del rectángulo de la foto se ve una mano izquierda de un hombre que coge el manillar de una moto. Tiene un dedo meñique postizo, de metal dorado y grabado.
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“Números no euclidianos”