Travesía Tilcara – Calilegua
De la Puna a las Yungas en solitario y en autosuficiencia.
En Mayo de 2026 realicé la travesía de Tilcara a Calilegua. Me habían avisado: “El norte argentino es especial, te va a atrapar y te va a hechizar.” Lo que no sabía es que iba a volver enamorado por completo de esta experiencia.

Llevaba un año residiendo en Buenos Aires, hacía dos meses que había conseguido traer todo mi equipamiento desde Barcelona. Esta iba a ser mi primera salida de varios días, y en solitario, en el país. La travesía de Tilcara a Calilegua llevaba tiempo en mi lista, al menos desde que supe que iba a vivir en Argentina y me puse a escudriñar el mapa de arriba a abajo.
Pero antes de lanzarme a caminar, las dimensiones y distancias de Argentina requerían unos buenos preparativos.
Ficha Técnica, Preparativos y Logística.
Abrir una hoja de cálculo es lo primero que hago cuando aparece una nueva ruta que me gustaría hacer. Ahí añado algunas características rápidas (lugar, km, desnivel, días, etc), así que cuando llega el momento de prepararse lo que hago es abrir este documento y empezar a expandirlo.
Al finalizar lo que tengo es la logística general del trekking. El planning diario, los números de teléfonos importantes, permisos si fuera necesario, reservas, transfers, previsión de tiempo, comidas y anotaciones varias.
Con eso claro, llega el momento de Gaia Maps. Aquí voy a cargar la ruta y añadirle toda la información disponible que pueda agrupar previamente: Pasos de montaña, puntos de agua (pocos en esta ruta), apachetas, refugios, cruces, hitos característicos. Una vez conforme descargo la ruta en la app para que esté disponible offline, la exporto a otras apps como backup y además imprimo un mapa para cada día por si lo electrónico falla.

Después paso a planificar mis comidas, voy en autosuficiencia, no iba a comer en los refugios así que una ruta exigente como esta requería pararse un momento a calcular las calorías y proteínas aproximadas que necesitaría cubrir por día. Eso son desayunos, comida de marcha y cenas. Como no, tengo otra hoja de calculo para eso.

La ruta y el plan de comidas está fijado, ahora me concentro en la vestimenta y el equipo que voy a llevar, para ello consulto la previsión del tiempo, temperaturas previstas y en otra hoja de cálculo lo distribuyo en categorías (Ropa, Accesorios, Campamento, Higiene, Cocina y Extras).
Cuando salgo a hacer senderismo intento ceñirme al máximo posible a la filosofía ultra liviana. Esto no es una obsesión o una moda, no me vuelvo loco con los pesos pero ir ligero hace que disfrute mucho más de la montaña y llevar lo necesario hace que me concentre mucho más en las decisiones que tomo. Así es como quedó la mochila para esta salida, con un peso base de 5,8kg que me cubría un gran rango de temperaturas:

Ahora sí, sobre el papel estaba todo listo.
Tilcara-Calilegua tiene la particularidad de subir mucho el primer día (a 4150 msnm), tuve el privilegio de escaparme más días para poder hacer una buena aclimatación y disfrutar mejor la montaña, así quedó el itinerario:
La experiencia.
Día 1
El taxi me dejó un poco más arriba de Casa Colorada, una hora de trayecto de ripio en bastante mal estado, en plena oscuridad. A las 7:00 empecé a caminar sintiendo el peso de la mochila por primera vez, la ansiedad por empezar se va diluyendo en cada paso. La subida es pronunciada, atrás queda Tilcara cubierta por nubes mientras amanece, el silencio lo inunda todo. Levanté la cabeza y ví una figura negra y peluda bastante más arriba, me pareció muy grande para ser un perro, pronto desapareció por una cornisa. Llegué bastante rápido al Puente de las Gárgolas y aproveché para cargar agua. En esta ruta voy a aprovechar todos los puntos de agua, que son muy escasos. Llego al Abra de la Cruz, donde escribo esto, a 4160 msnm, nunca en mi vida estuve tan alto, me adapto bien, supongo que la aclimatación ha servido. Me gusta la sensación de falta de aire, me acompañan un montón de guanacos y burritos. No me he cruzado con nadie hasta ahora, la sensación de estar lejos de todo es única, pero tengo que seguir porque el viento está soplando cada vez más fuerte.



Empecé a descender hacia YutoPampa, el primer refugio, y todo se tapó por completo. Me envolvió el blanco absoluto. Para más emoción, empezó a nevar. Me preocupaba la bajada de temperatura, la previsión que yo tenía anotada cambió por completo ayer y quizás no llevé la bolsa de dormir adecuada. La refugiera se ha negado por completo a que arme la carpa y me ofrece una cama en la habitación de los guías. Yo creo que podría haber pasado la noche en la carpa, quizás no muy cómodo, pero acepto. Ya he cenado y me dispongo a dormir, el frío es intenso y la nieve no cesa. Le he pedido la previsión a mi dispositivo satelital y parece que estará nevando hasta las 2 de la madrugada y a las 4 se despejará, pero llegaremos a los -7 grados. Suerte de la refugiera.
El primer día siempre tiene esa sensación extraña, es sobretodo mental, mi cabeza sabe que queda mucho por delante y se pregunta que carajo hago aquí con este frío.



Día 2
Desperté después de una noche realmente fría, al salir estaba todo nevado, ¡una estampa hermosa!. Como me gusta amanecer en las montañas. Se te van todas las dudas. Y es siempre el mejor café del mundo. Por la noche fui al baño a las 4 y efectivamente estaba despejado, así que el cielo me regaló un manto estrellado como jamás había visto, hasta con el teléfono se veía la Via Láctea!
Me perdí el famoso mar de nubes de YutoPampa pero a cambio se me ha regalado un paisaje de Puna nevado. Este segundo día lo estoy disfrutando más, creo que ya se me ha escapado algún grito de emoción en algún mirador. Es curioso lo que pasa con los paisajes nevados, de repente eres consciente de un montón de vida que antes no lograbas ver, como las pisadas en la nieve de los diversos animales, o el ruido que hace la nieve al caer de una rama que acaba de mover un pájaro.



En el paso de montaña, a unos 3500 msnm, nos juntamos las 9 personas que coincidimos en la ruta, me sigue alucinando que solo 9 personas estén haciendo esta ruta espectacular en estos días. Comemos juntes, charlamos y partimos cada una a su ritmo. Estoy feliz, de camino a Molulo creo que lloré dos veces.



Me perdí cuando estaba llegando y no vi el desvió al refugio así que tuve que añadir unos metros más a este día ya de por sí cansador. La verdad es que creo que podría dormir en cualqueir lugar, pero quise aportar económicamente a los refugios aunque sea con el espacio de la carpa.
Comparto refugio con la guía de Salta, María, y sus dos clientes de Mendoza, muy buena onda. María está sorprendia con la velocidad a la que camino y con el hecho de que vaya solo. Mientras armaba la carpa estuve hablando con un arriero que vive más arriba, me contó una historia sobre un pájaro que cuando canta tiene llanto de bebé y como eso les da terror aún sabiéndolo, mierda, no recuerdo el nombre del pájaro. Todas las historias que me cuentan los arrieros, las refugieras o las gentes de por acá están profundamente entrelazadas con la naturaleza, con los fenómenos climáticos, los animales. Son vidas duras pero muy bellas a mi modo de ver, fluyen con el tiempo y el espacio.
El cansancio me pegó, le estoy pillando asco a mi comida liofilizada. Mejor me voy a dormir.
Día 3
No dormí mucho, nunca lo hago en carpa. Estuve protegido toda la noche por los 4 0 5 perros de la zona, durmieron todos alrededor de mi carpa, pero claro, con cada ruído salían corriendo a ladrar y yo sobresaltado. Eso sí, nunca me sentí más protegido!
Hoy fue el día más largo, casi 20 km de puro descenso hacia las Yungas. El paisaje empezó a cambiar, en una zona pude ver como la tierra se volvía roja en una línea perfecta. Ya hubo árboles y la humedad empezó a notarse con fuerza, también el calor. Fue otro día hermoso de sol, la verdad que solo nevó la primera noche pero el resto fue puro sol. Tan solo me crucé con algunos arrieros y ya estoy acostumbrándome al camino, lo sé porque me encuentro cantando muchas veces en voz alta sin darme cuenta.
Llegué a las 14:00 al refugio, monté la carpa y me relajé con los animalitos de acá, una tarde preciosa rodeado de verde. Estuve charlando con la pareja mayor. Vaya fenómenos, ojalá estar así a esa edad y caminar con la vitalidad que caminan.






Llegó un grupo grande que se había quedado un día extra en un refugio por unas fuertes lluvias que hubieron ayer en esta zona. Son muchos y muy ruidosos, poco respeto por la demás gente que estamos aquí. Copan todo el espacio, te mueven las cosas. Ah, que fácil le arruinan a uno la tarde, pero que se le va a hacer.
Día 4
Desayuné solo, tranquilo, hasta que el grupo se levantó (y despertó a todo el mundo). Por suerte se fueron rápido. Hoy volví a dormir poco, estaba cansado y cómodo pero dos de los arrieros jóvenes, estaban de charla bastante alcoholizados y bueno, los tenía cerca de la carpa. Parece que había un desamor por ahí, jaja!
Salí temprano, las yungas ya lo invadían todo, al cuarto día ya siento que puedo seguir por días sin problemas. Me alegra haber aguantado bien física y mentalmente.
Llegué al río sobre la 13h, sabía que era casi el final de la ruta y me invadió una sensación de euforia increíble, mucha felicidad por haber completado la ruta en buena forma y sin problemas. Estuve a punto de lanzarme al río para celebrar, pero llevaba bastante corriente y no quería terminar ahogado después de tan lindos días, ¡ja!
Me cargué la mochila y empecé lo que fueron, física y mentalmente, los 45 minutos de subida más dura de toda la ruta, mi cuerpo ya había completado la ruta y estaba de fiesta, alucinando con esa insufrible pendiente en medio de un calor y humedad intensos.






Llegué al kiosko de Peña Alta donde pasó a buscarme mi transfer para ir a San Salvador de Jujuy. Casi 5 horas en auto con una pareja muy simpática que me contó muchas historias sobre el parque nacional de Calilegua y sobre la zona. Me desplomé en el hotel, cansadísimo, saldré a cenar y a tomarme una birra para celebrarlo.
¡Qué gran idea fue animarme a hacer esto! ¡Aguante el norte argentino!
Escrito por Germán Torres
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