07/03/2025

♪ Cada vez más odio – Habeas Corpus ♪

Estoy en un museo con dinosaurios, y llevo de la mano a un niño pequeño. No es mío, pero estoy a su cuidado.

Después de verlo nos vamos al Rincón (igual que como estaba cuando yo era pequeño).

Aparecen 32 y 33 justo cuando el pequeño me dice que tiene sueño.

32 me dice que se encarga ella, pero le digo que no hace falta, y pongo 2 sillas encontradas para sentarme con las piernas estiradas, haciendo una superficie cómoda sobre la que se pueda tumbar.

Está muy triste, y yo pienso en cómo habrán podido abandonarle.

Se queda dormido mientras me abraza y le hago caricias en el pelo.

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ˣ Angustia ˣ

Estoy en el centro de mandos, escuchando cómo las alarmas no paran de sonar.

Tom Cruise empieza a contarnos que él siempre lo ha tenido todo previsto.

La vista se va alejando.

Nos vemos más pequeños.

Sale de la sala.

Se ve la fachada del centro de mandos (un búnker gris y hexagonal).

Se ve que el búnker está dentro de un cráter.

Se ve que el cráter está detrás de la Casa Blanca, como escondido.

Se ve que todo está en lo alto de un acantilado.

Se ve que estamos en mitad de un cataclismo.

Vuelvo a verme en una pequeña habitación color crema con una cama de matrimonio y un escritorio.

A un lado del escritorio está mi abuelo (el malo), que me pide unas acuarelas para pintar. Aunque no veo signos, sé que el Alzheimer le está haciendo mella.

Al otro lado del escritorio hay un periodista de unos 70 años, escribiendo en una máquina de escribir.

Saco las pinturas del cajón de la mesita que hay junto a la cama y se las doy.

Me quedo de pie, mirando hacia la pared sin pared.

Veo el fin del mundo.

El planeta aparece en pedazos ante mis ojos. Literalmente.

Una pequeña fuerza los mantiene todavía flotando cerca, pero La Tierra se ha convertido en unos cuantos peñascos más o menos grandes, en mitad de una colorida nada.

No hay cielo.

El fondo de la imagen son nebulosas de colores, salpicadas de estrellas muy lejanas.

Me siento en la tumbona que tengo a mi espalda y empiezo a hablar con la chica de pelo rapado que está sentada a mi lado.

Una cuenta regresiva empieza a escucharse, y vemos como un pequeño sumidero, en lo que vendría a ser el centro del planeta, comienza a succionarlo todo.

Tenemos miedo.

La cuenta va llegando al final.

Nos abrazamos y empezamos a besarnos mientras lloramos.

Notamos cómo todo se va deshaciendo, mientras nos atruena el sonido del desaparecer.

Nos abrazamos más fuerte, y cerramos los ojos.

Silencio.

Cuando abrimos los ojos estamos en el dormitorio de casa de mi abuela y mi abuelo (las buenas), pero no hay puertas ni ventanas.

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ˣ Alcohol ˣ

Voy subiendo por las escaleras del metro de una estación enorme.

Cuando llego a la tienda, 34 le está diciendo a una amiga de 11 que luego ha quedado. Luego me saluda, y me dice que 35 se va a pasar luego por allí, y me pongo contento, pues hace mucho que no le veo.

Cuando aparece, es 36, (solo que es físicamente RoRo).

Empieza a contarme algo, pero veo que está completamente borracho, y le dejo en la tienda hablando solo.

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Voy por la calle andando con un pie de sombrilla de metal, de los de terraza de bar.

Tengo que llevármelo a casa, pero pesa mucho, así que espero al autobús.

Aunque es muy aparatoso, la busera es maja, y me deja subir con ello.

Me voy a la parte de atrás, que es toda sin asientos, y me apoyo en un lateral, junto a unas pancartas muy grandes que alguien ha hecho por el 8M, y ha dejado ahí para que todo el mundo pueda verlas.

En la siguiente parada se sube una chica con un bolso dorado que tiene una pantalla en la que se ven unos videos sobre unos vapers, y empieza a contarme lo buenos que están, por si quiero probarlos.

Cuando me bajo, me doy cuenta de que soy un parras, y he parado antes de llegar a mi casa, así que toca cargar con el pie de la sombrilla un rato más.

Es de noche y empieza a llover.

Por la acera de enfrente viene un grupo hablando y riendo. Uno está contando que es un desastre, que no es capaz de no llegar tarde a ninguna cita. Se alejan lanzándose puyas cariñosas unos a otras.

Paso cerca de El Círculo de Bellas Artes, pero está cerrado, así que sigo andando.

Cruzo el puente y subo a la oficina, y voy directo al despacho del supervisor.

Después de estar hablando un rato me dice que, si tanto insisto, puede darme un despacho y sacarme de la calle, pero que terminaré arrepentido, porque me voy a aburrir.

Me dice que le recuerdo mucho a 5 (el de Umbrella Academy, y nos vamos hacia el despacho que me ha asignado.

Mientras vamos, veo que soy 5.

Cuando entro en el pequeño cuartucho y me siento delante de mi nuevo ordenador, veo que la pantalla solo muestra “un antivirus”, y no puedo hacer nada.

Me resigno a estar de brazos cruzados y empiezo a pasar la vista por la sala. Todo el mundo está haciendo algo menos yo.

Me pongo a hablar con 37, y me dice que el pie de la sombrilla era para casa, para poder poner bien la pizarra para las presentaciones.

Luego empiezo a correr por el césped y le hago un placaje al administrativo.

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Estoy pintando de rojo un gran trozo de acera con una brocha gorda (de las de pegar carteles en las paredes).

Cuando termino, me doy cuenta de que el socavón ha dejado a la vista todo el piso inferior, el mismo que habían clausurado.

Me pongo junto al borde y veo todo el enorme salón de gala lleno de mesas preparadas para una cena fastuosa.

Me fascina esa enorme cápsula del tiempo inintencionada.

Me pongo de cuclillas y miro mejor la escena.

Los manteles blancos, los platos, los centros de flores... todo con una generosa capa de polvo.

Me bajo y subo al techo derruido que ahora hace de mirador, y me pongo a hacerle fotos.

El flash llena la estancia una y otra vez.

En uno de los disparos veo unos puntos que se encienden.

Hay un grupo de personas al fondo.

Paran de hablar cuando notan que son fotografiadas.

Y me miran.