Contra las fronteras.
Anónimo
Texto originalmente publicado en el periódico anarquista El Vindicador, en Diciembre 2025.

Foto: Un oso camina por encima del muro en la frontera de México con EEUU.
Las fronteras son una ficción muy débil, necesitan una gran cantidad de recursos para mantenerse. Desafortunadamente muchos de esos recursos también han sido dirigidos a hacer que las normalicemos y operemos bajo su falsa existencia. Las fronteras encierran – también – nuestras mentes y nos impiden imaginar otros mundos que ya son posibles.
Las fronteras no son capaces de resistir un simple análisis en profundidad, se desmoronan, no soportan el escrutinio. Y en todo el mundo hay personas poniéndolas en duda constantemente. Estas líneas dibujadas sobre el papel no están para protegernos de nada sino para servir a los estados-nación, protegiendo todos los activos que consideran suyos, incluides nosotres. La homogeneización que fuerzan sobre un territorio es la base de su existencia, pero también es falsa. El estado español no existiría sin la expulsión de moros y judíos, sin toda esa persecución para imponer una historia y cultura que dicen compartida. Pero la realidad es que en el territorio español no existe una sola lengua y/o cultura, hay muchas, y tampoco las fronteras de esas lenguas resistirían un análisis en profundidad donde se definieran los límites de otra nación, porque los pueblos no tienen fronteras y la cultura se mezcla y difumina sin fin, la mera existencia de lo txarnego en Catalunya es una muestra de esta difusión. El pueblo mapuche es un ejemplo viviente que pone en evidencia con su simple existencia la falsedad de las fronteras, gracias a su organización más anárquica resistieron el embiste español y su intento de homogeneización. Donde otros pueblos organizados bajo jerarquías más estrictas cayeron, les mapuche lograron prevalecer. Su amenaza es tal que los estados chileno y argentino necesitaron de una gran cantidad de recursos y represión para intentar “pacificarlos y cristianizarlos”, pero esas comunidades siguen aquí pese a los intentos de TODOS los gobiernos chilenos y argentinos de aplastarlos. Hoy día el complejo de inferioridad de los estados es tan débil, sus fronteras son tan de barro, que tienen que aplicar leyes antiterroristas a les representantes mapuches que llevan la lucha hasta sus tambaleantes cimientos. Las fronteras no solo definen estados-nación, las hemos interiorizado tanto que también sirven para dividirnos y jerarquizarnos de muchas maneras sin que pensemos demasiado en ello. Pero todo esto también es frágil si de nuevo, y ahora literalmente, aplicamos la lupa. Un ejemplo muy gráfico y perfecto del absurdo intento de las fronteras por encerrarnos es algo que experimentó Lewis Fry Richardson, un meteorólogo y matemático que, buscando las causas de las guerras y las condiciones para la paz, descubrió que no existían cifras que pudieran definir la extensión real de las fronteras: Cuanta más precisión empleaba en medir las líneas de las fronteras, más complejas se volvían. Algo que se conoce como el efecto Richardson. En lugar de definir un orden y precisión, un examen minucioso solo muestra más detalle, más información y más diversidad. El efecto Richardson abarca todo, también la biología. Por ejemplo, y como escribió Lynn Margulis, el individuo humano es “una especie de edificio barroco” formado por bacterias que se fusionan y mutan entre si cada cierto tiempo. Ni siquiera la supuesta superioridad humana supera el escrutinio, hasta un 50% del genoma humano consiste en secuencias de ADN integradas en él por otros organismos en varios momentos de nuestra evolución. “Nuestro fuerte sentido de la diferencia con respecto a cualquier otra forma de vida, nuestro sentido de la superioridad de la especie, es un delirio de grandeza”, escribió Margulis. Otra frontera destrozada, la frontera de la especie. Fronteras dentro de fronteras, como las que encierran a les demás animales en granjas y mataderos. Negando la autonomía corporal, la libertad de movimiento que se nos niega también a les animales humanes, pero de una manera mucho más violenta y brutal. Y aún así, hay personas que pulverizan estas fronteras crueles y liberan a sus recluses. Porque ninguna barrera, sea ficticia o sea real como la de los muros de los mataderos y granjas, es más importante que la libertad de les individues. Les animales humanes y no humanes que viven en la naturaleza no entienden de fronteras y lo demuestran continuamente saltándose cualquier línea imaginaria. Aún así viven en sus propias carnes las redes de pesca, los muros anti-inmigración o las máquinas talando el bosque que les protege para plantaciones de monocultivo. Porque por si a estas alturas no nos hemos dado cuenta, a las instituciones que controlan este planeta no les importan las fronteras, no están hechas para ellas ya que pueden hacer y deshacer mediante guerras, acuerdos y leyes, nuevas líneas imaginarias para sus negocios y beneficios. Somos los pueblos, las comunidades humanas y no humanas quienes las sufrimos. Pero ya es hora de tomarlas como lo que son: cuentos y leyendas que nos cuentan para atemorizarnos y encerrarnos. Para atarnos en corto. La realidad es diversa, extraña, hermosa y salvaje. Y no se puede contener.
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